A short compilation of Logan x Emma, but whatever they are is worse than lovers AND friends bc they're highly nuanced characters.... i miss u, emmarine

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A short compilation of Logan x Emma, but whatever they are is worse than lovers AND friends bc they're highly nuanced characters.... i miss u, emmarine
Dancing Into You
Hey everyone, I just decided to write something I stumbled upon while failing to gain interest on finishing my physics homework. It just a short story of Sam and Charlie. Feel free to read it. Thank you :) https://www.fanfiction.net/u/4861096/NiftyNena
Please vote for Logan!
To win a TCA, meaning he wins a surfboard and makes a speech! https://twitter.com/tcas_2014/status/471435460238397440
AU where Emma dies because of the Somnia Mortis. (x)
Dos de la mañana, y aún podía escuchar su risa resonando entre las paredes de la habitación. Había despertado con su corazón evocándole que todavía latía, además del brillo que ausentaba ahora en sus ojos, desvaneciéndose poco a poco al percatarse de que todo había sido tan solo un sueño. Su vista se había dirigido automáticamente a un costado suyo, justamente en donde hacía ya tantos años, yacía su razón de existir por las noches. Y la tenue sonrisa que había pintado la comisura de sus labios, fue ocultándose hasta haber dejado una leve línea en ellos, comprobando que irónicamente, la pesadilla en la que vivía era más real que lo que hace tan solo unos minutos había sentido. Un vacío tan grande como el de aquel lado de la cama se expandió nuevamente por su estómago. Una sensación, que ya le era totalmente familiar. No conseguía sentir absolutamente nada desde aquel día, o desde aquel preciso segundo en el que su alma se había elevado de este mundo para siempre. Nada, más el constante dolor y miseria en la que se había hundido por completo. Nada, más que la oscuridad que no podría ser jamás alumbrada, pues su luz se había extinguido al igual que su pulso. Recorrió una mano sobre la fresca seda de la sábana que cubría aquella sección, estando ésta totalmente uniforme, sin algún pliego, o alguna señal de que alguien hubiese estado ahí desde lo que parecería ya una eternidad. Y al haber afrontado la posición en la que se hallaba una vez más, al igual que cada maldita madrugada desde hace más de diez años, una perla resbaló por su mejilla sin que tan siquiera tuviese la necesidad de parpadear, rompiendo exactamente en su cuello. Dirigió sus dedos hasta éste, percibiendo aún su aliento chocar contra el mismo mientras que se resguardaba para obtener un poco de calidez, o de su esencia, y antes de que pudiese notarlo, más lagrimas acompañaron a la primera hasta que su rostro se tornó sutilmente enrojecido, esforzándose por no permitir que esta vez los sollozos lo vencieran y resultara despertando a sus hijos, al igual que ya lo había hecho en incontables ocasiones, frustrándolo aun más. Su cuerpo se llenó de un temblor que solo ella conseguía tranquilizar siempre. La piel de sus manos presentaba heridas recientes, cuales eran causadas por la fuerza con la que oprimía sus puños, tratando de nivelar aquellos. Y en su antebrazo se marcaban una serie de mordidas producidas por sus propios dientes, pues aquella era la única manera de silenciar sus gritos, y de controlar los ataques de pánico que hasta el momento, más que cesar, tan solo habían aumentado de frecuencia. Trataba de ser fuerte por sus pequeños, que a decir verdad, ya eran todos unos jóvenes. Detestaba mostrarse tan débil ante ellos, pero sencillamente, no podía evitarlo. Era un dolor inexplicable. Un dolor que lo carcomía desde la parte más profunda de su ser, y que no lograba atenuarse en ningún instante. Siempre estaba presente. En cada segundo. Presente, tan presente al igual que ella. Al igual que sus labios, su voz. La manera en la que cantaba por las mañanas, y el aroma tan dulce que abundaba en su cabello y en el resto de su tez. Estaba más que acabado, e irreconocible. Su mirada se mostraba generalmente perdida y opaca. Algo que era irónico, pues cada noche sus ojos tenían la fortuna de humectarse gracias al llanto. El volumen de sus mejillas, cuales tanto le encantaban a ella, habían desaparecido hasta mostrar los pronunciados huesos de sus pómulos, quitándole aquella imagen de infante que caracterizaba su rostro a pesar de su edad. Al igual que su piel, habiendo perdido ya la tersidad y el color rosado que la pigmentaba. Lo había perdido todo. Se había perdido a sí mismo. La había perdido a ella. Había optado por aislarse de la mayoría de las personas que alguna vez, llegaron a ser tan cercanas a él. No recordaba la última vez que había visto propiamente a su familia, o a sus mejores amigos. Inclusive había abandonado el mundo del cine y de las películas, pues éste ya no conseguía sacarlo de la realidad tal y como antes podía hacerlo. No había escapatoria a ello. Era un infierno permanente que tarde o temprano, terminaría con él sin que pudiese hacer algo al respecto. Y si fuese sincero consigo mismo, esperaba que fuese pronto para que finalmente pudiese reunirse con ella. Era lo único que deseaba. En cuanto se aseguró de que pudiese caminar sin tropezar, y que el mareo y migraña había disminuido lo suficiente como para levantarse, se dispuso a incorporarse y a caminar un poco por la habitación para obtener un poco de aire, cual a pesar del tiempo, conservaba su peculiar perfume. No era capaz de deshacerse de sus cosas, y dudaba, algún día el poder hacerlo. Aún guardaba la