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How about a plot twist? Connor is transported to the crusades. How would that change things, if at all, and how would he and Altair get along? Any romance for Connor? If so, with whom?
If, in this scenario, Ratonhnhaké:ton is thrown into the Third Crusades during the plot of AC1 (maybe he got punted just after the failed Jerusalem mission). In this case, there would be enough information for him to know that he’s been sent to the past. Personally, I believe he would try to return to his village first, maybe try to find out why he was sent there in the first place, but, to do that, he would need a ship and a crew.
His Eagle Vision would tell him to try his luck in an unassuming building and that’s where he would first make contact with the Rafiqs.
To be more exact…
With Malik.
Unorganized Notes:
In this setup, we’re going for Ratonhnhaké:ton being in the middle of the plot of AC3, old enough to be a great Assassin but young enough to still need a bit of guidance
I threw him in Malik’s direction because Malik would be curious enough to interact with him, smart enough to realize that Ratonhnhaké:ton is an Assassin from another Brotherhood far away from them, and kind enough to act like a mentor to Ratonhnhaké:ton. Throwing him in Masyaf would be asking for trouble since Al Mualim wouldn’t risk an unknown Assassin screwing his plans now (although this would set a plot of Ratonhnhaké:ton versus Altaïr though which could be fun but would easily fall on the pitfall of Hollywood team-up plotlines). The other two Rafiqs would be a bit harder to pinpoint but they would definitely alert Al Mualim about Ratonhnhaké:ton. Malik has a slight chance of not doing the same thing because he would see that Ratonhnhaké:ton wants to remain ‘not seen’ and he’ll do it until he’s sure that Ratonhnhaké:ton is not a danger to the Brotherhood.
Ratonhnhaké:ton wouldn’t have that much information about the Levantine Brotherhood. Hell, he might not even recognize Altaïr at all since Achilles didn’t exactly give him a big rundown of the Brotherhood’s history. At best, he might think he’d heard of Altaïr before but can’t remember where.
This would make him and Altaïr have a relationship with equal footing. Ratonhnhaké:ton and Altaïr won’t exactly get along at the start. Altaïr would find him to be too secretive to be trustworthy. Ratonhnhaké:ton would be annoyed by Altaïr’s arrogance. They would have a ‘forged in fire’ kind of friendship, especially after Altaïr starts to change for the better.
Ratonhnhaké:ton’s main goal is to get a ship and a crew to sail back to his village but he will get sucked into the whole Assassin versus Templar thing because he can’t find it in himself to not care. Especially when this supposed crusade hits too close to what was happening back in his time.
Romance-wise… is it weird that I can kinda see Ratonhnhaké:ton and Maria having something? Like, even if it’s not going to lead to anything, they would definitely have a crush on one another. Also, Ratonhnhaké:ton would definitely see Maria as a formidable opponent without caring about her gender and treat her with respect befitting his kinda-sorta rival. Maria would see that and be… interested in Ratonhnhaké:ton because of it.
On the other side, Malik treating Ratonhnhaké:ton more like a younger brother? Maybe even have a scene of Ratonhnhaké:ton reminding him that he is not the brother he lost and Malik agreeing with him, there was no way he would replace Kadar. It’s just… They both lost someone dear to them and they’re not looking to replace them. They just see someone in pain like them and they tried to help. In the end, found family!
Ratonhnhaké:ton and Altaïr ending up as BFF would be fun too and acting as each other’s ‘woahwoahwoah, my friend didn’t mean it like that! Let me explain!’ whenever someone misunderstand them (mostly Christians)
VAMOS MARICONEEEEES, pucha que penca que justo lo hice el día que me acorde que era maricona también, lo bueno es que lo soy todo el año así que no hay problema
oh dios mio hicieron maricon coin
Marica Pride Flag
Marica: maricón in Spanish. Outdated in Portuguese, except when used with desinences (i.e. maricona). Sometimes used with decolonial derivations, such as maryka, maryca, or marika, othertimes reused with queer, such as mariqueer (Westerner/Anglo-Saxon/French), marikuir (Latinx), marikweer (Chinese/East Asian), and maricuir (Brazilian/Portuguese), and maverique or in neoneuter or neonull, such as marique or marike and maricx or maric.
It can be recepted as profanity, depending the culture. However it's been reclaimed as many groups, such as Red NoBinarie Latinoamericana.
