Rostros del Mediterráneo. Jugarse la vida para no perderla.
Guerra, hambre, violencia. El origen de las personas que se juegan la vida al cruzar el mediterráneo es diverso. Siria, Afganistán, Libia son los mas numerosos en este momento, pero también desde Eritrea, Nigeria, Somalia, Irak, Pakistán, Albania, Sudán, Gambia, Egipto, Malí, Palestina... Los conflictos bélicos son el principal motivo de huida, conflictos abiertos, de los que solo conocemos el irregular goteo informativo que proporcionan los telediarios cada cierto tiempo. La guerra en Afganistán, Irak, Siria, la guerra contra el Estado Islámico. Los conflictos insurgentes en el Magreb, Nigeria, Libia, Yemen. Las guerras civiles en Somalia y Sudán. En otros casos la migración se considera económica, voluntaria, ya que se busca mejorar las condiciones de vida, pero esta voluntariedad es relativa si se considera las situaciones de pobreza extrema, de crisis humanitaria o la continua violación de derechos humanos, como los de Malí, Niger, Nigeria y Eritrea, donde sin existir una guerra como tal, los conflictos, la persecuciones o la represión política son continuas. Así mismo emigrantes que han dejado su país por motivaciones económicas y establecidos en un país determinado, pasados unos años se ven forzados a salir debido a conflictos en este país de residencia, o bien la desestabilización de su país de origen le impide poder regresar, convirtiendose en refugiado “a distancia”. Este es el caso de migrantes procedentes de Chad, Níger, Sudan y Malí que trabajaban en Libia cuando empezó la guerra civil, y que han ido abandonando el país. La unica via de escape para éstas personas es Europa, el objetivo para la mayoría de ellas es Europa central y Europa del norte. Según la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (Ginebra, 1951), estos paises tendrían la obligación de ofrecer refugio a aquellas personas procedentes de paises en guerra que lo soliciten. La legislación europea contempla la posibilidad de dar asilo político a aquellas personas que corran peligro de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a determinado grupo social, de género u orientación sexual. Sin embargo en la mayoría de los casos, se enuentran con largos y complejos procesos burocráticos, que no dan solución a la situación desesperada de los y las solicitantes. Las personas migrantes que no pueden clasificarse en los dos casos anteriores, ni si quiera tienen la posibilidad de acogerse a ese recurso legal. Es por esto que la gran mayoría realice el viaje de forma ilegal a través de las costas de Grecia, Turquía, Italia o España. Europa se lava las manos. Antes de alcanzar la costa mediterránea, donde por fin podrán cruzar a Europa, existe un largo recorrido, atravesando el desierto y países de tránsito, de los cuales algunos no son seguros. Libia era un punto clave de concentración de migrantes, un país seguro en el que esperar el momento adecuado para cruzar a Europa o incluso donde terminar el viaje. Pero la guerra y posteriores conflictos del país, han desplazado no solo a los estranjeros asentados, sino a la propia población Libia. El vacío institucional y policial ha propiciado la instalación de las mafias de trafico de personas. Las mafias transnacionales se reparten por toda la costa mediterránea, que encuentran el negocio perfecto en la desesperación de poblaciones que se encuantran en peligro. Prometen a los y las migrantes transporte, alojamiento, trabajo y los proveen de documentación falsa. Estas personas, entre las que viajan muchas menores solas, son pobres y pagan grandes sumas de dinero, por viajar en un transporte peligroso. Embarcaciones pequeñas y en mal estado, llenas de cientos de personas, normalmente con pocos víveres, agua e incluso escaso combustible. Por lo que suelen acabar a la deriva en el mar. Muchas mueren por falta de agua, comida o ahogadas. Si alcanzan tierra, o son rescatadas por autoridades europeas, se encontrarán con el férreo control de la fortaleza Europa. Serán trasladadas a centros o campamentos improvisados donde deberán permanecer en penosas condiciones, de nuevo con escasez de agua y alimentos, ropa de abrigo o medicinas. Cuando no son simplemente retenidas en la frontera de un país con otro sin ningún tipo de asistencia o ayuda, e impidiendo su entrada con violencia. Europa contruye grandes muros, pone concertinas y contrata fuerzas de “seguridad” especiales, para frenar el avance de la población migrante y controlar sus movimeintos. Se realizan repatriaciones involuntarias y a veces irregulares. Otros sortean los controles europeos, pero permanecen bajo el control de las mafias, que bajo coacción y violencia, en condiciones degradantes son explotados (principalmente mujeres y niños). Las redes de traficantes son extremamente flexibles. Si la Unión Europea les impide tomar una ruta, encontrarán otra. Mientras las personas migrantes estén en peligro en sus países de origen, tratarán de buscar el modo de sobrevivir yendo a Europa. Y los traficantes encontrarán un camino más peligroso y más caro. La Organización Internacional para las Migraciones afirma que el Mediterráneo se ha convertido en la ruta migratoria más mortífera del mundo. Aunque el parlamento europeo dictaminó que los paises de la unión, debían, según sus condiciones y capacidades, dar asilo a un cupo determinado de personas que lo socilitaran, solo sirvió para hacer un lavado de cara ante la opinión pública, pues en la práctica la mayoría de estos paises han aceptado un número de personas muy redicido. Una cifra rídicula si la comparamos con la cantidad de solicitudes recibidas. Lo cierto es que la Unión Europea no quiere acoger más migrantes. Sus acciones se centran en evitar que lleguen al territorio europeo.