esperanza de que volviese a casa de un largo viaje, y corriera a enfundarse en aquella camiseta vieja de The Beatles. Que le repitiese lo tonto que era a medida de que pretendía hacer su mejor esfuerzo por escapar de sus brazos o de los besos con los que atacaría sus mejillas, siempre sonrojadas. Y que sus manos se entrelazaran reafirmando que estaban hechos el uno para el otro. Encajando a la perfección. Perteneciéndose de la forma más correcta, y pura posible, como nunca antes lo había hecho. Como nunca más sería capaz de hacerlo. Se dirigió hasta el armario, abriéndolo con dificultad, puesto a que su alimentación se veía notablemente deteriorada, restándole vitalidad, y extrajo el vestido que había usado la primer noche en la que se habían unido en uno mismo. La primera de tantas. Jamás pensó que habría una última. Lo tomó con sumo cuidado, precisamente de la manera en la que le trataba a ella, y lo observó por un par de segundos, jurando que podía sentir su presencia por enfrente de sí mismo, robándole la frágil respiración que mantenía. Lo apegó a su pecho con la poca energía que poseía, derrumbándose lentamente en la pared que sostenía su espalda, cayendo finalmente en el suelo, y se quebró sin poder contenerlo más tiempo, ocultando su cabeza entre sus rodillas, cuales se encogieron de forma que pudiese rodearlas con sus brazos. —Vuelve. Por favor. Vuelve.— Suplicó, tal y como si en verdad estuviese en su poder hacerlo, y complacerlo. Sintiéndose como todo un niño. Tan pequeño. Tan decaído. Tan insignificante. Pero entonces le sintió. Aflojó la presión que ejercía con sus párpados hasta que los mismos cayeron pesadamente, y aguardó a que su pulso volviese a normalizarse. Aquellas finas manos se posaron en su cara, retirando cada lagrima que luchaba por continuar humedeciendo el cuello de su playera, y todo estuvo bien por un momento. Quizá se estaba volviendo loco. Quizá se trataba únicamente de otro sueño. Quizá era el hecho de que su imagen se mostraba cada vez que sus ojos se cerraban. Pero en ese caso, esperaba jamás recuperar su cordura. O despertar. O tan siquiera, abrir los ojos en aquel instante. La sombra de una sonrisa se cruzó por su mentón, disfrutando de la calidez de sus labios que podía jurar, ahora sanaban cada herida tanto física como interna, y sus músculos se aflojaron, liberando toda la tensión con la que cargaba cada día, percibiendo su corazón latir firmemente tal y como lo hacía siempre en su presencia, conectándose con el suyo. Aún no quería abrir los ojos. —En unas semanas los niños se graduarán...— Comentó de la forma más casual posible, aunque un escalofrío recorriera su voz a medida de que se esforzaba por que sus palabras fuesen claras, y en parte alegres por el logro de sus hijos. Habría estado tan orgullosa de ellos. —Eres la inspiración de Lyra en cada una de sus presentaciones. Se parece tanto a ti. Y Liam, que no piensa menos en ti, se ha comprometido hace poco con Enzie. ¿Puedes creerlo?— Preguntó liberando una pequeña risa, sin permitir que el nudo en su garganta le impidiese hablar con ella. Si es que en verdad estaba haciéndolo. Si es que en verdad ella escuchaba. Si es que en verdad, aquella sería la última vez que lo haría. —A Luke le ha llamado demasiado la atención las películas. Siempre habla sobre cómo te dedicará su primer Oscar.— Continuó, pareciéndole importante por que supiese todo lo que acontecía en la vida de ellos, aunque sabía, que los cuidaba a la perfección a pesar de no encontrarse ahí. —Silly siempre está buscándote, ¿sabes? Igual sus cachorros. Te habría encantado conocerlos, son exactamente iguales a él como cuando lo acogimos. Sin duda alguna la cama ya estaría repleta de ellos y yo estaría preparando el sofá para dormir.— Se permitió bromear a pesar de todo, recobrando la agonía en cada una de sus facciones en cuanto una serie de memorias lo golpearon al igual que una avalancha. Pero ella continuaba ahí. Sus ojos volvieron a humedecerse, y no le importó en lo absoluto. Sabía que podía hacerlo. Ser transparente ante ella. Ser la persona con la que ella había partido, y que estaba conforme por que la conservase con ella. —Te echo de menos, Emms.— Dijo en un temeroso susurro después de algunos cuantos segundos de silencio, sintiendo aquel nombre incrustarse en su espalda después de tanto tiempo de no atreverse a mencionarlo, pues no toleraba hablar de ella. No sin derrumbarse de aquella forma. —Siempre lo haré. Y no sé por cuánto tiempo pueda soportarlo más.— Se lamentó, sabiendo lo decepcionada que estaría por abandonar a su familia. Pero había dado más de lo que pensaba que podía aguantar. Y esperaba que lo entendiera. Sus hijos comenzaban a ser exitosos en su propia vida, y pronto volvería al mismo punto de soledad en el que había iniciado antes de conocerla. Antes de que cambiase su opinión, y le hiciera sentir por única vez que no lo estaba. Ahora no podría sobrevivir a ello. No ahora que había comprobado lo maravillosa que podía ser la vida después de tanto sufrimiento. Pero aquello no era vida. Y jamás volvería a serlo sin ella iluminando cada uno de sus días. —Así que espero que me disculpes cuando vuelva a encontrarme a tu lado. En verdad lo espero.— Finalizó, queriendo creer que si no habían podido alcanzar aquella eternidad que se habían prometido tanto en la Tierra, pudiesen hacerlo en donde sea que ella se hallase en aquel momento. Siendo el hogar del otro. Siendo dos estrellas en el cielo. Siendo los recuerdos que jamás permitirían que se esfumasen. Siendo infinitos.