(edit) A simplified version [ID.: 5 stripes with royal pink, cyanish black, greyed indigo, reddish golden white, and aubergine yellow. End ID.]
El baile de los 8x5+1 (La película)
Cuando eres una persona LGBT, la fiesta tiene una dimensión política. Para nosotrxs, la fiesta es un espacio de emancipación, una celebración de deseos e identidades que históricamente han sido objeto de humillación y de persecución; deseos e identidades que todavía hoy son motivo de castigo --a veces castigos fatales-- alrededor del mundo . La Fiesta --sí, con mayúsculas-- es un espacio casi sagrado. Tan sólo asistir a una fiesta temática con las amistades, a una reunión gaymer, a un ball, a una fiesta en una locación misteriosa con cuota de acceso y diferentes DJs --por no hablar de organizar semejantes eventos-- es casi un ritual para nosotrxs; esperamos estos eventos con emoción, generamos grandes expectativas, preparamos atuendos y planeamos gastos con anticipación, todo para disfrutar de una noche donde podamos gozar siendo lo que somos de manera libre, sin vergüenza, sin miedo al odio, a la persecución y al castigo. Quizás el ejemplo más obvio sea lo que la Marcha del Orgullo de la Ciudad de México representa para la gente LGBT que vive en otros estados y que año con año realiza el peregrinaje veraniego a la capital (gay) del país para celebrar el día (y la noche) más jota del calendario. En México, esta tradición tiene como referente más antiguo el mítico Baile de los 41 maricones.
Uno puede pensar que el Baile de los 41 maricones es un evento histórico nacional, un suceso que pertenece a todos los mexicanos, pero mi impresión personal es que no es así. Este evento forma parte de la historia LGBT en México y, para ser sincero, lo considero propiedad nuestra; no del "pueblo" de México sino de sus desviadxs. Quisiera pensar que muchas otras personas estarán más o menos de acuerdo conmigo. Es desde esta perspectiva que me fue casi imposible disfrutar de la película El baile de los 41. No voy hablar aquí de sus méritos técnicos o de la ausencia de ellos, sino de la manera en la cual este mítico evento fundacional para la cultura LGBT mexicana queda reducido a una película sobre maricones para el consumo heterosexual. Adelante con los spoilers.
Para empezar, hay que decir que El baile de los 41, de hecho, no trata sobre el baile de los 41 maricones sino sobre la relación entre el maricón no. 42, el diputado Ignacio de la Torre, y su esposa Amada, hija de Porfirio Díaz. Esta no es la historia de un baile, ni de 41 maricones --de hecho, el baile dura en pantalla menos de 4 minutos, incluyendo el vestuario, el peinado y el maquillaje-- es la historia de un closetero que hace sufrir a su esposa por homosexual y mentiroso. La película nos muestra a un Ignacio que maltrata a su esposa de manera reiterada, ya sea teniendo relaciones de mala gana, forcejeando por arrebatarle una llave, arrastrándola fuera del cuarto, mintiéndole o simplemente distanciándose de ella. Nos muestra también un Ignacio que intenta pasarse de listo para avanzar su carrera política, que es terco, inmaduro y deshonesto. Por otro lado, la película nos presenta una Amada que inicia como una esposa entusiasta y amorosa, pero que se vuelve violenta al darse cuenta no tan gradualmente de que su esposo es homosexual. La película se esfuerza tanto por hacernos empatizar con Amada (y tan poco con Ignacio) que el intento de abuso sexual por parte de ella pasa casi inadvertido al ser visualmente menos dramático que la manera en que él la empuja y arrastra fuera del cuarto para resguardarse. Podría decirse que la parte central de la trama consiste en retratar cómo una mujer heterosexual sufre por culpa de un maricón. Malditos maricones.
