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LÀ EADAR-NÀISEANTA AN LEANNA
'S e Là Eadar-Nàiseanta an Leanna a th' ann an-diugh.
[It is International Beer Day today.]
"LeOmfph" . . . . #Random #Leum #EditedPhoto #WeirdEffects #Funny #Strange #Strangeness #BroadShoulders #Fancy #Dressedtoimpress #Implosion #Imploding #What #IDK https://www.instagram.com/p/BwL-45VhsEX/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=uorik3ghkmet
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Lin O Leum, Hollywood
La historia del viejo lobo marino.
Había una vez una muchacha joven que se alejó de su casa en una isla y se encaminó sola hacia la playa, donde se puso a jugar, corriendo tras el latir de olas, al juntarse las olas corría en el espacio que devolvían a la tierra, marcabas sus pasos en la arena; al regresar las olas corría, retrocediendo ante los rompientes. Un viejo lobo marino, enamorado, la observaba sin ser visto, y cuando una ola grande la atrapo, arrastrándola para ser alimento de peces y aves, se encontró ella con el animal a su lado. Como todas las mujeres de su tribu, la muchacha era una gran nadadora, y por lo tanto intentó escapar. Pero el mar también se había enamorado de la muchacha, deseaba confinarla en su arropo infinito, manteniéndose entre ella y la playa se encontraba el viejo lobo marino, el mar obligándola a alejarse cada vez más de la costa, cuando consiguió por fin extenuarla; ella se vio obligada entonces a apoyarse en el pescuezo del animal.
Ahora que su vida dependía de él, la muchacha empezó a sentir simpatía por su extraña escolta. Nadaron juntos durante muchos kilómetros hasta que llegaron a una gran roca donde había una caverna. La mujer sabia que no podría volver jamas a su casa por sus propios medios, así que decidió aceptar lo inevitable y convivió con el lobo marino en la caverna. El lobo marino le traía peces en abundancia, y como no había fuego, ella se los comía crudos.
Después de un tiempo tuvieron un hijo. Parecía un ser humano, pero estaba cubierto de pelos, como las focas. El niño creció rápidamente, y era un buen compañero para su madre, especialmente después que aprendió a hablar, cosa que nunca consiguió el viejo lobo marino. Sin embargo, era tan bueno y amable que la mujer había llegado a amarlo.
No obstante, ella deseaba con todo su ser ver una vez mas su tierra y su gente. Se las arregló para que él entendiera su deseo, y un buen día los tres partieron para su isla. A veces la madre y el hijo nadaban al lado de su protector, otras, él los empujaba por el agua a gran velocidad y a ratos iban montados sobre su lomo.
Por fin, llegaron a la tierra de la muchacha. El lobo marino se arrastró fuera del agua y se echó a descansar bajo los templados rayos del sol, en tanto que la madre, con su extraño hijito de la mano se encaminó a su pueblo. En el pueblo se encontró con algunos parientes, que desde hacia mucho la daban por muerta. Grande fue su sorpresa cuando la mujer les contó su historia y el absurdo pequeño les interesó sobremanera.
Después que se hubo tranquilizado el ambiente, las mujeres del pueblo propusieron ir en canoa hacia el este en busca de mejillones de aguas profundas y de esos erizos del mar cuyo duro cascaron está cubierto de rígidas púas que parecen clavos. La joven madre las acompaño en la excursión, en tanto que los hombres y los niños quedaban en el campamento.
Los niños empezaron a jugar y el pequeño visitante se unió a ellos con orgullo. Los hombres, sin embargo, deseaban comer carne, y como sabían que había una foca en la playa, tomaron sus lanzas y se acercaron al viajo lobo marino y lo mataron. Cargados de carne, volvieron al poblado y asaron la carne. Los niños olfatearon el delicioso aroma de foca asada y no tardaron en reunirse alrededor del fuego. Cuando llegó el momento de distribuir la carne, se le dio también un pedazo al joven visitante, quien, después de probarla, grito encantado"Es carne de foca".
Comiendo aun, echó a correr por el camino para reunirse con su madre, que volvía en ese preciso momento. El niño corrió hacia su madre y le ofreció el ultimo pedazo de carne que le quedaba diciendo que era muy sabrosa. Ella inmediatamente se dio cuenta de lo que había sucedido. Sacó un erizo de su canasta y golpeó con él a su hijo en la frente. El niño cayó en el agua profunda, e instantáneamente transformado en un pez de las rocas, se alejó nadando.
Las demás mujeres se dirigieron a las chozas para saborear la carne de foca asada, pero la madre se negó a comer y sola lloró al hijo perdido y al viejo y bondadoso compañero. Nunca volvió a casarse con ninguno de los de su raza.