Lollapalooza 2016: Nuestros favoritos
Fuimos a Lollapalooza, y a casi una semana del festival les dejamos algunas impresiones sobre nuestros favoritos, fotos, videos y momentos varios que quisimos rescatar.
Eagles of Death Metal: De barbas y rock & roll
El rock de Palm Desserts, California, pisó una vez más el escenario de Lollapalooza este sábado. Tres años después de que sus amiguitos de Queens of the Stone Age se pararan sobre el escenario festivalero, los Eagles of Death Metal reventaron el VTR Stage a puro rock & roll y magia yankee sureña. Lejos de ser su mejor show, Jesse Hughes y los suyos igualmente dejaron huella en el encuentro de coronas de flores con un sonido potente, una batería envidiable y un frontman de aquellos.
Momento épico cuando Hughes se baja del escenario para tocar al lado de nosotros fanáticos, regalando riffs a destajo, moviendo la colita y dando miradas de zoolander con sus ojos azules. Un bailoteo de rock imparable -como para callar al Gallagher que se cree el futuro de la música- y un disfrute total de los ritmos que añoramos que sigan haciendo. Ahora sólo queremos que vuelvan Eagles, y vuelvan con el guatón Homme.
Jungle: Suave baile de media tarde
Una de las bandas más completas sobre los escenarios de Lollapalooza, sin duda fue Jungle. Con una estética basada en el negro y dorado, la banda británica liderada por Josh Lloyd-Watson y Tom McFarland salió a las cinco de la tarde al VTR Stage, justo cuando el sol pegaba fuerte sobre el público. Aún así nos hicieron bailar con su soul moderno de constantes secuencias y percusiones, perfecto para encender la pista de baile.
Definitivamente lo mejor de Jungle, es su sonido en directo. Muestran una calidad y prolijidad tan impresionante, que suenan calcado a su disco de estudio. Pero el mérito no es sólo de Lloyd-Watson y McFarland -los hombres ancla del proyecto-, sino que también de una completa banda y sus dos cantantes femeninas que afirman aún más la parte vocal de la propuesta.
¿Mejor momento?, cuando tocaron Busy Earnin’ uno de los hits más conocidos de la banda y que dejó a todos realmente en llamas.
Tame Impala: Atardecer psicodélico
Los australianos de Tame Impala ya son de la casa y tienen una fanaticada estable. Fueron los encargados de poner la cuota de psicodelia en el festival y su show funcionó perfecto a eso de las siete de la tarde, justo cuando atardecía y las luces y visuales del show hacían lo suyo.
Con una introducción seguida de Let it Happen, dieron el vamos a su cuarto show en Chile, dejando a más de alguno en el viaje -como el niño que tenía a mi lado-. Tocaron en su mayoría, canciones de su más reciente disco Currents, demostrando que la experiencia ya la tienen y que manejan el sonido en vivo a la perfección. Pero no sólo la música fue parte importante del show. Kevin Parker, vocalista de la banda, andaba bien hablador e incluso nos desafió a superar a Argentina en gritos. Según él, ganamos. ¿Real o no?, quién sabe.
Lo que sí es claro es que fue un bonito show, sonó perfecto y Kevin Parker se ganó el premio al más amoroso del mundo mundial con tanto agradecimiento y buena onda.
Uno de los riesgos/sorpresas del cartel. Halsey es la actual reina tumblr, y su público es bien jovencito, de ese público que espera horas en un escenario para alcanzar la primera fila, y que agarra cada una de sus canciones para convertirlas en himnos de su juventud. Lo que pasó en su show no fue nada más ni nada menos que una catarsis colectiva. Llantos, chillidos, y adrenalina por donde se mirara.
Algo que pudo haber hecho de su show un desastre, terminó por derribar el mito que los conciertos teens no son de una buena calidad: su retorno no funcionó jamás, -de hecho repitió un par de veces que no escuchaba nada de lo que sucedía sobre el escenario-, pero casi ni se notó. Su característica voz rasposa, sus provocadores movimientos y la constante y potente conexión con los fanáticos que la idolatran tal diva del pop, marcaron un precedente para otras ediciones: una artista teen que arrasa, y que sí puede incluirse en un cartel de viejos vinagre. Era cosa de escuchar a una generación completa corear New Americana como el himno nacional cuando juega Chile. Esa onda.
Eminem: De Slim Shady a Marshall Mathers
Para cuando tocaba Eminem, ya había demasiado cansancio en nuestros cuerpos. Pero nada importó. Un boom box se proyectaba al fondo del VTR Stage y Marshall Bruce Mathers III aparecía para hacerse cargo de recordarnos quién es él, sobre todo en un momento en que harto rapero nuevo y bueno ha aparecido para asombrarnos -aló Kendrick-.
Con un setlist que repasó toda su carrera y personajes, durante la hora y media de show, Eminem demostró que es uno de los clásicos que sí o sí no podíamos dejar pasar. Una banda y un MC lo acompañaban sobre el escenario, ofreciendo un show completísimo en lo musical y con toda la parafernalia visual que se merece, incluyendo fuegos artificiales. Se da el lujo de hacernos gritar y competir, covereó a The Weeknd, B.o.B y Drake, y el más alto momento fue cuando comenzó a sonar Love the way you lie, esa canción tan famosa que canta con Rihanna. Otro punto alto, el bloque que nos recordó su alter ego Slim Shady con My Name Is… y The Real Slim Shady seguiditas.
Fue un cierre realmente bueno y necesario. Un show que trajo al recuerdo la flamante época MTV, donde Eminem era la figura y estrella polémica de cada premiación musical. Vino a mostrar su evolución musical y diferentes facetas, con canciones que a estas alturas ya son atemporales.
