Nosotros, los ahogados (Carsten Jensen)
Siempre he acostumbrado decir que soy más de leer un libro sólo una vez habida cuenta de que existen demasiados libros y tan poco tiempo. Es una máxima que he seguido al pie de la letra con muy pocas excepciones que pueden contarse con los dedos de una mano. Y he aquí que llego a este Nosotros, los ahogados, un volumen en torno a las setecientas páginas, y a lo largo de este periplo de varios meses en los que me ha acompañado he llegado a la conclusión de que volveré a sus páginas. Y es que este libro ha conseguido emocionarme hasta ese punto que no creía posible para un libro.
Nosotros, los ahogados, de Carsten Jensen, es, si he de hacer caso a crítica y público, el libro más importante surgido en Dinamarca en los últimos veinticinco años, y todo un súperventas (en torno a más de medio millón de ejemplares vendidos en todo el mundo, que se dice rápido), al que le acompaña el honor de haber recibido el premio más prestigioso de ese país, el Danske Banks Litteraturpris.
Hechas ya las presentaciones, ¿de qué va esta novela?
En ella, Jensen se inspira en la historia de Marstal, una pequeña población costera danesa que se erigió como un importante centro de construcción naval, situada en la isla homónima, una de las muchas que componen Dinamarca, entre 1848 y 1945, para narrar las vidas de distintas personas relacionadas con el mar a lo largo de varias generaciones.
Diré que Nosotros, los ahogados ha sido una lectura intensa para mí, sobre todo desde un punto de vista emocional. En efecto, el título ya nos previene sobre el hecho de que no será una lectura amable, y aunque también es cierto que contiene numerosos elementos simpáticos y que un humor peculiar salpica sus páginas, no lo es menos que la novela se antoja dura, casi tanto como las gentes que pueblan ese microuniverso que es Marstal, hombres y mujeres que miran al mar en su día a día. Precisamente uno de los elementos más interesantes es la contraposición entre géneros: Por un lado el hombre, que se gana su jornal en el mar, ya sea pescando, ya sea enrolado en un barco mercante, y por otro el de la mujer, enfrentada al hecho de tener que sacar adelante a su familia en ausencia del marido. Sin embargo, y a pesar de que una de las líneas argumentales más potentes se centra en una mujer, es indiscutible que el protagonista de la novela es el hombre, de forma que su esencia intrínseca confiere a la novela un tono duro, áspero, violento, que es a la vez un reflejo de la forma de vida que han elegido vivir. Esto no sólo se observa en los episodios centrados en la vida abordo, ya sea de un velero como de un vapor (cien años da para mucho en evolución naval, como deja patente la novela), sino en aquellos donde la guerra se constituye en la protagonista indiscutible, y creedme cuando os digo que aquí Jensen es muy crudo. He leído otras novelas donde la guerra naval es una pieza angular de la acción, pero aquí las cosas se muestran de forma entre hiperrealista y absurda: La guerra es muy fea y no tiene ningún sentido (por mucho que nos intenten vender lo contrario). Esto se traduce en escenas que, creedme, me van a perseguir durante mucho tiempo y que evidencian la labor documental, que se adivina ingente, que llevó a cabo el autor para dar vida a su obra. Ahora bien, en Nosotros, los ahogados este realismo, que tiene una buena carga fatalista, se da junto a cierto leve aire entre fantástico y sobrenatural. No me malinterpretéis, la novela es básicamente realista, pero de tanto en tanto algunas cosas se cuentan desde una perspectiva fantástica, ya sea velada o manifiesta que considero muy efectiva a nivel emocional.
Otro de los puntos fuertes de esta obra es la caracterización de los personajes que pueblan sus páginas, desde sus protagonistas indiscutibles a esos secundarios que nos dejan con ganas de más. De ellos se nos proporcionan complejos retratos psicológicos que, en algunos casos, evolucionan con la trama y se completan con la percepción que de estos personajes tiene un narrador plural, ese “nosotros” que vemos en el título, anónimo y, a veces, inquietante. Con ello conseguimos una implicación emocional con esos personajes, a veces fruto también de haberlos visto crecer o de que nos hayan desnudado sus más oscuras emociones, implicación que en mi caso recorrió el espectro emocional y me proporcionó un “villano” del que me acordaré largo y tendido.
Por otro lado, la ambientación es tremendamente efectiva, y el autor, no contento con retratar un asentamiento costero como Marstal a lo largo de diversas épocas, se maneja con soltura con una amplia variedad de localizaciones, explicables por la naturaleza de la forma de vida propia del marino, desde islas en el océano Pacífico al Ártico, pasando por innumerables puertos.
Finalmente, la novela está muy bien escrita, abundando en diversos recursos narrativos (la alternancia de narradores diferentes, la utilización ocasional del formato epistolar, etc) que ponen de manifiesto la voluntad del autor de ir más allá del simple relato.
En definitiva, Nosotros, los ahogados es una novela tan intensa a nivel emocional que me obligó a dejarla reposar de tanto en tanto, pero con la que he disfrutado y aprendido mucho, y que recomendaría a cualquiera interesado en el mar y en las gentes que se han relacionado con él, así como creo que también pudiera atraer a los aficionados a la temática histórica o a los que gustan de leer sagas de carácter familiar. Ahora bien, avisados estáis, si os atrevéis a subir a cubierta, sabed que la travesía no será placentera.













