Dices ser duro como una piedra?
Dices que no hay nada que a ti te detenga?
Venga, pues...
Somos sencibles, realmente lo somos.
Ante algún percance por miserable que parezca, nuestros receptores de empatía se avivan.
Pero no por todo, ni para todos.
Si no por algún motivo preciso, con su razón y su raíz bien definidas.
No nos doblamos a la primera, pero si han podido derretirnos después de varios intentos por acabar con nosotros.
Fuimos más fuertes que el metal, más insensibles que un muerto.
Pero hasta el metal más fuerte se funde y hasta el muerto más arrepentido busca alivio a su dolor aún después de su partida.
Somos mierda y agua.
Gas propano y oxígeno.
Bocanada de estres entre bugambilias y narcisos que florecen por qué sí.
Somos la perdición de este planeta que solo nos quería conservar para vivir feliz.
Ocupaba quien peinara sus largos cabellos llenos de prados.
Quería quien nadara con ella sobre sus mares.
Le hacía falta quien leyera entre sus árboles la música que sin querer entonaba.
Necesitaba que la amaramos, a pesar de sus temblores y sus inundaciones constantes, y ni hablar de cuando quiere sacar lo de dentro.... su dolor, su magma.
Y nosotros, avaricisos humanos , solo nos preocupamos por saber si tendremos plata para pagar lo que debemos.
Merecido tenemos lo que nos ha pasado.
Verdad que ahora si te das cuenta que somos iguales.
Negros, cafés, amarillos, rojos y blancos.
Que lo único que nos diferencia es la prudencia, la apatía y la cordura, nada de esos complejos mentales que nos han hecho creer.
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