Vintage Trouble: en fuego
Les pusimos todas nuestras fichas, y no decepcionaron. Con un público que esperaba a Twenty One Pilots y que no los conocía, los Vintage Trouble se echaron a todos al bolsillo a puro rock & roll cincuentero. Bastó un par de canciones y un Olé Olé Olé Chile al ritmo de la intro de Blues Hand Me Down, y ya estábamos todos rendidos ante la banda oriunda de Los Ángeles.
El desplante escénico de su vocalista, Ty Taylor, nos dejó a todas/os pidiendo agüita de tanto baile, salto y movimientos pélvicos. Es que te pasaste. Si ya habían cerca de 30 grados de calor a la hora de su presentación, con tanta energía sobre el escenario casi hacemos combustión espontánea. ¿El momento más bacán del show? cuando baja del escenario, corre por el pasillo, y se sube a la reja para después nadar de vuelta por sobre el público.
Y no fue sólo Taylor quien se dió el tiempo de interactuar con los asistentes, el resto de la banda también hace lo suyo hacia el final de su presentación, dándose el tiempo de ir y venir por el pasillo agradeciendo tanto cariño, y saludando al público. Todos unos caballeros oye.
Twenty One Pilots: Hiperkinética juventud
En las primeras horas de la jornada del domingo, la postal del VTR Stage era un grupo de unos 200 fans apostados en las rejas esperando a Twenty One Pilots -que tocaban a las 15:15 hrs-. Algunos con poleras de la banda, otros con los ojos maquillados rojos y otros más acérrimos, con el cuello negro o pintándose las manos con plumones, para imitar el look de Tyler Joseph, vocalista de la banda. Esperamos que esas niñas hayan logrado lavarse las manos y sacarse ese plumón permanente.
Pero este dúo, que además tiene a Josh Dun en batería, llama la atención no sólo por el arrastre que tienen entre sus fans, sino que también por la versatilidad de estilos que presentan en su música -una mezcla de pop rock y rap- y la energía que derrochan sobre el escenario.
¿Los mejores momentos?, el coro de Stressed Out, cuando Josh Dun toca batería sobre el público, cuando ambos tocan unos bombos sobre el público en la última canción. Claramente se llevan el premio a la banda con mejor fanaticada. Un aplauso para estos chiquillos.
Mi intención de ir a Lollapalooza es siempre ser la más ruda de la squad, la que le gusta más el rock y que pregunta desconcertada de dónde salieron los niños del Movistar. Aunque de rockera mala tuve un pelo, fui fiel a mi objetivo en un show que entra definitivamente en el top 5 de los mejores del festival, Bad Religion. Aunque muchas veces quise ir a sus shows antes, esta fue la primera vez que tuve la oportunidad de verlos en vivo.
Los reincidentes del concierto eran clara mayoría, y la razón de esa fidelidad fanática tiene una razón clara: desde el primer riff, la banda californiana demuestra su calidad y conexión con el público chileno. Cantaron en total 24 canciones, más que cualquier otro show del Lolla. Punk rock puro y duro, que hizo bailar, moshear, gritar, y que eliminó cada gota de vergüenza de los malotes que se estaban metiendo, contra todo principio, en un festival de música. Correctos y con pasión, sin ningún reproche.
Alabama Shakes: rock desde las entrañas
Este Lollapalooza fue el de los buenos frontman. Pero sin duda, una de las más secas y que dejó bien alta la vara para las frontwoman venideras, fue Brittany Howard de Alabama Shakes. Haciendo rock desde las entrañas, la interpretación que esta mujeraza tiene de cada una de sus canciones te aprieta el corazón, y te deja con maripositas en la güata de tanta emoción. Tanto así, que los vitoreos a su persona abundaban cada vez que una nota salía de su garganta. Hasta mamacita le gritaron.
Pero no todas las flores son para ella, porque el vozarrón y talento de Brittany son sólo uno de los factores que hizo de Alabama Shakes, una de las bandas con el mejor sonido en esta edición. Era cosa de cerrar los ojos, e imaginarse echado en la pieza escuchando Sound & Color (su último trabajo), desde un vinilo. La calidad y la potencia que alcanzan en vivo, los instaló sin duda alguna en las primeras líneas del reciente lineup. Un lujo de banda. No somos dignos.
Marina & The Diamonds: brillando como diamante
Si Halsey es la actual reina tumblr, en el 2010 lo fue Marina Diamandis. El año pasado le hizo el terrible osoooooo a los Lollapalooza sudamericanos, y pucha que la estaban esperando. Así como Bad Religion tenía una hinchada mosheando de principio a fin y que coreaba cada verso de sus canciones, Marina estaba casi en las mismas. Con la diferencia que aquí, jóvenes con corazones pintados en las mejillas, corearon y saltaron hasta quedar sin aire en cada uno de sus pegajosos y poperos éxitos, en todo lo que duró su presentación. Hubieran faltado inhaladores para devolverle el aliento a tanto fan.
Con el rango vocal de un pajarito -en serio-, la Diamandis le cantó a lo miserable y maravillosa que es la vida, la juventud y el amor, en tres actos. Cada uno representando a sus tres discos, todos melancólicos en sus versos, pero bailables en la pista. El pop que Marina nos mostró es del tipo que necesitamos cuando queremos que nos trague la tierra, pero aún así nos sentimos como Beyoncé. Millenials empoderadas todo el rato. Por eso es una de las reinas, porque brilla tal cual luz de neón, y nos encadila como si fuéramos polillas. Tkm Marinita.