Paraplejia
"Te notas preocupada", me dijo y este juicio me provocó una sensación de enorme reflector sobre mi cabeza, ¿de dónde me viene ese semblante, de dónde? pensé sin fin en un instante eterno que parecían unos minutos. ¿Me vendrá acaso de la necesidad de invitarlos —y sí, sin querer soportarlos— o ¿vendrá más bien del trauma de que de algún trauma de infancia debe de haber y debo de hurgar? Quién sabe/ Hice una mueca, "¿tú crees?", le pregunté como una idiota impávida aún tras haberme percatado de que miraba al mundo con su ceño inadmisible de refutaciones. "¡Sí, siempre!" dijo él entre risitas benévolas de un gongo. ¡Qué caso! Supongo que hice otra mueca. Me dieron ganas y sentí ser mis solos propios milísimos habitantes en mi cuerpo, en retrospectiva los observe y los acogí. Se notan bien, descansados, nadie se nota preocupado.















