↳ Personaje de Sebastien basado en la serie de Jujutsu Kaisen, concretamente Yūji Itadori.
↳ Habrán similitudes con la serie al igual que habrán partes inventadas por U.
Desde el instituto los profesores habían denominado a Sebastien Abbadie como uno de los jóvenes con las habilidades físicas más impresionantes de todo el alumnado (algo obvio en él ya que la sangre Chevalier corría por sus venas). En el avance de los cursos no hubo ningún impedimento para que Sebastien accediera a la universidad, temporada en la que su abuelo Belmont Abbadie sufrió un infarto al corazón. Ir al hospital a visitarlo se convirtió en una de sus rutinas. Rutina que tardó en romper su abuelo Belmont al convencerle para asistir a un club que organizaba la nieta de una conocida, su nombre era Samantha. De esta manera le ayudaría a socializar más con la gente para volverse un poco más “humano”.
El club se encontraba en un pequeño local que, a simple vista, tenía todas las papeletas a ser lo que llaman una tienda de antigüedades. Samantha no era la única integrante del grupo, junto a ella estaba Marlon Green, un joven entusiasta que amaba la arqueología y todo aquello que tuviese un misterio por resolver. Lo que ellos no esperaban es que una de las maldiciones se rompería, liberando a demonios con la intención de arrebatarles la vida.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝚂𝚊𝚖𝚊𝚗𝚝𝚑𝚊 𝙹𝚎𝚘𝚗𝚐 / 𝙼𝚊𝚛𝚕𝚘𝚗 𝙶𝚛𝚎𝚎𝚗 / 𝚂𝚎𝚋𝚊𝚜𝚝𝚒𝚎𝚗 𝙰𝚋𝚋𝚊𝚍𝚒𝚎
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𝐃𝐄𝐒𝐂𝐎𝐍𝐎𝐂𝐈𝐃𝐎: Hey, buenos días. Por fin abres los ojos. ¿Con quién de los dos tengo el placer de hablar?
𝐃𝐄𝐒𝐂𝐎𝐍𝐎𝐂𝐈𝐃𝐎: Aston Bulley. Tutor de primero en la universidad de Jacksonhill.
𝐁𝐀𝐒𝐇: Jacksonhill… ¡Simon está…! ¿Eh? ¿Qué es esto?
𝐀𝐒𝐓𝐎𝐍 𝐁𝐔𝐋𝐋𝐄𝐘: No deberías estar pensando en los demás, Sebastien Abbadie, hay otra cosa que debería preocuparte más. Tu ejecución está a punto de comenzar.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝐂𝐇𝐀𝐏𝐈𝐓𝐑𝐄 𝟏.
Belmont continuaba con su lucha de no querer ver a su nieto Sebastien. Los esfuerzos de las enfermeras para hacer que entrase en razón fueron en vano, mientras que su reacción no era nada más ni nada menos que cruzarse de brazos e ignorar cualquier comentario que insinuara la visita de su sobrino. Sebastien no tuvo otra opción que aceptar una de las condiciones de su abuelo. Tenía que apuntarse a un club de ocultismo organizado por la nieta de una amiga suya.
Samantha era la nieta Hana Jeong, una mujer que emigró de su país para poder vivir en condiciones más favorables. Siempre que Belmont se encontraba con ella charlaban sobre viejos recuerdos que podrían haber sido perfectamente sacados de los libros de historia. Como la vez en la que casi pierde la vida al cruzar la frontera a punto de pistola. Por lo visto la piedad no existía en Corea y mucho menos para aquellas personas que no querían formar parte de su dictadura.
La firmeza al hablar que tenía la señora Jeong denotaba ser una mujer dura de mollera, con ideales fijos y creencias que se llevaría hasta la tumba. Todo lo contrario a su nieta Samantha. Ella era insegura, su mente vagaba en el mundo del espiritismo y creencias contrarias a las de su abuela, con la nariz siempre metida entre libros que buscaban la manera de llegar a objetos que contuviesen maldiciones o secretos jamás desvelados.
