“para situarlos de nuevo en nuestra vida ...”
La enfermedad y el sufrimiento no son una misma cosa, pero a veces necesitamos de la enfermedad para hacer nuestro sufrimiento más llevadero y espantar fantasmas e incomprensiones propias y ajenas. Y por eso funciona. Porque necesitamos que nuestra ansiedad, o nuestra depresión, o la conducta perturbadora de nuestros hijos no sean un capricho, que nuestro "no poder tirar" con la vida, de las cosas,... no suene a no querer o debilidad. Pero aunque enfermedad y sufrimiento no sean una misma cosa tenemos derecho a sufrir, a ser vulnerables, y débiles, y extraños, y a no poder y a no saber sin que necesariamente tengamos que estar enfermos o sin que necesariamente algo funcione mal ahí dentro.
Cuando sufrimos, cuando algo nos va mal psicológicamente tenemos derecho a que nos escuchen y a pedir ayuda y a que nos ayuden personal y profesionalmente, tenemos ese derecho más allá de estar enfermos o no, sólo por el hecho de ser humanos. Y a la vez necesitamos un fuerte compromiso con nosotros mismos, aunque sea difícil y duela, para sacar del exilio del cerebro y la enfermedad a nuestros problemas, nuestros recuerdos, nuestras lágrimas y sufrimientos, para situarlos de nuevo en nuestra vida, y aceptar la responsabilidad de trabajar con ellos en escena para vivir nuestra vida, que es la vida misma, con sentido y plena. A veces como un mar en calma, otras como una tormenta.















