¿Karma o Justicia por tu propia mano?
El pasado 7 de noviembre por la noche experimenté en carne propia la violencia extrema que se vive en las calles de este México, un país que ha sido carcomido en muchos rincones de su tejido social por la inseguridad, un México que sabe a sangre y dolor, a lágrimas y frustración. Un México que muchos describen como lamentable, pero que a mi aún hoy, después de haber sido encañonado y despojado de mis pertenencias me parece un gran lugar, lleno de magia y luz. Junto con muchos otros, mi esposa, una amiga y yo fuimos víctimas de un asalto a ‘punta de pistola’ por dos tipos veinteañeros en un café ('Sweet Flavours’) ubicado en Cumbres de Maltrata esquina con Torres Adalid en la Narvarte. Eran alrededor de las 8:30PM cuando estos dos cobardes entraron apuntando sus pistolas contra todos los que estabamos ahí, y justo cuando uno de ellos me apuntó a la cabeza y me miró de frente mientras gritaba “Ya valieron verga putos, esto es un asalto y todos se van a morir!”, el tiempo pareció detenerse en un, casi eterno y muy incómodo, instante. Por mi mente pasaron miles de imágenes; la sonrisa con la que cada mañana ella me despierta, el aroma inconfundible de un abrazo de mi madre, la textura del cabello de mi viejo cuando le acaricio su plateado y lacio cabello que sigue y sigue creciéndole cual si no fuera adulto de la tercer edad, todos los viajes que aún me faltan por hacer, muchos de los que ya hice y recuerdo con auténtica pasión, el soundtrack de carretera que compartimos cuando viajamos, las ganas que tengo de volver a tocar música, en fin… Nimiedades que nos hacen sentir vivos. Todo bien hasta el punto en el que me volví consciente de que el tipo que me apuntaba no parecía tener más de veintipocos años, quizá hasta era menor de edad, lo vi tan flaco, desorientado, su manera de sostener la pistola tan blandengue, lleno de miedo y nervioso como cuando inhalas cocaína. Pensé: “este maricón, sin pistola no es nada, de un golpe si tumbo a este cabrón”, y recordé las numerosas veces que tuve que liarme a golpes en el pasado. Sí, cuando era estudiante tenía una mala fama de peleonero, pero la verdad es que tenía un extraño y desatinado talento para meterme en problemas muy seguido, la mayoría de los cuales era por defender una causa ajena, en esos años que abarcaron desde los últimos años de la primaria, hasta los primeros de la universidad, era una suerte de metiche y 'ajusta-cuentas’ que le hacía el 'paro’ a todos de los abusivos, comprándome pleitos ajenos a lo bruto. Quizá por eso me habían ya apuntado con pistola y cortado cartucho en la cabeza en otras ocasiones tipos anormales como estos dos. Fue ahí cuando reflexioné y tomé una de las mejores y más lúcidas decisiones de mi vida… No intentar nada en contra de estos dos alterados. Supe en cuanto estos dos subnormales gritaban con la voz entrecortada y en extremo nerviosos que no eran muy experimentados, que estaban llenos de miedo y adrenalina y que serían capaces de tirar del gatillo bajo cualquier provocación, más cuando me levanté un poco para sentarme en mi celular y el tipo me gritó “¿qué te guardas cabrón?, ¡sácalo todo o te mato!”, me dije que no valía la pena intentar algo y arriesgar la vida de todos ahí. Algunos de los que estaban ahí seguro pensaron lo mismo, qué fácil sería inhabilitarlos… Si no tuvieran pistolas. Así fue como decidí que el Dharma guiara mis acciones y que el Karma fuera el que les cobrara a ellos las facturas. En un par de minutos que se antojaron lentos y pesados, a todos nos amenzaron de muerte y a muchos nos arrebataron computadoras, celulares, carteras, joyas, identificaciones y todo lo que pudieron llevarse en su atropellado asalto. La policia llegó, como siempre, demasiado tarde. Los salimos a buscar en patrullas, pero de su rastro no había nada. Y mientras todos vivíamos en un desesperado instante de vulnerabilidad y desprotección escuchamos historias de cómo habían asesinado unos días atrás en el Starbucks de Pilares a alguien, hablamos de los justicieros anónimos que se han puesto de moda y alucinamos mil y un maneras de someter a estos individuos. No sé, ahora que lo veo a la distancia, me parece como un mal sueño, y reflexioné sobre lo afortunados que fuimos todos de salir con vida de ese lugar, así que yo digo que si ya se llevaron los bienes y se hizo la denuncia correspondiente, lo único que NO debemos permitir que se lleven es nuestra estabilidad emocional, nuestra dignidad, nuestra tranquilidad y la paz interior. Decido por voluntad desprenderme de lo material y agradecer esta nueva oportunidad de vida. Recupero mi poder interno, UNO, UNIDAD, UNIFICACIÓN, COMPLETO… ENTERO DE MÍ…
Nota al margen: Estas fotos son reales, sacadas de las cámaras de seguridad del lugar, y por lo que se dijo ahí, esa zona se ha vuelto muy conflictiva e insegura, de tal suerte que espero que todos abran los ojos y sigan con sus vidas, pero con mucha precaución.