Sebastien conocía a Samantha desde que eran pequeños, pero hasta ese mismo año no habían cruzado palabra mucho más allá de un “Perdona, ¿me dejas pasar?” o “ Te llama el profesor.” Siempre se sentaba en primera fila y pasaba desapercibida para el resto de alumnos del instituto, jamás tuvo intención de hacerse popular o tener más de un amigo.
El club al que debía acudir se encontraba cerca de su antiguo instituto, aquél que le había robado seis años de su vida. Hana les había proporcionado un local no más allá de cincuenta metros cuadrados para poder realizar aquellas actividades, el precio inicial por habérselo conseguido a Samantha fue que tenía que conseguir a dos personas para su club a parte de ella. Ahí entraban Sebastien y Marlon.
Marlon Green era el segundo integrante del grupo. Se conocieron en la biblioteca del instituto tras coincidir en la misma sección de libros al que siempre iba Samantha en los recreos. En ese momento su relación se consolidó hasta el punto de colaborar en las investigaciones referentes a las maldiciones. A Marlon se le caracterizaba por su imaginación deslumbrante al igual que su hiperactividad arrolladora. Siempre andaba de un lado para otro y cuando parecía haberse cansado de tantas vueltas, una de sus piernas continuaba en movimiento.
Por la petición de varios profesores aterrados que decían haber visto cosas extrañas en los pasillos, asistieron a la institución con la intención de descubrir los misterios que mantenían en vilo a tantas personas. Nada más entrar al recinto, uno de ellos se aproximó corriendo.
𝐁𝐀𝐒𝐇: No le prestéis atención. Haced como que no existe.
𝐄𝐍𝐓𝐑𝐄𝐍𝐀𝐃𝐎𝐑: Tsk. Me da igual que ya no estés en el instituto, tienes que ir al campeonato de atletismo, yo me encargo de los papeles.
𝐁𝐀𝐒𝐇: ¿Aún sigues con eso? ¿Cuántas veces tendré que decirte que no? Ahora déjanos, estamos ocupados.
𝐄𝐍𝐓𝐑𝐄𝐍𝐀𝐃𝐎𝐑: Si logras superarme en esta prueba, te dejaré en paz, será de una manera justa, ¿Qué me dices?
La pista de atletismo adoptó la forma similar a un ring de lucha con más público del que Sebastien, Samantha y Marlon habían imaginado. En él se encontraban los alumnos de sexto grado de atletismo que parecían expectantes, con ansia de saber los resultados procedentes de su entrenador. Por otro lado un numeroso grupo femenino de jóvenes adolescentes con las hormonas revolucionadas, canturreaban aclamando la atención del ahora famoso Sebastien. Por lo visto era toda una leyenda en aquél instituto. Él pese a las distracciones originadas a su alrededor mantenía la calma sin apartar la mirada de su oponente, quien fue el primero en lanzar la pequeña bola de gran peso. La prueba consistía en eso, lanzar con fuerza una bola del mayor número de kilos posible para ver cuántos metros de distancia podía recorrer en un solo movimiento.
𝐒𝐀𝐌𝐀𝐍𝐓𝐇𝐀: No sabía que era tan popular.
𝐌𝐀𝐑𝐋𝐎𝐍: Hay rumores que dicen que es la reencarnación de Louise Bertrand.
𝐒𝐀𝐌𝐀𝐍𝐓𝐇𝐀: ¿El famoso atleta Francés que falleció hace veinte años? Mi padre siempre habla de él.
Su turno había llegado. Sebastien, por norma general, era distante pero en ese tipo de situaciones le gustaba hacerse el tonto. El hecho de hacer creer a los demás que su nivel intelectual estaba muy por debajo de la media, le resultaba bastante divertido. El propio entrenador dejó caer la bola sobre las manos de Bash con la intención de mostrarle el número de kilos que podía sujetar con dos dedos si hicieran falta. La respuesta ante su infantilismo fue como si se le hubiera caído el mundo encima, inclinándose hacia delante a causa de la inercia de la bola. El público parecía divertirse ante tal escena.
𝐁𝐀𝐒𝐇: ¿Puedo tirar como quiera?
