El olmo entre nosotros es la cima más alta;
un desnivel de dos metros —por decir— es un valle.
En un campo de cebada tendido al sol
la cabeza de un hombre es una eminencia.
Nada sorprende al ojo en los confines.
Nuestros pies quedan tal vez a ras de cielo
si caminamos por un llano desembarazado
con los tobillos arañados por el rastrojo.
Los sembrados se alargan en seguidas bandas.
Caminamos ciertos de qué es lejos y cerca.
Aquí la distancia tiene lisura de amigo.
Nuestra disputa con el espacio acaba.
The elm tree is our highest mountain peak;
A five-foot drop a valley, so to speak.
A man’s head is an eminence upon
A field of barley spread beneath the sun.
Horizons have no strangeness to the eye.
Our feet are sometimes level with the sky,
When we are walking on a treeless plain,
With ankles bruised from stubble of the grain.
The fields stretch out in long, unbroken rows.
We walk aware of what is far and close.
Here distance is familiar as a friend.
The feud we kept with space comes to an end.