La otra parte de la trama es el romance entre Ignacio y Evaristo, un abogado que Ignacio integra en el club de los 41 maricones. El trágico romance culmina en un hermoso cuadro al final de la película en el que Ignacio llora en silencio al enterarse que Evaristo murió estando preso, resultado de la redada en el baile. Esta parte de la trama pretende ser una especie de Brokeback Mountain llevada al Porfiriato. El problema con esto es que, por un lado, la película jamás se preocupa por hacernos empatizar con Ignacio y, por el otro, el romance entre ambos hombres no es verosímil. La película muestra a Ignacio y a Evaristo teniendo relaciones sexuales en repetidas ocasiones, pero no los muestra construyendo la intimidad que se asume entre ellos hacia el final de la película. Resulta difícil creer que estos dos personajes realmente están enamorados; quizás sería más fácil pensarlo si al menos se besaran de lengüita, pero no lo hacen. En fin, la falta de desarrollo de ese romance en pantalla provoca que el último cuadro de la película no sea tan conmovedor como pretende serlo (a diferencia del cuadro final de las dos camisas colgadas en la puerta del armario en, de nuevo, Brokeback Mountain). No sé, a lo mejor para los malditos maricones el amor se reduce sólo a coger.
Quizás el punto que me parece más crítico de "El baile de los 41" es que, a diferencia de lo que mencioné arriba sobre lo que la Fiesta representa para las personas LGBT, esa parte gozosa de la celebración de nuestros deseos e identidades está ausente en la mayor parte de la película. Es cierto que la película tiene escenas de maricones bebiendo, riendo, cogiendo, travestidos, cantando y representando comedias, pero la manera en que estas imágenes están retratadas a menudo resulta en incomodidad y desconcierto, si no es que en una completa caricaturización. A mi parecer, esto es resultado de la iluminación, de la fotografía, del movimiento de la cámara, de la musicalización y del comportamiento de los actores secundarios. Como mencioné antes, el baile tal cual tiene una duración menor a 4 minutos en la pantalla, lo cual corresponde a dos secuencias. En la primera de ellas vemos a los maricones preparándose para el baile: comienza con un primer plano de un maricón maquillándose y que parece llorar de felicidad --todo bien ahí-- pero esto es seguido por un movimiento de cámara que muestra a otros maricones empelucados tratando de ajustarse el corset, no vemos sus caras porque están en la penumbra, sólo alcanzamos a distinguir las pelucas, las uñas largas y las formas del corset entre las siluetas; a continuación tenemos un primer plano de Ignacio, pensativo y visiblemente triste mientras se maquilla; toda la secuencia va acompañada de una desconcertante melodía de piano. La segunda parte del baile muestra a los 42 maricones bailando, la mitad en vestidas, sí, pero con los cuerpos y las caras rígidos la mayor parte del tiempo. No es sino hasta que esa desconcertante música de piano se acelera y la escena comienza a intercalar imágenes de la policía acercándose que vemos a algunos maricones reír y disfrutar --menos de 20 segundos--. Esta no es la emoción que sentimos los LGBT cuando nos preparamos para la fiesta más esperada del año, ni la euforia que nos inunda cuando ya estamos ahí.
No hay goce, afirmación, ni reivindicación. Al contrario, la película parece mirar a los maricones con extrañeza, retratándolos como seres humanos superficiales, insulsos, ridículos e incapaces de ser felices. Algo similar a lo descrito en el párrafo anterior ocurre en las escenas que mostraban las actividades típicas del club de los maricones en partes previas de la película. En una de ellas incluso hay un contrapunteo muy particular: se escucha una conversación fuera de cuadro de uno de los maricones en torno a sus obligaciones familiares con su esposa e hijos mientras vemos a los hombres pasándola bien y jugando billar, hasta que la cámara se centra otra vez en el rostro acongojado de Ignacio. Este club no es un espacio de libertad y emancipación, de celebración de las identidades, es un circo de lo extraño bajo el yugo de la heterosexualidad obligatoria, escrito y filmado desde la mirada heterosexual. Miren a estos malditos maricones.
Después de ver la película, encontré una entrevista donde la guionista afirma que su objetivo era "contar, rescatar y resignificar" el baile de los 41 maricones "o sea, dejar de hablar de este suceso histórico como si fuera un chisme y empezar a darle la importancia que tiene dentro de la historia de nuestro país." Aquí surge la pregunta "¿Quiénes son ese "nosotros" cuando la guionista habla sobre "nuestro país"? Al hacer una película cuya trama se centra en un matrimonio heterosexual (entre un hombre y una mujer), que retrata a los hombres homosexuales de manera superficial, incluso llegando a caricaturizarlos, que muestra a estos hombres como incapaces de ser felices y que deja de lado lo que el mito de los 41 representa para la gente LGBT en mexico, la película está muy lejos de resignificar este suceso histórico. Al contrario, me atrevería a decir que la película reproduce (quizás de una manera más sutil, pero no por ello poco perniciosa) el escándalo moral que la prensa nacional propagó a partir de este suceso a lo largo de varias décadas.