El capital como generador de “riqueza”. Parece evidente que las principales beneficiarias de este drama son las mafias que trafican con personas migrantes, pero para Europa la seguridad también es un negocio. Se culpa a las mafias como el principal problema de la migración, puesto que hacen posible la llegada de éstas a Europa. Así con la excusa de la lucha contra las mafias, se crean las políticas europeas de seguridad fronteriza, dominadas por grandes empresas de la industria armamentística, que se han expandido o creado divisiones dedicadas a las seguridad y la defensa, identificando este mercado y su potencial como uno de los principales impulsores del aumento de su capital. El lobby armamentístico es uno de los más potentes y de los que más invierten en influenciar las políticas y las decisiones tomadas en Bruselas en materia de defensa y control migratorio de las fronteras europeas. A Frontex (Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores de los Estados miembros de la Unión) se le ha dado independencia económica y competencias suficientes para contratar a empresas privadas para la gestión de las fronteras o para la adquisición de material. Los fondos que se han destinado se han incrementado un 67,3% en un solo año, al pasar de los 142,6 millones de euros con los que contó en 2015 a los 238,7 millones presupuestados para 2016. Estas cuantiosas inversiones, van a parar a concesiones de contratos públicos de las que se benefician varias empresas españolas, que no solo sacan tajada de Frontex sino también del Gobierno de España. Estas empresas son las mismas empresas armamentísticas y de defensa que siguen manteniendo un lucroso beneficio con la venta de armas a Oriente Medio y el norte de África, de donde provienen la mayoría de los refugiados que llegan a nuestras fronteras. Empresas como Finmeccanica (Italia), Thales (Francia) y Airbus (Francia, Alemania, España, Reino Unido), importantes actores del negocio de la seguridad en la UE, son también algunas de las principales comerciantes de armas europeas. Así como el Grupo Safran (Francia) e Indra (España). Pero no solo la venta de armas aporta beneficios a Europa, puesto que tampoco es casualidad que la mayoría de paises que viven guerras y conflictos abiertos de donde vienen los migrantes, son grandes productores de petróleo y otros valiosos minerales para los mercados de todo el mundo. Por lo que detrás de estas guerras, se esconde el control por dichas materias primas necesarias para la economía occidental. Nuestro sistema económico actual, hace necesaria la explotación, el expolio y la rapiña de unos paises hacia otros. Una riqueza de la que se benefician las grandes empresas y multinacionales y que consumen no solo los recursos naturales, también humanos de los paises explotados, condenando el futuro de la población de todo el planeta. Es nuestra responsabilidad como ciudadanía, sobre todo como ciudadania que consume, no solo el uso responsable de los bienes que consumimos y como los consuminos, sino también y con mas urgencia, presionar a nuestros gobiernos para que pongan los medios necesarios que frenen la mancha de sangre que se extiende por el Mediterráneo. ( Este texto está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. )
Celinda Ojeda González.
Μediterranean FACES Rostres de la mediterrània Πρόσωπα της Μεσογείου.
Es una iniciativa de StopMareMortum que invita a artistas de todo el mundo a enfocar a las mas de 36000 que han muerto en el Mediterráneo, tratando de llegar a Europa. Éstas son imágenes de la exposición que he comisariado en Úbeda (Jaén), en la sacristía de la Iglesia de San Lorenzo. Gracias a la Fundación Huerta de San Antonio que gestiona el espacio y lo está restaurando maravillosamente y a Libros Prohibidos, estupendos libreros de confianza que han puesto las perras para las impresiones y gastos diversos.
La exposición permanecerá durante los meses de enero y febrero, durante los que además, se realizarán diversas actividades con las que se pretende crear conciencia critica, debate y participación ciudadana, que se anunciarán próximamente.
Gracias por esta experiencia intensa y emocionante, y que ha servido, entre otras cosas, para que el proyecto “Faces” continúe rodando ahora, por Andalucía.














