Cada día me despierto un poco más roto que el anterior, más despostillado.
Me levanto de la cama a buscar mis astillas, las que encuentro las coloco, flojitas, dentro de los huecos que van dejando en mi cuerpo; bailan desencajadas al compás del viento, bailan hasta volarse y perderse, siempre vuelven a perderse.
Cada día me despierto un poco más roto que el anterior, más incompleto.
Me pregunto si un pedacito de persona sigue siendo una persona, si somos la suma de nuestros rancajos o si sigo siendo yo a pesar de los que se van cayendo.
Cada día me despierto un poco más roto que el anterior, menos persona y más remiendo; ayer era más yo que hoy, mañana lo seré menos.
Itinerario, Damián Acosta










