(9b) Dahlmasca - Miresh - Maltharion
Ahora había que actuar rápido. Aunque la niebla era densa no había viento y el aleteo de las fuertes alas de la bestia podían haber levantado las sospechas de los vigías. Miresh saltó de las ramas, sin hacer el menor ruido y al llegar al lado de Dahlmasca sonrió, señalando que era la hora de contentar a su dios.
Dahlmasca respiró un tanto agitada por la invocación, que ha requerido parte de sus energías, pero no mostró debilidad alguna más que el aliento levemente entrecortado. Desenfundó de los muslos un sai en cada mano, dispuesta igual que ellos a sesgar toda vida que se cruzara en su camino y no tenga su piel tintada de blanco como ellos tenían. Valkäas situado ya en el centro del campamento, deja escapar de sus fauces un sonoro alarido que da la alarma, y pone la distracción en juego, comenzando así su propia carnicería.
Los elfos del campamento los recibieron con estupor, sin aguardar semejante ataque. Quizá se sobrecogieron aún más por la aparición de la criatura de las sombras, y eso fue lo que les dio la ventaja de la sorpresa. Maltharion se ensañó con el primer elfo enemigo que encontró a su paso, descargando sus hachas veloces sobre su cuerpo. No sería fácil. El enemigo era hábil y si bien él arremetió otro elfo enemigo se le lanzó por la espalda.
La reina se deslizó entre la bruma, rápida y letal ¿Su objetivo? evitar que alguien eludiera el enfrentamiento y diese la voz de alarma. Debían derrotar a estas huestes, sin que ningún soldado a caballo pudiese dar la alarma al campamento base. Aun así cuando tenía a alguien sobre su punto de mira, hacía que la flecha volase, letal hacia el objetivo, dando un golpe certero y limpio, algunas veces, fatal. Durante un momento Dahlmasca contempló a Miresh, sumida ya en su propósito y disparando una saeta tras otra que sin duda impacta en el cuerpo de los enemigos, no obstante no se detuvo a verlo sino que se movió. Ninguno de ellos debe lograr llegar a una montura y escapar para dar la voz o estarían perdidos, y aunque la criatura sea de gran ayuda, tenían que cumplir su parte o no resultaría. Eran numerosos para una sola bestia pero la elfa no pudo comprometerse a invocar una segunda. No debía arriesgar la vida de dos criaturas de sombra, ni tampoco llegar al punto de desfallecer por ello. En silencio, se adentró con el acero a media altura para toparse enseguida con su primer contrincante, que prácticamente no la distingue y cuando lo hace, la punta de su arma sujeta en la diestra ha penetrado ya la piel de su garganta para silenciarle. Se llevó el índice de la otra mano a los labios mientras lo observó caer de rodillas y su sangre resbala por el filo del arma.– Shhht...
El primer enemigo que arremetía contra Maltharion dio por el suelo, sin vida. El segundo, que llegaba por la espalda recibió el mismo tratamiento, aunque ésta vez, el elfo esquivaba un hachazo sobre su cabeza de su atacante y esto lo había hecho trastabillar, sin perder el equilibrio. Pero fue suficiente para que el elfo oscuro debiera sostenerse contra el tronco de un árbol para poder cercenar una pierna de su enemigo con un movimiento rápido. Escuchaba los gritos y los aullidos, ya varios más se le acercaban para matarlo.
Mientras la reina disparaba en la sien a uno de los soldados que intentaba escapar, notó un fuerte y punzante dolor en la pierna y se giró para ver cómo uno de los soldados había disparado su ballesta contra ella. Sabía que solo por ir de blanco la había confundidos, sino seguramente había sido en el corazón. No le dio tiempo a una segunda oportunidad. Miresh cargó el arco y hundió la saeta en su cráneo. Lo malo es que ahora la sangre que resbalaba por la pierna de la reina la delataba. Volvió a subir a un árbol y desde ahí continuó atenta. Evitando que escapasen.
Dahlmasca giró a un lado y a otro, como si realmente fuera lo que ellos creen ver, un demonio de la nieve salido de sus pesadillas, un espíritu vengativo salido de sus pasados y memorias. Esquivando golpes, hachas, dagas y espadas no sin dificultad, pero el atuendo y la niebla la ocultaban casi por completo y la protegían. No obstante, para su desdicha, Valkäas estaba siendo atacada por un grupo numeroso y algunas de sus lanzas lograron desgarrarle la dura piel, y su dolor, el dolor de la criatura invocada, era el de la elfa. Sintió cada punzada lacerante en su propia carne aunque la tuviera intacta, mientras la bestia aletea y arremete contra los elfos. Con una mueca y un quejido Dahlmasca logró terminar con el rival que la mantenía ocupada antes de golpear con una rodilla el suelo. El dolor ahora es intenso y las fuerzas le flaquean por un momento.
