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Soneto
Rodeada de gente
Hoy me siento sin ganas de hablar pero con todo un mundo por decir. Parece que mientras más callamos más necesidad tenemos de entendernos nosotros mismos. En medio de la sala llena de gente que se dice nuestra familia, aislados con una multitud de sensaciones en el pecho golpeando por dentro para salir. No encuentran la forma de hacerlo y se nos acumulan en la garganta cerrándola y haciendo que se sienta tensa. Pensando en la noche de ayer en la que hablábamos felices con desconocidos en un bar sobre trivialidades de la vida, parece que hoy no somos iguales y las trivialidades no nos salvan en medio de la selva de nuestra mente. Desconectados, mirando un punto fijo en el televisor, pensando en la lista de tareas que tenemos para mañana. Sin hablar, en automático, ya no sabemos si es tristeza o simple desgano, cansancio físico o del alma, pereza o dolor. ¿Que nos atormenta? ¿Como explicárselo a alguien, alguna vez? Ni nosotros sabemos que ocurre, que nos tiene en medio de la sala solos rodeados de gente. Pensar cansa y cansarse pesa, duele no actuar y duele tener siempre el sink resultado. El tiempo ya se perdió mientras lo usamos para pensar en lo que nos sucede, por qué no llegamos a nada y miramos la hora que ha transcurrido y miramos de nuevo en nuestro pensamiento y pensamos en sacar lo que tenemos en la garganta, y no podemos. Y entonces yo sigo sin ganas de hablar escribiendo esto, en medio de la sala, rodeada de gente.
Yo ya pasé los veintes
Quizá sea necesario recordarme como era yo antes de los 27. Hoy pensé en eso cuando me encontré frente a la hoja en blanco y tenía los dedos adormecidos y la cabeza llena de ideas importantes sobre los cuales escribir. No me salían las palabras. Parece que necesito recordar a la yo de los 23, cuando comenzaba a trabajar en radio y me encantaba conocer personas todos los días en mis producciones de tv. Cuando sentía la necesidad de que me escucharan; cuando me decepcionaba de las personas a las cuales no les importa lo que ocurre a su al rededor, cuando corregir las faltas de ortografía en cualquier cosa que leyera me llenaba de orgullo, cuando creía que todos los universitarios tenían la obligación de ser cultos e interesantes. Cuando hablaba ante un micrófono sobre la conciencia ecológica que nos falta a todos. Yo la de los veintes que disfrutaba caminar en las mañanas mirando a las personas haciendo ejercicio imaginándome historias de sus vidas y de por que estaban en ese parque, la que creía que formar una sociedad con amigos garantizaba el éxito en un negocio, la que disfrutaba de ver toda la cartelera de la cineteca y hablar por largas horas sobre vas guión, movimiento de cámara y actuación de todas las películas. La que creía en cambiar el mundo con la fuerza de la Juventud y creía que a nadie se le habían ocurrido jamás las mil ideas de las que hablaba con mis amigos por largas horas en un café de insurgentes. Aquella que tenía tiempo de pasar toda una tarde de lunes buscando libros antiguos que compraba con 60 pesos. Aquella que veía tan lejana la edad de los tienta que podía darse el lujo de pensar en que “ellos” eran demasiado grandes. La que asistía a conciertos de jazz bebiendo una copa de vino y terminaba en una fiesta de rock en el centro. Necesito recordar a esa chica que buscaba cada fin de semana un lugar diferente para bailar y terminaba en el mismo karaoke de Bolívar. Me olvide de quien trabajaba en una galería de arte y asistía a catas de vino, se interesaba por el surrealismo y no se perdía de una feria del libro con un buen amigo.Quien todos los sábados veía una película de woody allen y la disfrutaba. Pero yo ya pase los veinte y ahora me acerco al tercer piso. Al final recordé que todo lo que fui antes me convirtió en lo que soy ahora. Que el “nunca cambies” es la frase más limitadora y mediocre que le puedes decir a alguien y que no necesito tener de nuevo 23 para hacer lo que me gusta. Simplemente recordé que la vida sigue y yo estoy en ella. Que yo ya pasé los veinte y que me muero de emoción por ver que me traen los treinta. Así, pude volver a escribir.
Elle aimait la vie Il aimait la mort Il vivait pour elle Elle est morte pour lui
(via diamand)
¿Dónde empieza y dónde acaba la ficción?
Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.
Julio Cortázar
Sintió celos, creyó morir
Literatura clásica
Creer es crear
A propósito del2017
Pues ya casi estamos a mediados del primer mes de este nuevo año y parece que todos están trabajando en sus propósitos o por lo menos los tienen claros.
