Cuan grande son las olas, que revelan tu existencia, desde el centro del planeta donde guardo la encomienda, esperando que algo quede, custodiado por el tiempo, las canciones y el silencio intimando por las calles, jugando a ser cristales que brillan con la luz lunar, espíritus del viento.
Complejo desigual, que alumbraron los caminos, no hay lucha no hay reliquias que nos juzguen con mentiras. Que esto de la monarquía, quien es dueño de la vida, de alguien fuera del común, esperando ser comida, de algún diablo o de un gorrión, que con su canto dulce y fino, hipnotiza nuestro andar, y nos hace mal desear el amor de los demás.
En las lineas del ayer, cada sombra oculta el cuerpo de tu corazón eterno, lastimando en el volcán. Obligados a llamar a las cosas por su nombre, todo estaba escrito ya, no nos dieron uniformes, pero no hizo falta ya que la mente estaba dominada, nacimos con la gran deuda, no hay posibilidad de dejarla saldada.
Robando en coches de alto calibre, diciendo a la gente que puede ser libre, que renuncie a su vida, y aquello que construye, pronto el peso de los días, encontrarán descanso en el susurro del medio dia, con el sol friendo las ganas, y con el pelo enredado de preguntas. Cada uno paga el impuesto que mejor le queda a su gula.
Salvemos el espacio, que tan virgen nos espera, conciliando el sueño eterno lejos de la primavera. Con una bolsa entre los dientes por su hay que llevar los restos, de guerreros que han llegado abriendo camino con sus dedos.
Gracias a ellos, sigo vivo, gracias a ellos aún no extingo la llama fría de las sombras que revelan el cóncavo de las cosas, los envuelve en misterio y oscuridad, y nos deja imaginar más allá de lo real, dejándonos llevar de la corriente que va en contra, proyectando el caminar, hacia el fondo del mar.
Y que vengan nuevamente, en las caras de la gente, esconde aquel grito indecente que nos contagia de suerte, no puedo esperar a verte, necesito imaginarte, construirte aquí en mi mente, y que me ames eternamente.