En pedazos... pero volví
Volví a terapia después de casi un año y no fue una decisión fácil, yo sabía que tenía que hacerlo desde hace mucho tiempo atrás, la estire mucho porque dentro de mi creo que aparte de la resistencia que tenía para no enfrentar el presente que me atormentaba también me probaba a mi misma, todavía esperaba resolver las cosas sola, un poco de orgullo venia con todo eso, en mi cabeza yo era la chica que después de su alta médica le pasaron cosas totalmente inesperadas y a la larga lo iba a resolver, tenía que conservar esa “dignidad y honor” que conlleva tener el alta medica de un tratamiento que me costó toda la adolescencia. Me planteaba y replanteaba: ¿Por qué pedir ayuda? si iba a poder sola… (Como si no hubiese aprendido nada). Fueron meses tras meses de sentimientos y emociones tan pesadas y podridas de tristeza que nunca tuve en la vida. Llegué a un momento en que no sabía si quería mejorar (es mejor usar mejorar que vivir), es decir sé que, si lo quería porque lo intentaba, pero cuando tocas fondo te olvidas completamente la sensación de estar bien, la mente te engaña y te hace creer que no vas a estar segura en otro lugar que no sea en el que estas en ese momento… entonces lo hice tan mío al miedo a la vida, tan propio en carne y hueso, ya no me imaginaba a mi sin ese miedo, esa angustia, me consumió completamente es como si en lugar de haber muerto mi abuela o mi madre casi, había muerto yo. Hay que ser valiente para salir delante, hay que tener un motivo para levantarte todos los días por la mañana y me costaba encontrarlo. Una de las peores cosas de todo esto fue la gente de mi alrededor… me sentía una completa desgraciada con ellos y no entendía como teniendo tanto amor de parte de mis seres queridos me sentía tan sola. Y yo también tengo mucho amor, pero ¿Qué podría ofrecerles a mis hermanos o a mi novio estando así? ¿Qué tan buena compañía podía ser para mi madre o mis amigas? Para colmo vino la pandemia, ósea que además de estar encerrada en mi cabeza, me encerré en casa.
Empecé la psicóloga, estuve varios meses con ella… y creí que ese tiempo no me sirvió para nada por eso me cambié de terapeuta meses después. Pensándolo hoy, no fue así, sí que me sirvió y muchísimo más de lo que creí, me quejé de que ella me hacía hablar solo a mí y no me daba respuestas, pero haberme dado el espacio para hablar tanto y tanto de esas angustias tan fuertes que cargaba y literalmente no me dejaban respirar, era lo que más necesitaba en ese momento, al menos 1 vez por semana podía vaciar un poco mi cuerpo y mente de tanta angustia que lo colapsaba durante toda la semana. Repito, en el momento no me di cuenta, pero ahora sé muy bien que ese espacio fue clave para que identifique mis emociones tiempo después. A medida que me iba a escuchando podía darme cuenta que era real y que no, que era emoción totalmente valida por la situación y que era miedo extremo… El poder sacarme lo que llevaba dentro que no hablaba honestamente con nadie más, me ayudó mucho a llevar adelante las perdidas recientes que había tenido. Fueron meses zarpados y llenos de caos, pero después se sintió un poco el alivio… y empezaron otras cosas. Después de meses y meses creo que empecé a lidiar con las secuelas que me dejo la depresión por estar en duelo… no se si la palabra es SECUELA, pero quede zarpadamente ROTA. Durante mucho tiempo tuve que lidiar con la ansiedad esa que me comía la vida. Todas las noches que me iba a dormir, lo hacía pensando en que pasaría si moría alguien de mi familia, que pasaría si pasaba algo malo, si es que dormía. Noches y noches atormentada con todo tipo de catástrofes en la vida, no podía ver nada bueno. Sentía de verdad que cada vez estaba todo más oscuro. La ansiedad es así, ella mandaba, yo obedecía. Eso saco toda mi inseguridad a flote, pase de dudar de mí misma hasta de dudar de que es real y que no. Estaba llena de miedos. Todo lo que me rodeaba era inestable como yo. Era mejor si desaparecía en ese entonces; a todo esto, paso que mi abuelo y mi papa cayeron internados por COVID. Mi abuelo falleció, mi papa casi. No voy a hablar de cómo me sentí en esos momentos porque la verdad es que no hace falta, lo que si voy a decir… las circunstancias me hicieron desbordarme, me plantee porque vivía. Me asuste, realmente me asuste… pase a desconocerme completamente. Así que tome la decisión de cambiar de terapeuta. Desde hace tiempito lo venia pensando. Me contacte con Sebastián, ese día no podía más de los nervios, no escuche a mi cabeza y lo hice, por puro impulso le escribí. La primera sesión dije hola y me largué a llorar. Se sintió como si hubiese estado corriendo en un círculo vicioso con muchos demonios que me absorbían lo poco cuerdo que quedaba de mi… pero en ese momento de prender el zoom una luz se prendió y un camino distinto apareció, me desborde de la angustia. Me di cuenta que eran 9 millones de emociones acumuladas buenas y malas, más malas que buenas.
Me doy cuenta de que todo está dentro mío. ¿Es decir, tengo tanta capacidad para estar bien, ahora me pregunto cómo es que estaba tan perdida y fui capaz de pedir ayuda? Creo que eso habla mucho de mí, de lo que me convertí años atrás gracias a todo el esfuerzo. Quisiera nunca olvidar de lo que soy capaz. Soy fiel a esa creencia de que por haber hecho terapia tantos años y con cantidad de profesionales de todo tipo, el laburo que hago en terapia se me da muy bien, avanzo muy rápido con respecto a los objetivos trabajados me asombra y me gusta cuando soy capaz de usarlo a mi favor porque me lleva más rápido a la superación y/o sanación de una dolencia. Solo basta con ponerme de mi lado.
Y, por último: ¿Es cierto eso de que dicen que el tiempo todo lo cura?













