Sobrevivir a un accidente, a sus heridas (no sólo físicas), y atestiguarlo en un relato, que según sus palabras se asemeja más al non fiction que a la novela, dio origen al primer título de la narradora Cecilia Fanti: “La chica del milagro” (Rosa Iceberg Editora).
Después de publicar en las antologías Felices Juntos, y El tiempo fue hecho para ser desperdiciado, esta escritora y licenciada en letras llega con su primer libro de la mano de una editorial independiente, también reciente.
- ¿Qué es lo que más disfrutás hacer en tu tiempo libre?
-La respuesta es un poco predecible, pero mi actividad favorita es leer. También cocino, bordo a veces y duermo siestas con Netflix de fondo.
“No encuentro mayor satisfacción que cuando puedo salir del trabajo, volver a mi casa, sacarme las zapatillas y ponerme a leer”, confiesa Fanti, quien no sólo trabaja generando contenidos online para Penguin Random House, sino que además escribe para diferentes publicaciones literarias, es correctora y una promotora activa de la literatura alternativa local.
- ¿Cómo es tu vínculo con la literatura?
- Vital. Y por eso mismo es un tanto arrolladora. Lo vivo con bastante intensidad y creo que, en parte, es porque siempre tengo una cuota extra de entusiasmo, entonces TODO es literatura, la literatura está en todo, lo atraviesa, lo miro, voy y vengo con miles de libros, recomiendo, grito, lloro, a veces odio.
Al mismo tiempo es un soporte, en el sentido de que hay algo de la herramienta que viene con ella que está ahí para ayudarte a pensar en tu propia escritura, en tus relaciones, en tus decisiones.
A veces, incluso es profundamente problemático para mí, porque es mi profesión y trabajo en un lugar donde hay muchos cruces, donde todos los meses salen muchísimos libros de distintas temáticas, de distintos autores, estilos y donde, además, hay un mercado que demanda más un tipo de libros que otros. Frente a eso, trato de resolverlo dejando mi vínculo con la literatura más vital por fuera de la rutina diaria y laboral.
- La chica del milagro es tu primer título ¿Cómo incidió una vivencia personal en el relato?
- La vivencia es la fuente principal del libro. No sólo con el trabajo con documentos objetivos como mi historia clínica sino del trabajo documental que hice del accidente, una necesidad casi desesperante de no querer olvidar nada, de tener todo presente; pero también está la operación que hace la memoria sobre un hecho de ese tipo, al que después se le suma el artificio de la escritura. También el que hayan pasado casi cinco años me ayudó a ganar en objetividad, a reelaborar la idea principal de registro en formato diarios, a revisar y reescribir los textos más viejos, a pensar un orden, a descartar mucho de lo escrito. Creo que finalmente el La chica... está más cerca de ser un libro de non-fiction que una novela.
- ¿Cómo se desarrolló el proceso creativo?
- Fue un proceso de muchos años. Cuando empecé a escribir, apenas había salido del sanatorio, había algo de conjuro y de catarsis en esa escritura. También una necesidad de abarcarlo todo en unas pocas páginas, como si arrumbara información. Después, progresivamente fui encontrando una necesidad cada vez más grande de trabajar en los detalles, en esos destellos que cada tanto aparecía de lo que había pasado.
Finalmente estuvo el momento más collage de ir convirtiendo esa reconstrucción del accidente, su historia y consecuencias, el suspenso y la necesidad de contar esta historia en un libro. Todo esto también me llevó a buscar lecturas alrededor de la temática, del mundo de los enfermos y sus voces: Sontag, Didion, Wolf, algunas cosas de Sylvia Molloy.
- Rosa Iceberg edita La chica… ¿Creés que se viene un año intenso para los sellos independientes que están en crecimiento?
- Sí, y creo que también es algo que pasa todos los años. Desde que empezaron a emerger, el segmento "editoriales independientes" tiene un crecimiento sostenido en cantidad, y en este caso en particular creo que han sostenido la calidad literaria de sus catálogos. Me refiero tanto en los nuevos nombres que aparecen cada año sino también en los catálogos que crecieron muchísimo en diversidad. Digo, me parece fascinante que las editoriales independientes reediten clásicos de Lugones y Sara Gallardo y que, a su vez, sigan buscando las nuevas voces que las posicionaron, en su momento, como las nuevas abanderadas del nicho. Qué se yo, siento una satisfacción muy grande cuando salen sellos nuevos, cuando los libros son buenos y las ediciones, cuidadas.
Es muchísimo el esfuerzo que hacen los editores independientes para llevar adelante sus proyectos y creo que rinde sus frutos.
- Por último, ¿Cuál fue el último libro que leíste y más te gustó?
- Es una difícil, pero me voy a jugar por Estanque de Claire-Louise Bennet, que además tiene una traducción genial de Laura Wittner. Los relatos son sublimes: el universo, el ritmo, la mirada, la desgracia, lo sórdido, lo vulgar y doméstico. Son como una sucesión de combinaciones libres que lo vuelven adictivo.