No sé que somos, pero me gusta.
Somos dos galaxias en colisión, formando una nebulosa de sensaciones, polos puestos en constante atracción, dos mentes serenas con pensamientos lascivos, libertad de expresiones con sentimientos prohibidos, distintas melodías, pero en la misma armonía.
Él es verano ardiente, mientras yo soy invierno inerte, él es la alborada del amanecer, yo el ocaso del anochecer y mientras él es un corazón coraza yo soy un poema 20.
Tenemos una relación bonita, que no da paz, pero tampoco te la quita, porque es tan ligera que nada lo complica, porque no mira al futuro, pero el pasado es una gran historia, porque no un crimen, pero sabe gloria, porque no es suspicaz aunque en ocasiones siente celos, porque no es cobarde, aunque a veces tiene miedos, porque no va despacio, pero tampoco con prisa, porque le gusta el viento violento, pero disfruta la suave brisa.
Somos algo donde nadie reclama, donde nadie daña, donde no se miente, porque no hace falta, porque no hay culpables o inocentes. Algo donde no hay ganadores, mucho menos perdedores, un intercambio de momentos flotando en la libertad y un elixir de deleite ingerido sin piedad. Somos algo que despierta en la noche y desaparece cuando amanece. Algo honorable, porque no conoce de traiciones, una apuesta ganadora, porque no hay lados ni opciones.
Tenemos un pacto con las miradas aunque con los labios no nos decimos nada, no existe un juramento verbal tan solo una promesa emocional, quizá no estamos unidos por la eternidad, pero disfrutamos del presente y más. No se trata de sexo, tampoco de sentimientos, solo es algo mutuo que se extiende con el tiempo. Sin fecha de caducidad, pero sin garantías de que vaya a durar.
Somos dos mundos opuestos que buscamos algo en común, aprovechar el tiempo, ofrecernos los mejores momentos, hacer el amor bajo la brisa del viento y saborear esa droga peligrosa a la que muchos llaman correr el riesgo.
Estamos en medio de un sentimiento sin nombre, que dice muchas cosas, pero oculta verdades peligrosas, que no cruza la línea, porque nunca existió ninguna.
No sé exactamente que somos, pero confieso que me gusta, porque lo tenemos todo sin necesidad de apostar nada, porque no decimos te quiero, pero con el pensamiento recorremos hasta el infierno si alguno de los dos está en riesgo.
No sé qué somos, pero me gusta, me gusta, porque nunca me ha mentido, porque nunca ha dicho te quiero sin sentirlo, porque jamás me ha confundido, no es mi novio, pero tampoco un simple amigo. Esto me gusta, porque nunca me ha hecho llorar, al contrario tan solo me ha hecho volar, porque no tiene la obligación de darme nada y me ha dado incluso más de lo que yo he podido darme, porque es plenamente libre para posar sus alas sobre cualquier flor, sin embargo elige siempre probar el elixir de una fuerte y solitaria fruta sin sabor, porque no necesita estar al 100 por ciento conmigo para demostrarme que mi ausencia para él es un castigo. Me gusta, porque es mi artesano, algo que no lastima ni hace daño, porque es mi medicina, mi droga ilegal, mi adrenalina, esa cosa que me reanima cuando se me va la vida.
No sé qué somos, pero me gusta, porque sin estar comprometido a quedarse conmigo, ha estado a mi lado en los días grises y soleados, porque adora mi cabello corto, pero lo halaga y disfruta cuando está largo, porque le gusta la calma y elige el desorden de mi alma, porque desea que mis manos siempre estén cálidas, aunque no sean siempre su abrigo, porque le gusta verme sonreír, pero no me suelta cuando me encuentra llorando, porque ama que sea poeta, aunque nunca escriba para él y porque prefiere amarme un solo día sin ataduras en lugar de prometerme una eternidad sin garantías.
No sé que somos, pero me gusta, porque sus manos saben conducirme hasta al paraíso, porque son alfareras del compromiso sin cadenas, porque somos uno solo sin necesidad de partirnos a la mitad, porque su mirada es una promesa efímera que puede durar toda la vida, porque su sonrisa tiene el secreto contra mi depresión, porque sus labios me pertenecen aunque sigan siendo absolutamente suyos, porque la causalidad que nos une es más fuerte que la casualidad que podría separarnos.
Me gusta porque cuando estoy a su lado vuelvo a renacer de mis propias cenizas, porque no es mío, ni soy suya, es más, porque no somos nada y sin embargo somos responsables de concedernos mutuamente momentos inolvidables e incomparables. Me gusta, porque en ocasiones me gusta disfrutar de un buen vino solo con mi soledad y él me permite esa libertad y cuando deseo compañía es la luz que me guía.
No sé que somos, pero me gusta, porque cuando está perdido me busca para perdernos juntos y si ha encontrado el camino quiere que lo acompañe, sea en el lugar correcto o equivocado me elige para tomar mi mano y aunque esté solo a acompañado únicamente de mí se ha encariñado.
No sé que somos, pero me gusta, porque reacomoda las piezas que le faltan a mi rompecabezas y porque junto a él las cosas más simples se convierten en esenciales y las más complicadas se vuelven simples nimiedades. Porque nuestra historia no dice nada, pero somos delatados abiertamente por nuestras miradas, porque no está públicamente en mis pasos importantes, pero deja huellas de gigante, porque desmantela mi cuadro de honor para reemplazarlo con un edén a color, porque debilita mi mente cuando acaricia mi cuerpo y desnuda mi cuerpo cuando aprecias el contenido de mi mente, porque no necesitamos exhibir nada para saber que tenemos lo suficiente, porque no necesitamos aprobación y sin embargo nunca será aceptado por la razón.
No sé qué somos, pero me gusta, porque sin saber que somos, somos más de lo que necesitamos, porque sin estar atados por etiquetas sociales tenemos predilección por esos besos que nuestros labios esconden, porque sin encender ninguna luz al fuego representamos y porque sin presumir un idilio a la pasión honramos.