En el verano las lluvias aumentan. Aumentan los permisos. Aumentan los secretos. Aumentan las historias. Se hace esperar todo un año para tener disponibles los permisos extraordinarios. No quiero seguir perdiendo el tiempo, no quiero hacer lo mismo cada vez. Ya no quiero obedecer a la corriente, quiero establecer mi propio flujo de dirección. Sin obligaciones, puedo manifestar mis más profundos deseos, y verlos convertirse en realidad.
Lo que más me gusta del verano es el fresco olor a humedad en el aire. La frescura de andar flojo de ropa. El canto de los grillos, el olor a pasto húmedo, las libélulas difundiendo el mensaje de que la lluvia está acercándose. Llegar por fin a descansar, disfrutar, tener historias de verano, con el perfume de las más ricas flores. Hacer del día un tiempo para compartir, y la noche un tiempo infinito.
Las estrellas surgen luego de haberse hecho desear, pero son opacadas por la llegada de ellas, las nubes. Flotando por encima de la ciudad, representan las buenas y malas intenciones. La tormenta debe desatarse, y mis nubes son más pesadas. Es inminente.
El agua comienza a caer lentamente, hasta convertirse en un pequeño gran diluvio pasajero, como las desgracias de la vida. Atenúa el calor que había permanecido suspendido en el aire durante todo el día. No hay relámpagos ni truenos. Sólo llueve. Hace tanto frío que no debería.
Y como llueve el cielo, llueve mi rostro. Lluevo.
La gente corre por las calles, evitando que sus empapados cuerpos se sigan mojando. Temen que se desate una tormenta que pueda con ellos, y llegue a arruinar sus planes. La ciudad está desierta, los restaurantes repletos. Expectantes se encuentran sus inquilinos momentáneos, la lluvia podría costarles la vida si decidieran lanzarse a la carretera. Pronto pasará y podrán volver a sus casas. Los pasajeros de largas distancias observan las luces de los automóviles que viajan en sentido contrario como destellos que se contagian entre las gotas que permanecen en los vidrios.
Ahora el viento está disipando las nubes y el agua se ha transformado en pequeños caudales que siguen las pendientes.
El aroma característico, evidencia de la limpieza, permanece unas horas en las calles, en los patios, infiltrándose por algunas ventanas. Luego debe viajar, guiando a las libélulas hacia otra parte para hacer anuncio del mensaje venidero.
Evidentemente se repetirá, y cuando la atmósfera cambie para dar lugar a este evento, las memorias guardadas en el perfume de la lluvia volverán para recargarse de hermosos y más nuevos recuerdos. En el futuro, serán recordados con alegría. No quedará rastro alguno de nostalgia en los corazones, permanecerá dormida.
Lloverá por meses, algunas veces más fuerte que otras. Pero la tierra mojada se secará con los rayos del Sol del nuevo día.