Antes de que pudieran responderle, Sebastien adoptó una posición similar a los jugadores de béisbol. Inhaló todo el aire posible en sus pulmones y en cuestión de segundos lanzó la bola con la fuerza y rapidez de una bestia. Los allí presentes enmudecieron. La bola había alcanzado uno de los postes de luz que se encontraba a treinta metros de distancia. Como si fuese un pedazo de papel, había perforado el hierro de la estructura haciéndola tambalear de un lado a otro durante unos minutos.
𝐒𝐀𝐌𝐀𝐍𝐓𝐇𝐀: Eres un completo animal.
𝐌𝐀𝐑𝐋𝐎𝐍: Ugh…se me ha puesto la piel de gallina.
𝐁𝐀𝐒𝐇: Me lo tomaré como un cumplido. Pero escuchadme… ¿Quién sería sino vuestro escudo cada vez que tengáis miedo? Tengo motivos por los que estar en este club, si no lo hago el entrenador no parará de molestar.
𝐒𝐀𝐌𝐀𝐍𝐓𝐇𝐀: Tienes toda la razón.
𝐁𝐀𝐒𝐇: ¡Mierda! ¡Son las seis! Tengo que irme, chicos, nos vemos mañana.
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Sabía que llevarle un ramo de flores era arriesgado y probablemente no le hiciera gracia a su abuelo Belmont. Aún así, se presentó en el hospital con un ramo de claveles blancos y amarillos. En el momento que se abrieron las puertas del hospital pudo leer las miradas de lástima procedentes de la enfermeras. Sebastien suspiró antes de dedicarles una sonrisa casi desesperanzadora a medida que avanzaba por el pasillo hacia la habitación 248. No tardó en cerrar la puerta tras de si en cuanto puso un pie en ella. Por el contrario, Belmont no parecía estar muy contento de su presencia.
𝐁𝐄𝐋𝐌𝐎𝐍𝐓: ¿Qué haces aquí? No quiero que vengas a verme, y deja de traerme regalos. Aún no he muerto como para que tengas que traerme flores.
𝐁𝐀𝐒𝐇: Siempre dices lo mismo. No son para ti, abuelo, son para las enfermeras que tienen que aguantarte.
𝐁𝐄𝐋𝐌𝐎𝐍𝐓: ¡Con más razón! ¿Qué tal está Samantha? ¡Ve con ella!
𝐁𝐀𝐒𝐇: Cállate un rato, anda. Si vengo es porque tengo algo de tiempo libre.
𝐁𝐄𝐋𝐌𝐎𝐍𝐓: …Está bien. Ya que tienes un poco de tiempo, deberías escucharme.
𝐁𝐄𝐋𝐌𝐎𝐍𝐓: Escúchame, niñato engreído, tengo que decirte algo antes de morir. Luego podrás traerme las flores que quieras. Se trata de…
𝐁𝐀𝐒𝐇: ¿Por qué razón ibas a morirte? Las enfermeras me han dicho que estás estable y que en un par de semanas te van a dar el alta. Deja de decir sandeces.
𝐁𝐄𝐋𝐌𝐎𝐍𝐓: A veces pienso que te hace falta mano dura. Solo te digo que tengas buen corazón y ayudes a otras personas, no tiene por qué ser a todas. Cuando mueras no seas como yo, rodéate de gente que te quiera y acepte tu verdadero ser.
𝐁𝐀𝐒𝐇: No estás solo, abuelo. Estoy aquí.
El silencio se apoderó de la habitación. Sebastien miró a su abuelo. En su rostro se podía apreciar el cansancio acumulado del paso de los años que adornaban su piel en forma de arrugas. Con los ojos cerrados, pudo liberarse de la lucha constante que, para él, era la vida. Bash tuvo que alzar la mirada al cielo para no derramar una sola lágrima al ver que su querido abuelo le dejaba de aquella manera. Salió de la habitación con sus cosas colgadas al hombro y, con todo su pesar, se acercó al mostrador donde las enfermeras que parecían estar pasando un buen rato. Seguramente cambiarían de expresión de un momento a otro.
El intento por consolar a Sebastien no surtía efecto. Ahora tendría que ser él quien informase a toda la familia. Estaba convencido de que no derramarían ni una sola lágrima por él. Belmont no es que fuera especialmente cariñoso con los demás, ni siquiera con su propio hijo Edgar. El único comentario procedente de ellos sería con respecto al negocio familiar, Prometheus, que terminaría siendo heredado al propio Sebastien.
