Su nombre era Marcia, yo le decía Mar. Mar tenía veintiún años pero parecía de diecisiete y actuaba como tal. Era berrinchuda y necia, ensimismada; algunas veces demasiado extrovertida y algunas otras demasiado solitaria. Y hacía cosas muy infantiles, lo mismo tocaba los timbres de las casas y escapaba corriendo, que les decía piropos a los chicos en la calle para después fingir que no había sido ella. A veces sacaba un cigarrillo en el vagón del metro y lo encendía ante la molestia de todos los pasajeros. Extraño su manías y su risa, extraño sus ojos… Su boca sabor menta, sus piernas suaves, la dulce forma de decirme “Amor, ven”, su cuello, su cadera y su cabello, Dios mío, y sus mejillas rosadas y la manera en que mordía sus labios, y sus dedos suaves, y su espalda a la que sólo le faltaban alas y su frente cubierta por hebras de cabello color negro… Y sí, era rara pero también tenía esa manera amable de tratar a las personas, y de jugar con los niños, y de reír a carcajadas con cualquier cosa y de bailar ante la menor provocación…extraño verla alimentar a los perros de la calle y de hablarles como si fueran de ella
Letras Secretas
















