Hubo un día en el que me sentí como si lo besara por primera vez. Cada beso es único, diferente, especial. Cada vez que hacemos el amor. Cuando sus labios rozan los míos tiernamente, me derrito. Luego comienzan a acelerarse nuestros latidos, y el calor aumenta, la intensidad y el deseo son cada vez mayores y llega un punto en el que empieza a acariciar mi cuerpo, como si fuera toda una Diosa del Olimpo. Le quito la camiseta y él también empieza a desnudarme. Le bajo la cremallera y él desabrocha mi sujetador. Nos acostamos. No puedo describir todo lo que me hace sentir. Le amo.
