La situación estaba tornándose peligrosa. Eran demasiados para ellos tres y la bestia, por más enorme y agresiva que fuera. Pero en ese momento, desde el otro lado de la espesura del bosque, un grupo de elfos de Maltharion hicieron su aparición, ensartando con flechas y hundiendo sus hachas en los enemigos. Varios de los elfos que habían atacado a la bestia de Dahlmasca, ahora yacían muertos, traspasados por una innumerable cantidad de flechas. Eso era un respiro! Maltharion fue inmovilizado por dos elfos, uno de los cuales recibió una patada para lanzarlo al suelo. El otro le había arrebatado una de sus hachas.
¿Y Ahora que? Pensó la reina. Ayudar a Dahlmasca o a Maltharion? ¿Cuál de los dos corría más peligro? Olvidando el dolor, bajó del árbol y disparó a uno de los soldados que tiene al líder de los elfos, creando una distracción y esperando que la aprovechase, por su bien. Corrió, cojeando aun por la herida hacia su aliada y tiró de ella para que la siquiera y se pusiera a cubierto. Sabiendo que podría caer inconsciente, como ya en el pasado le dijo - Vamos Dahl, te prefiero a ti a una de tus bestias.
La elfa se esforzó por contener varios alaridos de dolor, mientras que la criatura sí que brama, llena de ira y cólera, arremetiendo con sus garras y fauces a todo aquel que intenta darle muerte. Por fortuna para las dos, una lluvia de flechas salida de la espesa bruma acaba con la gran mayoría de enemigos que por poco la derriban, y la misma criatura termina sesgando la vida de los pocos que quedan en pie frente a ella con sus lanzas en alto, antes de que puedan pedir ayuda. Dahlmasca se tensó al ver aparecer una figura ante ella, alzando uno de los sais para defenderse, pero al ver que se trataba de Miresh se puso en pie con su ayuda, reparando en la herida sangrante de su pierna.– ¡Valkäas! –Exclamó esperando que la bestia de sombra la oiga por encima del resto de voces y fuera hacia ellas.
El elfo enemigo le cayó encima a Maltharion, abatido por una flecha que en aquel momento no supo precisar la procedencia. Bien podía haber llegado de cualquier lugar. Al cabo, no importaba. Lo hizo rodar hacia un costado y tomando sus hachas y recobrando el aliento, fijó su vista en la bestia, que aún luchaba contra algunos otros elfos, aullando ferozmente. En el fragor de la batalla, olvidó por un momento a las mujeres y se lanzó sobre lo primero que vio, presa de su ira. Así fue en ayuda de criatura, que estaba herida*
Miresh escuchó una flecha cortando el aire y jaló a un lado a Dahlmasca para evitar que le diese, aunque por desgracia su pierna herida falla por el peso del cuerpo y cae al suelo. La elfa oscura sólo pudo ver cómo los pasos de un elfo del enemigo se acerca a ella y tuvo suerte de rodar por el suelo antes de que éste descargara su espadón donde antes se encontraba la reina. Se llevó la mano al carcaj, pero por desgracia debido a la caída, las flechas habían rodado por el suelo.
El resto de los compañeros del señor de Kel’Theril ayudaban a deshacerse de los enemigos que aún acosaban a la bestia de Dahlmasca, así que Maltharion se giró rápidamente, ahora buscando a las elfas. En un rápido y primer vistazo, no las encontró y eso lo hizo inquietarse.
–¡¡¡Miresh!!! –Gritó.– ¡¡¡Dahl!!! –«¿¡Dónde están!?» se preguntó sin dejar de buscarlas con la mirada.–
Dahlmasca perdió el equilibrio durante un instante cuando Miresh le dio un empellón para evitar que salga herida, posiblemente de manera mortal. Trastabilló varios pasos hasta lograr recuperarse y voltear hacia a ella, que había quedado tendida en el suelo y rodando para evitar al enemigo. Jadeante por el ejercicio se acerca tan rápido como puede al ver que la elfa no disponía de sus flechas y al haberse movido no pudo darles alcance con el tiempo suficiente. Con todas sus fuerzas, Dahlmasca le asestó al guerrero un puntapié que logra al menos hacer que se gire y desviar su atención de Miresh. No sin gracilidad, dio medio giro y con un movimiento circular esquivó la estocada para con la otra mano impulsar su sai entre las costillas del atacante. Es entonces cuando Valkäas descendió hasta ellas, defendiendo sus espaldas a pesar de que dicha criatura está bastante malherida.














