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El baile de los 8x5+1 (La película)
Cuando eres una persona LGBT, la fiesta tiene una dimensión política. Para nosotrxs, la fiesta es un espacio de emancipación, una celebración de deseos e identidades que históricamente han sido objeto de humillación y de persecución; deseos e identidades que todavía hoy son motivo de castigo --a veces castigos fatales-- alrededor del mundo . La Fiesta --sí, con mayúsculas-- es un espacio casi sagrado. Tan sólo asistir a una fiesta temática con las amistades, a una reunión gaymer, a un ball, a una fiesta en una locación misteriosa con cuota de acceso y diferentes DJs --por no hablar de organizar semejantes eventos-- es casi un ritual para nosotrxs; esperamos estos eventos con emoción, generamos grandes expectativas, preparamos atuendos y planeamos gastos con anticipación, todo para disfrutar de una noche donde podamos gozar siendo lo que somos de manera libre, sin vergüenza, sin miedo al odio, a la persecución y al castigo. Quizás el ejemplo más obvio sea lo que la Marcha del Orgullo de la Ciudad de México representa para la gente LGBT que vive en otros estados y que año con año realiza el peregrinaje veraniego a la capital (gay) del país para celebrar el día (y la noche) más jota del calendario. En México, esta tradición tiene como referente más antiguo el mítico Baile de los 41 maricones.
Uno puede pensar que el Baile de los 41 maricones es un evento histórico nacional, un suceso que pertenece a todos los mexicanos, pero mi impresión personal es que no es así. Este evento forma parte de la historia LGBT en México y, para ser sincero, lo considero propiedad nuestra; no del "pueblo" de México sino de sus desviadxs. Quisiera pensar que muchas otras personas estarán más o menos de acuerdo conmigo. Es desde esta perspectiva que me fue casi imposible disfrutar de la película El baile de los 41. No voy hablar aquí de sus méritos técnicos o de la ausencia de ellos, sino de la manera en la cual este mítico evento fundacional para la cultura LGBT mexicana queda reducido a una película sobre maricones para el consumo heterosexual. Adelante con los spoilers.
Para empezar, hay que decir que El baile de los 41, de hecho, no trata sobre el baile de los 41 maricones sino sobre la relación entre el maricón no. 42, el diputado Ignacio de la Torre, y su esposa Amada, hija de Porfirio Díaz. Esta no es la historia de un baile, ni de 41 maricones --de hecho, el baile dura en pantalla menos de 4 minutos, incluyendo el vestuario, el peinado y el maquillaje-- es la historia de un closetero que hace sufrir a su esposa por homosexual y mentiroso. La película nos muestra a un Ignacio que maltrata a su esposa de manera reiterada, ya sea teniendo relaciones de mala gana, forcejeando por arrebatarle una llave, arrastrándola fuera del cuarto, mintiéndole o simplemente distanciándose de ella. Nos muestra también un Ignacio que intenta pasarse de listo para avanzar su carrera política, que es terco, inmaduro y deshonesto. Por otro lado, la película nos presenta una Amada que inicia como una esposa entusiasta y amorosa, pero que se vuelve violenta al darse cuenta no tan gradualmente de que su esposo es homosexual. La película se esfuerza tanto por hacernos empatizar con Amada (y tan poco con Ignacio) que el intento de abuso sexual por parte de ella pasa casi inadvertido al ser visualmente menos dramático que la manera en que él la empuja y arrastra fuera del cuarto para resguardarse. Podría decirse que la parte central de la trama consiste en retratar cómo una mujer heterosexual sufre por culpa de un maricón. Malditos maricones.
La otra parte de la trama es el romance entre Ignacio y Evaristo, un abogado que Ignacio integra en el club de los 41 maricones. El trágico romance culmina en un hermoso cuadro al final de la película en el que Ignacio llora en silencio al enterarse que Evaristo murió estando preso, resultado de la redada en el baile. Esta parte de la trama pretende ser una especie de Brokeback Mountain llevada al Porfiriato. El problema con esto es que, por un lado, la película jamás se preocupa por hacernos empatizar con Ignacio y, por el otro, el romance entre ambos hombres no es verosímil. La película muestra a Ignacio y a Evaristo teniendo relaciones sexuales en repetidas ocasiones, pero no los muestra construyendo la intimidad que se asume entre ellos hacia el final de la película. Resulta difícil creer que estos dos personajes realmente están enamorados; quizás sería más fácil pensarlo si al menos se besaran de lengüita, pero no lo hacen. En fin, la falta de desarrollo de ese romance en pantalla provoca que el último cuadro de la película no sea tan conmovedor como pretende serlo (a diferencia del cuadro final de las dos camisas colgadas en la puerta del armario en, de nuevo, Brokeback Mountain). No sé, a lo mejor para los malditos maricones el amor se reduce sólo a coger.
