Yo ya pasé los veintes
Quizá sea necesario recordarme como era yo antes de los 27. Hoy pensé en eso cuando me encontré frente a la hoja en blanco y tenía los dedos adormecidos y la cabeza llena de ideas importantes sobre los cuales escribir. No me salían las palabras. Parece que necesito recordar a la yo de los 23, cuando comenzaba a trabajar en radio y me encantaba conocer personas todos los días en mis producciones de tv. Cuando sentía la necesidad de que me escucharan; cuando me decepcionaba de las personas a las cuales no les importa lo que ocurre a su al rededor, cuando corregir las faltas de ortografía en cualquier cosa que leyera me llenaba de orgullo, cuando creía que todos los universitarios tenían la obligación de ser cultos e interesantes. Cuando hablaba ante un micrófono sobre la conciencia ecológica que nos falta a todos. Yo la de los veintes que disfrutaba caminar en las mañanas mirando a las personas haciendo ejercicio imaginándome historias de sus vidas y de por que estaban en ese parque, la que creía que formar una sociedad con amigos garantizaba el éxito en un negocio, la que disfrutaba de ver toda la cartelera de la cineteca y hablar por largas horas sobre vas guión, movimiento de cámara y actuación de todas las películas. La que creía en cambiar el mundo con la fuerza de la Juventud y creía que a nadie se le habían ocurrido jamás las mil ideas de las que hablaba con mis amigos por largas horas en un café de insurgentes. Aquella que tenía tiempo de pasar toda una tarde de lunes buscando libros antiguos que compraba con 60 pesos. Aquella que veía tan lejana la edad de los tienta que podía darse el lujo de pensar en que “ellos” eran demasiado grandes. La que asistía a conciertos de jazz bebiendo una copa de vino y terminaba en una fiesta de rock en el centro. Necesito recordar a esa chica que buscaba cada fin de semana un lugar diferente para bailar y terminaba en el mismo karaoke de Bolívar. Me olvide de quien trabajaba en una galería de arte y asistía a catas de vino, se interesaba por el surrealismo y no se perdía de una feria del libro con un buen amigo.Quien todos los sábados veía una película de woody allen y la disfrutaba. Pero yo ya pase los veinte y ahora me acerco al tercer piso. Al final recordé que todo lo que fui antes me convirtió en lo que soy ahora. Que el “nunca cambies” es la frase más limitadora y mediocre que le puedes decir a alguien y que no necesito tener de nuevo 23 para hacer lo que me gusta. Simplemente recordé que la vida sigue y yo estoy en ella. Que yo ya pasé los veinte y que me muero de emoción por ver que me traen los treinta. Así, pude volver a escribir.