𝐃𝐄𝐒𝐂𝐎𝐍𝐎𝐂𝐈𝐃𝐎: ¿Sebastien Abbadie? Soy alumno de Jacksonhill, me llamo Simon Blanchard. Me gustaría hablar contigo, ahora.
𝐁𝐀𝐒𝐇: Ahora no es un buen momento, acaba de fallecer mi abuelo.
𝐒𝐈𝐌𝐎𝐍: Mis condolencias, pero no tenemos tiempo. Guardas un objeto que es realmente peligroso, entrégamelo.
𝐒𝐈𝐌𝐎𝐍: Un objeto que guarda una maldición.
Aquél desconocido que hacía llamarse Simon sacó del bolsillo su teléfono para mostrarle una imagen referente al objeto. En la fotografía aparecía una caja vieja de madera corroída y en su interior, aguardaba una cama de algodón donde descansaba aquello que llamaba “objeto”. Algo desconocido envuelto en hilo.
𝐁𝐀𝐒𝐇: Ah, si, lo tienen mis amigos. Despierta mucha más curiosidad en ellos que en mi. ¿Por qué crees que es peligroso? Igual deberías apuntarte al club.
𝐒𝐈𝐌𝐎𝐍: Las muertes y desapariciones sin explicación. Hay aproximadamente diez mil casos que superan al año y la mayoría son producto de las maldiciones.
𝐒𝐈𝐌𝐎𝐍: Me da igual si no me crees. Pero existen. Las maldiciones son producto de las energías negativas causadas por pesares, arrepentimientos, complejos, odio, vergüenza… Los punto más álgidos son las escuelas, hospitales, centros de competición… La mente humana es capaz de librar una fuerza sobrenatural que perjudica a quienes los rodean. El objeto que encontraste es una maldición que mantenían escondida en tu escuela como protección.
𝐁𝐀𝐒𝐇: Pero vamos a ver… si son malas, ¿por qué guardan una para protegernos?
𝐒𝐈𝐌𝐎𝐍: Porque un nivel alto puede ahuyentar a las demás maldiciones. Yo siempre he opinado que es contraproducente, porque con el paso del tiempo el sello que los mantiene dormidos se va debilitando y otras maldiciones pueden terminar devorándolas. En tu caso, el objeto que has encontrado es de categoría especial, eso quiere decir que puede llegar a morir gente. Dámelo si no quieres prolongar tu luto.
𝐁𝐀𝐒𝐇: Toma, pero habla con mis amigos.
𝐁𝐀𝐒𝐇: Ellos dijeron que iban a investigarlo esta noche en el instituto.
Una sensación de vacío invadió su cuerpo. La tez pálida de Simon al enterarse confirmaban sus miedos. No podía permitir que los pocos conocidos que había logrado hacer, terminaran de aquella manera y menos, tras haberle dicho su abuelo aquellas palabras que le resonarían hasta en la tumba.
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Con sumo cuidado Samantha iba quitando lo hilos del objeto bajo la luz de la vela mientras que Marlon, no paraba de caminar de un lado a otro con impaciencia. La escuela a aquellas horas de la noche era un lugar bastante tétrico. Sonaban las cañerías y el cristal de las ventanas a causa del viento. Estos sonidos siempre avivaban las sugestiones de las personas que se colaban con la intención de vivir experiencias paranormales.
Horrorizada, dejó caer sobre la mesa lo que parecía ser el dedo de una persona. Marlon se acercó a ella como un rayo, observándolo con atención.
𝐌𝐀𝐑𝐋𝐎𝐍: ¿Tú crees que es real? ¿Por qué tendría la escuela un dedo momificado?
En ese momento un soplo de aire proveniente de ningún sitio concreto apagó la vela. Marlon y Samantha se miraron en la oscuridad, escuchando el cambio de respiración desacompasado. Antes de que pudieran decir nada más un estruendo hizo temblar la mesa. El chillido de Samantha hizo eco en los pasillos del instituto.