Y aquí, en medio de esta noche intensa, les comparto la bella luna gitana. Al igual que la luna mora, que es cuando está en su fase final de menguante, la luna gitana, es cuando comienza a verse en creciente.
Mi amigo Federico García Lorca en el Romancero gitano, nos dejó estos versos:
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Para mí, Lorca aunque no era gitano, supo escuchar el latido del pueblo gitano como pocos, mostrándolo como un símbolo de libertad, de pasión y de misterio, pero también con ese toque de destino trágico. Siempre me ha impresionado cómo defendió el cante jondo y cómo buscó en ese arte lo que él llamaba el duende, esa fuerza que atraviesa la piel y habla desde lo más hondo. De hecho escribió una teoría muy interesante sobre esto.
Y en medio de todo ese universo aparece la Luna. Pero no una luna cualquiera: la luna gitana. Esa luna que él describe no es solo un astro en el cielo, es una luz que es esa atracción por lo inalcanzable, que ilumina y a la vez se nos escapa.
Luna mora, luna gitana… Mi luna vive en la frontera, entre Piscis y Aries. Es agua siendo la emoción que conecta y a la vez una chispa que arde iluminando lo invisible . Todos la pueden mirar, y proyectar en ella sus deseos, sus miedos, sus anhelos… Es una luna mora y gitana, nómada y errante, expuesta y rodeada de miradas. Y yo, desde dentro, a veces siento que no puedo devolver esa mirada. Quiero fundirme en el todo, pero también necesito afirmar mi ser. Esa tensión me acompaña: la fascinación que provoco y la distancia que guardo. Esas voces en el silencio son mis propias memorias revelándome lo que a plena luz se olvida, lo que parece que ya no importa, una luna que sigue sus ciclos sobre el cielo, más allá de los bloques…
Buenas noches dragoncitos 🌙🐉








