Al poner límites hacemos saber a las personas que necesitamos y que queremos. Consiste en expresar lo que queremos como lo que no queremos, pero sin olvidarnos de las necesidades y los deseos de otros; no se trata de ser egoístas y ponernos por encima de los demás, pero tampoco debajo; se trata de una cuestión de equilibrio. Poner límites es establecer líneas con los demás (y con nosotros mismos) que no deben ser cruzadas. Cuando somos coherentes con los límites que establecemos ejercitamos la voluntad y el amor propio.
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