Llego la noche y solo me hicieron compañía tus dulces recuerdos.
Estando a solas me confesé con la luna, le hable de lo que me hacen sentir tus ojos al mirarme, lo que ni pensamiento atina a pensar de lo que opinas de mi, de aquella morada que compartimos en algún tiempo, de los besos que nos dimos, de las locuras que hicimos, de las entregas de amor, de lo cotidiano de la vida que compartimos, del adiós, de la ausencia, de las lágrimas...
El pasado deja huellas, marcas, nos graba el corazón y el alma. Pero así son las cosas. Todo es un continuo camino por el que hay que avanzar, incluso si el amor de tu vida se va, se aleja.
Leregi Renga










