Mi vida, mi mundo. ¿Y los mundos que desconozco?
Las responsabilidades van aumentando con el paso del tiempo. Las emociones de los otros no nos pertenecen y no nos deberian de afectar. Aunque el concepto es idoneo, llega a ser ambigüo.
Actualmente crecemos sin tener responsabilidades afectivas con vinculos que consideramos transitivos. El sentir del otro no es mi responsabilidad, pero sí mis acciones.
Es mi responsabilidad no actuar de una manera que podra llegar hacer sentir mal al otro. Si al final, por más que nos esforzamos de no cometer acciones erróneas, el dolor ajeno es inevitable. Se habla y se resuelve.
La responsabilidad afectiva es un concepto ignorado por muchos y practicado por pocos. Va desde que paso por la calle y decido responderle la sonrisa al extraño, salidas de solo una noche con alguien, sexo casual, compañeros de trabajo. Hasta mi relación con amigos, hermanos, padres y pareja.
¿Te puedes deslindar de una responsabilidad afectiva? Sí, conversandolo. Pero oh sorpresa, ¿Hablar? ¿Para qué? Si puedo dejar en visto y así demuestro mi desinterés.
Las redes sociales han provocado una carencia de ponernos en los zapatos de los demás. Nos parece sensato escupir opiniones, responder a nuestro tiempo, bloquear y eliminar. Lo cual es sano, pero cuando no hay empatía en el otro, la intercomunicación desaparece y todo se vuelve unilateral.
El tiempo avanza, crecemos, tus interacciones se van forjando, tus amistades se reducen, la relación con tu familia mejora o se destruye.
Ser adulto no es fácil. Vivir no es fácil. Pero tampoco es difícil. La cuestión es comprender que no somos el mundo. Aprender de nosotros, de los demás y enfretarnos a esas conversaciones o momentos que evitamos.
Ser empáticos, compasivos, tener conciencia, recordar que todos los seres humanos sienten y a pesar de desconocer el sentir de alguien, eso no es sinónimo de no estar sintiendo. Si el reino animal y la vegetación sienten. ¿Qué te hace ser tan indiferente con el sentir de uno de tus iguales?
Un lo siento no te hará menos, aunque no desees hacerlo, piensa que la otra persona necesita escuchar eso de ti. Las debilidades no existen, tu ansiedad no es exageración, tus miedos no son irracionales, tu impulsividad es comprensible y tus dudas son válidas.
La gente daña, con o sin intención, lo hacen. La cuestión aquí es aceptar el daño que te han hecho, no lo reprimas, sufrelo, aunque haya sido mísero a los ojos de alguien más, si te duele, llora. Pero recuerda que pasará. Todo pasa, algunas cosas pasan mas rapido que otras. Sin embargo, se sigue viviendo. No mueres.
Te vuelven a dañar y dañas también. Pero ahora sabes como causar un dolor fugaz. La paz de la palabras son la clave de la sana convivencia. O en estos tiempos modernos el responder un mensaje incomodo, es lo que te hará sobresalir. Responde. Porque después de un tiempo incluso querrás dar respuestas de lo que te han preguntado, pero ya será tarde. No busques dañarte o autosabotearte, cuando puedes remediar todo en el instante.
Crecer aprendiendo a no dañar, aunque sea a alguien que para ti es insignificante, la responsabilidad afectiva la tienes. Crece siendo un humano que merece estar aquí. Que no ignore que fuera de su cabeza y mundo, existen 7 mil millones de cabezas más.













