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Las macanas, la Sorbona y el ajuste
Las macanas, la Sorbona y el ajuste
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y su esposa, llegaron a la Casa Rosada minutos después de las 12 del mediodía para mantener una reunión con el presidente Mauricio Macri y la primera dama, Juliana Awada. Después, en conferencia de prensa, el mandatario argentino le dijo a su par francés que “muchas de las macanas que cometimos nosotros las aprendimos allá, en la Sorbona”, en referencia…
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A los que controlan su futuro, les aviso que la vida se enamoro del destino y de vez en cuando hacen macanas.
¡Seguimos celebrando en familia!🎉#Cumpleaños26 #Comper #Primos #Macanas (en Fracc. Carrizal)
Nemesio Canales analiza la Reforma de la Policia de 2015
POLICÍA Y MACANAS (1913) La prensa de estos días ha protestado ruidosamente contra un atropello cometido por un miembro de la policía en la persona de un caballero de San Juan. Francamente; bien miradas las cosas, creo yo que no hay motivo para alarmarnos y alborotarnos tanto cada vez que a uno de la policía se le va la mano y tiene la desgracia de estropear a alguien. Una de dos: o nos acabamos ahora mismo de caer de algún nido, o estamos perfectamente enterados de que una macana solo sirve para pegar, y que si hemos autorizado al policía para que la use, esto es, para que pegue, le hemos puesto en el caso de que se aficione a pegar, y ya fomentada por nosotros mismos la afición de pegar–y hasta premiada con un sueldo–no nos debe extrañar que le pegue y machaque al lucero del alba. Creo que la cosa no puede ser mas sencilla. Désele al hombre más pacífico, mas inofensivo de este mundo, una carabina; oblíguese a ese a que cargue con la tal carabina para donde quiera que vaya, y ya se verá como no pasa mucho tiempo sin que el hombre cordero coja confianza con la terrible arma y a cada paso y por un quítame allá esas pajas se sentirá dispuesto a dispararla. No hay que ser un doctor en psicología para darse cuenta de la enorme e irresistible influencia que ejerce en nosotros–en lo más íntimo y aparentemente inaccesible e inmutable de nuestro carácter–el hábito prolongado de realizar determinado acto. ¡Qué de susto bien o mal disimulado, no sentimos la primera vez que subimos a un automóvil! Y, sin embargo, si seguimos subiendo un día y otro día, no tardaremos en perderle todo el miedo a la máquina hasta punto de tragarnos con perfecta impasibilidad leguas y más leguas en vertiginosa carrera. ¡Qué tensión de nervios la del cirujano que por primera vez se dispone a abrirle la barriga a un semejante! Continúa, sin embargo, el cirujano abriendo vientres, y antes de llegar al décimo vientre ya hunde su cuchilla, con la misma frialdad con que se trincha un ave. ¿A que seguir amontonando ejemplos para dejar demostrada cosa tan sabida? Y si esto es así, ¿no cometemos una tremenda inconsecuencia al quejarnos de uno de la policía porque machacó en San Juan la cabeza de un caballero, siendo así que hemos sido nosotros los que hemos puesto al guardia la macana en la mano, haciéndole por fuerza contraer el feo hábito de triturar cabezas. Se me dirá que le hemos dado la macana, no para atropellar a nadie, sino para que la use discretamente, cuando sea absolutamente necesario para conservar el orden; pero ¿quien puede negar que del uso nace el abuso, y que quien tiene por oficio romper cráneos acaba fatalmente, aunque sea un santo por familiarizarse poco a poco con la vil tarea hasta llegar a romperlos al menor pretexto? queda, pues, la cuestión reducida a un dilema bien claro: o se hunden las macanas para que se salven las cabezas, o se hunden las cabezas para que se salven las macanas. ¿No queremos que ocurran más atropellos repugnantes como ese de San Juan y como otros mil que han ocurrido y ocurrirán en la isla? Pues no hay más que un remedio, por cierto bien sencillo: suprimir para siempre la macana, esa salvaje y repugnante macana que da tan lamentable idea de lo que somos, y que es una tentación perenne para el que no la lleva. Pero es – me dirán los cándidos enamorados del orden– que entonces quedaría la policía desarmada sin medios de imponer su autoridad. Pero es – contesto yo– que en la gran mayoría de los casos la presencia del uniforme basta por si sola para poner a raya a los mas audaces, y que aún si esto no fuera verdad, siempre queda el recurso de sustituir la macana con el sable o el revólver. Pero es–se me volverá a decir–que entonces tendremos otra vez al guardia inclinado a dar cuchilladas o tiros en lugar de palos, y habremos empeorado las cosas. Y yo vuelvo a responder a esta nueva objeción que si me dejaran la cosa a mi yo suprimiría macana, sable y revolver, dejando sólo en manos del agente policiaco un palillo de dientes, y de este modo el pueblo no tendría ante sus ojos el corruptor ejemplo de grosería y de violencia que ofrece un guardia armado de cualquier cosa, llámese garrote o revolver Yo quizás haría más; yo suprimiría al guardia, ya que lo creo más nocivo que eficaz como instrumento de orden, pues esta demostrado que no hay mejor ni más barata policía que el pueblo mismo Pero como seria difícil, dado lo bárbaro de nuestro actual estado social, convencer a las gentes de cosa tan clara, sigo abogando por la salvajada menor del sable o el revólver, para sustituir la salvajada mayor de la macana. El sable o el revólver hieren, matan; pero no machacan, no trituran, no ofenden de manera tan brutal como la macana todo sentimiento de dignidad humana. No creo que haya nada en este mundo tan innoble como un macanazo. ¿Que hombre, por poco delicado que sea, no prefiere mil veces ser herido de muerte por un sable o la bala de un revólver a soportar la atroz ignominia de unos macanazos? Decididamente es increíble que en el seno de una sociedad civilizada y cristiana se tolere que haya representantes de la autoridad que lleven, como emblema de su misión oficial un grosero garrote pendiente de un cordón. La verdad es que una sociedad así solo merece que le abran la cabeza a garrotazo limpio……….
Nemesio Canales (1878-1944)
http://www.powercruising.com/pr/canales.html