Un poquito lleno de la panza
Desde que empezó la tarde me sentí un poquito lleno de la panza. Seguramente porque comí dos quesadillas con carne que pensé que eran más pequeñas y también porque cuando llegué a la casa me preparé otra pero con esa cochinita pibil que viene en empaques de plástico lista para consumir después de calentarla unos segundos en el horno de microondas. La verdad sabía buena. Por lo menos no sabía mal. De hecho diría que hasta tenía un sabor rico aunque, eso sí, no creo que podría ser capaz de comerla con frecuencia pues el sabor se me iría apagando poco a poco.
Le tomé una foto al pizarrón en la mañana y pensé en ir tomando una foto diaria tan buena como me fuera posible para subirla a internet e ir dejando migajitas de este último tramo como estudiante de universidad. Ya tiene un rato (un muy) buen rato que esos registros se apagaron... cosa que pasó desde que saqué a la renault de mi vida. Digo, alguna secuela tenía que dejar, ¿no? La cosa es que me siento un poquito lleno de la panza. Es decir: ansioso. Es decir: preocupado. Id est: con más pensamientos de los que me gustaría tener en la cabeza ahora mismo. Quiero salir a caminar al centro y más precisamente a la plaza esa. A pesar de dejar una sensación de opresión y peso máxima las veces que he ido siempre la abandono con un saborcito peculiar. Capaz hasta me dan ganas de sentarme en una de las sillitas y comprarme algo de comer y de tomar. Por los viejos tiempos, digo. No estaría mal.













