Mi madre
Mi madre era todo lo que se dice una mala mujer. Madre soltera, bisexual, promiscua, disfrutona y seropositiva. A punto estuvo de abortarme, pero al final no lo hizo. No puedo imaginarme una madre más zorr4 que la mía.
Ni mejor, porque mi madre nunca se olvidó de la vida hasta que se murió, me enseñó qué es tener que irte de esta fiesta que es el mundo cuando quieres quedarte. Me mostró que había cosas de ella que no tenían que ver conmigo. Y que eso no hacía que quisiera menos a su hijo sino que hacía que ella se quisiera más.
Mi madre me dio la oportunidad de observarla siendo ella y no solo mi madre. Así, cada vez que se se ponía un escote hasta el ombligo, el print de leopardo, cada vez que se maquillaba los ojos de negro y el pendiente brillante le llegaba a la clavícula, cada vez que salía por la puerta de casa a comérselo todo y me daba un beso. Lo que mi madre me estaba diciendo es que yo no era lo único. Lo que me estaba dando a entender es que había más que nosotros. Y que eso estaba bien.
Hoy hace muchísimos años que mi madre fue incinerada al aire libre al borde de un acantilado. Antes de eso siempre me dijo que yo tenía que ser la persona que fuera. Me hizo sentir bueno y guapo. Hoy hace mucho tiempo que el cuerpo de mi madre ese que albergó la lengua con la que hoy beso. Ese que creó la piel del contorno de mis ojos arrugados. Ese que construyó mi brazos.Desapareció.
Pero lo que no se ha ido nunca fue ese fuego. Ese explosión de colores que fue ella mi madre. Lo que me dejó fue su idea de la libertad.
Sol. Así se llamaba mi madre. Y cada vez que escribo intento no juzgar a nadie. Porque a ella la juzgaron siempre. Por ser, por desear, por amar, por no encajar en el molde de la buena mujer. Me habría gustado que toda esa gente hubiera pasado una tarde en mi casa con ella y conmigo. Una tarde cualquiera. Jugando a un juego de mesa. En la que ella me miraba como a alguien importante. Y yo quería parecerme a ella.
(Créditos a quien corresponda)