Pero no han pensado que esos grandes propósitos que parecen venderse a granel (bajar de peso, aprender un idioma, ahorrar, viajar más)son los mismos que cada año? ¿Para que seguimos haciendo grandes propósitos que nos hagan mejores versiones de nosotros si en realidad llevamos como cinco años tratando de cumplirlos? Nadie está obligado a hacer nada solo por q se los dictan.
Podríamos dejar de querer alcanzar esos vagos sueños de principio de año y empezar a disfrutar de verdad lo que sí tenemos. No digo que este mal querer mejorar pero no está padre estandarizar nuestra felicidad. Todos tenemos deseos reales que aunque no encajen en lo que nos dicen “te hace mejor”, los disfrutamos y nos hacen sentir mejores.
Por eso yo digo, si no te gusta ir al Gym¿por qué inscribirte?, puedes buscar otra actividad que en verdad te guste, bailar, caminar con tu perro,saltar la cuerda o hacer tai chi (si Es q a alguien Le gusta eso) Si nomas no te entra el inglés, estudia italiano! Si no te gusta el libro q Te propusiste leer, ¡déjalo! aunq sea de Cortázar. El caso es buscar lo que te mueve y proponerte hacerlo bien sin presionarte por ser mejor que el año pasado.
La vida no tiene reglas, tu las vas inventando.
¿Por qué no amas tu trabajo?
Esta es una pregunta común entre las platicas de muchas personas a mi alrededor, sin embargo las respuestas resultan ser bastante ambiguas y pareciera que muchas veces se contesta culpando a alguien más. No me encanta mi jefe, me cagan mis compañeros, me pagan muy poco, bla bla bla...
A veces yo misma me he preguntado ¿por qué no me apasiono como todos esos blogs de emprendimiento dicen que debería ser? soy creativa y trato de salirme a pensar “fuera de la caja” pero parece que no es suficiente que te guste hacer lo que haces si al final no llegas a nada. Me explico, a mi me gusta escribir, pensar, analizar y crear estrategias pero al final llego a un punto donde noto que por más cosas nuevas que haga, los resultados son los mismos, se entregará el mismo reporte donde mi trabajo ni se nota, el jefe de mi jefe le pedirá el mismo reporte que pide de hace años, donde miden lo mismo (aunque ya no sea importante) y entonces solo se concentrará en dos puntos y todos los nuevos resultados de las nuevas estrategias no valen, no se notan, no sirven.
Esto amigos, es realmente frustrante y estoy segura que no solo es mi caso; hace un tiempo platicaba con un amigo que se dedica al desarrollo web y trabajaba para una de esas grandes empresas en la que cualquiera querría trabajar, con gran reputación y con el reconocimiento ese de “Great Place to Work, pero resulta que estar dentro de esa empresa no es tan gran cosa como se piensa. Él desarrollaba nuevos programas que automatizaban procesos dentro de esta organización y hacia el trabajo mas sencillo para todos (menos para él) se apasionaba y le gustaba hacer lo que hacía, sin embargo un día se dio cuenta de lo mismo que yo; no pasaba nada más. Si hacia más programas , más le pedían, mas presión tenia pero nunca más reconocimiento o mas lana. Al final se salió.
Ante estas situaciones me surge la pregunta ¿hizo bien?¿Es lo que debemos hacer todos los que nos sentimos frustrados en el trabajo?. La respuesta mas inmediata sería ¡claro! vamonos todos a emprender y ser nuestros propios jefes. Pero ahora les tengo otra pregunta: ¿Es justo?, me refiero a que hay personas que les gusta tener un empleo seguro, que son buenos en sus trabajos y les gusta crear cosas nuevas en ellos, pero ¿saben qué?, a veces creemos que ya no existen, criticamos a las personas que no “quieren superarse” se nos hace horrible permanecer más de dos años en una misma empresa o en un mismo puesto (me incluyo) y pensamos que si no nos gusta algo, debemos irnos y ya. Pero no se, me surge la reflexión sobre qué tan justo es tener que irse de un lugar donde haces las cosas que te gustan, donde haces amigos, donde has aprendido y lo estás aplicando. Qué tan justo es que abandones un lugar donde podrías crecer por sentirte estancado. ¿De quien es la culpa?¿Como se supera esa crisis?
No, no daré una respuesta a eso, no soy coach de vida ni imparto charlas de motivación personal, simplemente hago una mínima reflexión sobre la presión absurda que a veces nos consume y que no nos deja sentirnos plenos, ¿Cual será el tope de la felicidad?¿existe alguno?
Aún no lo se pero escribo sobre esto para hacer mi propia catarsis de los problemas del día a día.