Masa ácida Dejé mi casa con varias cocas de vidrio, unas en la mesa de picar, otras al lado de la estufa y otras junto al jabón del lavaplatos, con restos de masa acida. Estaba haciendo mucho pan. Faltando dos vino Tatiana de visita y se me olvidaron los panes. La madre sustituta sin más harina por comer se comió a si misma y pasando por un vaso de agua la noche del viaje la vi con una capa de tres centímetros de un acido aceitoso que no la dejaba respirar y así estaba condenada a morirse en sus propios desperdicios. No tuve que mirarla dos veces para saber su destino pero más bien no la volví a mirar porque dejo de estar en mi preocupación cuando subí a mi cuarto a empacar. Nomás era el primer día y ya estaba gorda de aire. Le dije a Debbie que felicitaciones que su finca tenia más bacterias que la mía, que en la mía creció después del cuarto día. El comentario me había servido antes para romper un ambiente de un silencio frío. De todas las mañanas silenciosas donde yo me hacia en un rincón de la cocina a picar el tomate y pimentón, y Robert cortaba el 63% de un banano para el zalamero la mañana que le dije, subiendo el volumen al hablar y con el mi cabeza, y cuando ella no dio más mis pies, “Tu si tienes muchas bacterias en tu cocina! Esta masa acida esta super activa” fue en la que hablamos por cinco minutos. 











