Viajes desde la mentira
Lanzarote, 19 de octubre, 2024
Ya no tengo dinero para seguir con la psicóloga. Poco a poco, dinero, a la par del interés por los proyectos, se deshizo. No distingo noche del día. No sé si no poder salir de la cama ha sido antes o, tal vez, después de perder las ganas de caminar.
Para caminar hay que salir fuera, mirar a los ojos de la gente. ¿Cómo se puede mirar a los ojos de otros si ya sabes que no se puede confiar en nadie, que cualquiera vive sólo para engañarte?
La psicóloga, una y otra y tercera, me contó la misma historia sobre mí. Yo era la elegida. La que tiene todo: posición social, belleza, sensibilidad, un trabajo interesante. Son recursos muy cotizados, dicen, para los que cazan y curvan a las mujeres. El ardor me ha cazado y disecado. Yo para él era eso: una pieza del teatro creada para ocultar lo que era su vida real.
No hacía falta que me lo diga la psicóloga. De alguna manera lo he sentido desde la primera noche. Si he seguido este juego es porque me hizo creer que sólo yo puedo sacarle del inframundo que habéis creado.
Pero el juego no funcionó, repetían psicólogas, y no era por darle menos de lo que necesitaba. Cualquier amor era una futilidad frente al vacío de su alma que ha forjado con la sombra y sus cochinitas. Para ellos no hay amor, no sienten nada y no pueden responder con querer. Por eso usan tanto esta palabra mientras dan golpes una y otra vez. Para ellos el juego es este: matar el amor.













