Tóxicos
Ulises
Aldo y yo teníamos una relación demasiado tóxica en la que yo lo celaba bastante. A mí no me gustaba que hablara o pensara en otros chicos, él sólo podía ser mío y yo debía ser el único hombre en su vida, eso ocasionaba que tuviéramos bastantes peleas y discusiones en las que me amenazaba con terminarme, lo cual no me importa porque lo tenía bien dominado y al final siempre lograba que me perdonara. Simplemente no podía vivir sin mí... Hasta que un día me dejó.
No podía tolerar que se hubiera ido con otro, se la pasaba subiendo fotos con él, que yo veía desde mi cuenta falsa. Sabía que por culpa de su nuevo noviecito ya no regresaría nunca conmigo. No podía dejar que eso sucediera, él sólo podía ser mío y de nadie más.
Así que alterado por los celos, hice un plan: cambiaría de cuerpo con su nuevo novio con un hechizo que encontré en internet y así se quedaría conmigo para siempre. Así que seguí las instrucciones y realicé el hechizo.
De pronto me encontraba en el departamento de Aldo, noté que él seguía dormido a mi lado cubierto por las sábanas. Estaba desorientado, me di cuenta de que estaba en ropa interior, y mi cuerpo era más delgado, mis piernas estaban diferentes, miré mis manos, mis pies, toqué mi abdomen, definitivamente estaba en el cuerpo de otra persona. Estaba muy acelerado, un rush de adrenalina recorrió mi nuevo cuerpo mientras sentía una mezcla de incomodidad e intriga, no sé si por el hecho de saber que Aldo volvería a estar conmigo o que ahora viviría siendo otra persona. Debía inspeccionarme.
El corazón me latía con fuerza, no podía creerlo, todo había salido a la perfección... excepto por una cosa. Busqué al fastidioso noviecito en el espejo, pero la realidad era distinta: ¡me había convertido en Aldo! Sentí un hueco en el pecho, algo había fallado con el hechizo y había cambiado de cuerpo con mi exnovio. Esto no es lo que yo quería, pero por lo menos puedo asegurarme de que Aldo será mío por siempre.

