Quizás los realizadores de la película asumen, como lo hacía la prensa al hablar del baile de los 41 maricones, que ese "nosotros" al que se refieren cuando hablan de "nuestro país" no somos nosotrxs --las lenchas, los maricones y demás desviadxs--. Piensan en nosotrxs como el tema, pero no como el público. No se les ocurre que el mito de los 41 maricones pueda formar parte de uns cultura y una tradición de resistencia, disidencia y sobrevivencia; ignoran que nuestra Fiesta tiene una dimensión política. Tal vez no se percatan que, como público, lxs desviadxs queremos y necesitamos otras narrativas, otros enfoques y perspectivas. O lo mejor sí se dan cuenta, pero por alguna razón prefieren atender al público heterosexual, o quizás piensen que por poner hombres guapos cogiendo y desnudos frontales en la pantalla, los maricones nos vamos a dar por bien servidos. Ojalá algún día tengamos la película sobre el baile de los 41 maricones que los maricones y desviadxs verdaderamente merecemos. Rescato, eso sí, la escena donde Ignacio, Evaristo y sus amigos caminan borrachos a altas horas de la noche por las calles del ahora centro histórico de la Ciudad de México haciendo desfiguros; ese sí fue un buen homenaje a una muy bonita tradición de maricones que espero podamos retomar pronto.
Mi segunda salida del clóset
Hoy se conmemora el día de la lucha contra el SIDA. Una epidemia que comenzó en los 80 y aún no termina, ha matado a 32 millones personas y actualmente vivimos 38 millones con el VIH.
Es hoy que aprovecho la oportunidad de tener una segunda salida del closet, por mi bien y para empoderar a otrxs. Llevo 11 años viviendo con el virus y 10 siendo indetectable.
Desde el inicio, y aún siendo médico, viví con el estigma y con la culpa de haberme contagiado. Lo llevé en silencio con mi familia por más de un año, con una depresión que ellos no podían explicar, hasta que no pude más.
Perdí un trabajo por portar el virus. Mi jefe en el hospital de Pucón, Chile, un médico también, se enteró que portaba el VIH cuando se lo conté como secreto profesional. El mismo día me llamó a su casa para pedirme que me tomara una licencia y no volviese a trabajar, porque no podía permitir que la gente se enterase que un médico con VIH atendía pacientes. No tuve forma de defenderme y él se encargó de hacérmelo saber.
Y estos son sólo un par de ejemplos de historias que he vivido por portar el VIH. Viví la culpa, rechazo, humillación, depresión, ansiedad. Y aún así me siento una persona privilegiada que tiene acceso al tratamiento, puede contarlo y seguir trabajando, o seguir vivo.
Por otra parte, el virus fue un estímulo a seguir adelante, se convirtió en mi vocación. Sabía que es algo que se puede prevenir y había mucho que hacer. Por eso comencé estudios en Salud Pública, y actualmente llevo avanzado mi tercer año de doctorado.
Esta epidemia, como todas, afecta más a los más vulnerables: los más pobres, personas de minorías sexuales, trabajdorxs sexuales, mujeres o personas que viven en países en los cuales es penado tener relaciones con personas del mismo sexo. Estas personas con mayor frecuencia tienen mayor mortalidad, peor control de la enfermedad, no tienen acceso a tratamiento o no saben que están contagiados.
Hago un llamado a tomar consciencia que es un virus, no un pecado, no es un error, no es culpa de quien lo tiene o quien lo contagia (cuando no es intencional). Es un puto virus.
También el llamado es para que sepan, o recuerden, que ser indetectable significa no contagioso. Está demostrado científicamente, y es increíble que aún existan sanitarios que no lo saben o no lo creen.
Quiero que sepan que ahora lo puedo decir libremente, quitarme este peso de encima y ser un poco más feliz.
Gracias a Anna Esplandiu y Daniela Aguilera por su gran apoyo artístico y moral.
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Fotografía: IG @annaesplandiu
Body lettering: IG @da_lettering
Mente, cuerpo y espíritu.