Quizás el punto que me parece más crítico de "El baile de los 41" es que, a diferencia de lo que mencioné arriba sobre lo que la Fiesta representa para las personas LGBT, esa parte gozosa de la celebración de nuestros deseos e identidades está ausente en la mayor parte de la película. Es cierto que la película tiene escenas de maricones bebiendo, riendo, cogiendo, travestidos, cantando y representando comedias, pero la manera en que estas imágenes están retratadas a menudo resulta en incomodidad y desconcierto, si no es que en una completa caricaturización. A mi parecer, esto es resultado de la iluminación, de la fotografía, del movimiento de la cámara, de la musicalización y del comportamiento de los actores secundarios. Como mencioné antes, el baile tal cual tiene una duración menor a 4 minutos en la pantalla, lo cual corresponde a dos secuencias. En la primera de ellas vemos a los maricones preparándose para el baile: comienza con un primer plano de un maricón maquillándose y que parece llorar de felicidad --todo bien ahí-- pero esto es seguido por un movimiento de cámara que muestra a otros maricones empelucados tratando de ajustarse el corset, no vemos sus caras porque están en la penumbra, sólo alcanzamos a distinguir las pelucas, las uñas largas y las formas del corset entre las siluetas; a continuación tenemos un primer plano de Ignacio, pensativo y visiblemente triste mientras se maquilla; toda la secuencia va acompañada de una desconcertante melodía de piano. La segunda parte del baile muestra a los 42 maricones bailando, la mitad en vestidas, sí, pero con los cuerpos y las caras rígidos la mayor parte del tiempo. No es sino hasta que esa desconcertante música de piano se acelera y la escena comienza a intercalar imágenes de la policía acercándose que vemos a algunos maricones reír y disfrutar --menos de 20 segundos--. Esta no es la emoción que sentimos los LGBT cuando nos preparamos para la fiesta más esperada del año, ni la euforia que nos inunda cuando ya estamos ahí.
No hay goce, afirmación, ni reivindicación. Al contrario, la película parece mirar a los maricones con extrañeza, retratándolos como seres humanos superficiales, insulsos, ridículos e incapaces de ser felices. Algo similar a lo descrito en el párrafo anterior ocurre en las escenas que mostraban las actividades típicas del club de los maricones en partes previas de la película. En una de ellas incluso hay un contrapunteo muy particular: se escucha una conversación fuera de cuadro de uno de los maricones en torno a sus obligaciones familiares con su esposa e hijos mientras vemos a los hombres pasándola bien y jugando billar, hasta que la cámara se centra otra vez en el rostro acongojado de Ignacio. Este club no es un espacio de libertad y emancipación, de celebración de las identidades, es un circo de lo extraño bajo el yugo de la heterosexualidad obligatoria, escrito y filmado desde la mirada heterosexual. Miren a estos malditos maricones.
Después de ver la película, encontré una entrevista donde la guionista afirma que su objetivo era "contar, rescatar y resignificar" el baile de los 41 maricones "o sea, dejar de hablar de este suceso histórico como si fuera un chisme y empezar a darle la importancia que tiene dentro de la historia de nuestro país." Aquí surge la pregunta "¿Quiénes son ese "nosotros" cuando la guionista habla sobre "nuestro país"? Al hacer una película cuya trama se centra en un matrimonio heterosexual (entre un hombre y una mujer), que retrata a los hombres homosexuales de manera superficial, incluso llegando a caricaturizarlos, que muestra a estos hombres como incapaces de ser felices y que deja de lado lo que el mito de los 41 representa para la gente LGBT en mexico, la película está muy lejos de resignificar este suceso histórico. Al contrario, me atrevería a decir que la película reproduce (quizás de una manera más sutil, pero no por ello poco perniciosa) el escándalo moral que la prensa nacional propagó a partir de este suceso a lo largo de varias décadas.
Quizás los realizadores de la película asumen, como lo hacía la prensa al hablar del baile de los 41 maricones, que ese "nosotros" al que se refieren cuando hablan de "nuestro país" no somos nosotrxs --las lenchas, los maricones y demás desviadxs--. Piensan en nosotrxs como el tema, pero no como el público. No se les ocurre que el mito de los 41 maricones pueda formar parte de uns cultura y una tradición de resistencia, disidencia y sobrevivencia; ignoran que nuestra Fiesta tiene una dimensión política. Tal vez no se percatan que, como público, lxs desviadxs queremos y necesitamos otras narrativas, otros enfoques y perspectivas. O lo mejor sí se dan cuenta, pero por alguna razón prefieren atender al público heterosexual, o quizás piensen que por poner hombres guapos cogiendo y desnudos frontales en la pantalla, los maricones nos vamos a dar por bien servidos. Ojalá algún día tengamos la película sobre el baile de los 41 maricones que los maricones y desviadxs verdaderamente merecemos. Rescato, eso sí, la escena donde Ignacio, Evaristo y sus amigos caminan borrachos a altas horas de la noche por las calles del ahora centro histórico de la Ciudad de México haciendo desfiguros; ese sí fue un buen homenaje a una muy bonita tradición de maricones que espero podamos retomar pronto.
Con lengua diría yo la vdd
Alguna Veces Me Cohibo de DECIR lo que PIENSO y de EXPRESAR lo que SIENTO porque hay muchos Mamahuevos.
Algunas Veces No, Es Todo El Tiempos.
Mucho Faránduleo... 👻
Descubriendo cosas nuevas II
Descubriendo cosas nuevas II
Bueno estábamos en nuestras pajas y yo con ganas de medirle el aceite a Jose cuando sonó la puerta era la mucama diciendo que a que horas le iba a hacer el aseo. Jose dijo que después..
Entonces retome yo mi posición y me la engullí con exquisitez con un leve movimiento imitando lo que sucedía en ese momento en la pelicula… Jose se bajo los interiores y pantalones y…
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