Miguelito, el alma boba del pueblo. Lo único que hace alusión a su apodo es su torpeza, nada tiene de bobo más que el andar. "El anzuelo para aquellos que buscan el octavo color del cerro": el anzuelo tiene que estar preparado para captar a los peces, se tiene que usar con agilidad y rapidez, no es para cualquiera que no esté capacitado. Y Miguelito lo estuvo. El anzuelo anuncia un final trágico para el pez, y así debería ser el final de Elisa, el pez pescado.
Es posible que Martín haya sido el pacifista que devolvió al pez a su hábitat, al agua. Pero un pacifista no conoce el peligro de la especie sin informarse sobre su situación o sin alguien que lo alerte. La segunda parece más convencional. Martín hizo la suya y luego se volvió la cara visible del héroe ¿pero es él realmente quien salva al pez, quien no puede respirar? No lo veo así. Abel, el del ojo izquierdo que todo ve y todo recuerda, el del sombrero de lana y la picazón en la mano, él es el verdadero héroe, el alerta. Fue él quien se percató de que el anzuelo pronto iba a pescar y que los pescadores lo único que querían era vender la mercancía y hacer plata con ella.
"El diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo" escuché que decían algunos, lo entendí en ese momento y hoy lo vuelvo a resignificar. Abel conocía a Niros, no por nada se le vino el recuerdo a la mente al verlo. Sabía que era el dueño de la pescadería y que nada le importaba la calidad del pez más que hacer plata, lo sabía porque supo que así fue criado aquel nene al que se le reprimieron tantas cosas. Las cosas reprimidas en algún momento explotan y la violencia y secuestro parecieron las únicas formas de explosión posibles para él. El viejo también conocía a Miguelito, quien más que un alma boba era un alma perdida, que nada supo hacer con su vida mas que ganarse unos pesos pescando en Tilcara. Al saber esto, Abel le dio mucha importancia a las acciones de estos dos.
Y Elisa... quien se convierte en víctima. Picó tan fácil el anzuelo como un nene que confía en aquel que le da un caramelo. ¿Tan atractiva le pareció la idea de emborracharse con desconocidos? Parece que lo único que buscaba era llamar la atención de Martín. ¿O picó el anzuelo desde antes? Se podría decir que desde que aceptó alojarse con alguien a quien recién conoce.
Abel fue la rosa inesperada, inesperada porque andá saber vos si Elisa iba a pensar que aquel señor con el que se cruzó al bajar del micro en búsqueda de una nueva vida, sería quien logre que pueda estar en un micro nuevamente (y en uno que tenga el destino que ella eligió). Fue la mano en medio de la caída, pero no tuvo la suficiente fuerza como para echar raíces sobre el cactus, y para eso apareció Martín, el tallo más joven y fuerte que hizo que esa última oportunidad de esperanza que tenía la protagonista, pueda adaptarse a las espinas y así florecer, para dar paso al regreso a su ciudad natal, a la vuelta, al refugio tan odiado y melancólico de su casa.