West 177th Avenue, Miami, FL.
At night.
Tan pronto como las luces del vehículo parpadearon, por sólo una milésima de segundo, la joven que sostenía el volante supo de qué se trataba. Sin embargo, más allá de su conocimiento no actuar antes que su corazón sufriera un vuelco al divisar por el rabillo del ojo una silueta en el, antes vacío, asiento de copiloto.
Un momento más tarde, Skye Landon Conover posó en el cuello de su inesperado acompañante una navaja.
—¿Así recibes a viejos amigos?
Sólo en el momento en que habló, la joven descubrió que se trataba de una mujer. Aunque había sorna en su voz, la desconocida alzó sus manos lentamente en señal de tregua. Con una sola maniobra que sacudió con violencia el vehículo, Skye bajó de la desierta carretera y frenó con el mismo apuro y descuido. No tardó en girar su rostro para delinear las facciones de su acompañante. Se encontró con unos grandes ojos celestes, que no tardaron en teñirse de negro, lo que evitó que prestara atención a su nariz redondeada y labios carnosos que vestían una sonrisa.
El demonio movió una de sus manos para cerrarla alrededor de la muñeca de Skye. No ejerció presión, ni la empujó, simplemente fue el ademán de una petición.
—Hice un gran trabajo por recuperar mi antiguo cuerpo, agradecería que no lo arruines —resaltó el pedido con un alzar de cejas.
—¿Quién eres? —siseó la joven Landon Conover, sin ceder su amenaza física.
La sonrisa en el semblante sobrenatural se invirtió cuando sus comisuras se curvaron hacia abajo, en un gesto fingido.
—Ouch… yo no te he olvidado —murmuró y sus ojos volvieron aclararse mientras paseaba su mirada por la joven de cabello rubio—, de hecho he pensado mucho en ti todo este tiempo.
En aquel momento Skye sintió su interior congelarse. El pensamiento de tener delante al poderoso demonio que había asaltado sus sueños la invadió despiadadamente. Su mente le decía que hundiera la filosa hoja en su garganta, hasta llegar a la espina dorsal, y huyera; pero su cuerpo y sus instintos se encontraban anestesiados, como si se encontrara en una extraña neblina hipnotizante que la incitaba no moverse. No había sentido aquello con Zeon, con él había experimentado miedo viseral.
No volvió a preguntar u ordenar verbalmente, su mirada azul centelleó de amenaza. Captando a la perfección la amenaza visual, la supuesta desconocida suspiró con resignación.
—No recuerdas —su afirmación sonó molesta.
El ademán de su mano se hizo firme y apartó de un movimiento seco la navaja de su cuello. Exactamente como supuso esperar, la joven lanzó un golpe con su puño cerrado que alcanzó a interceptar con el antebrazo. La de cabello oscuro capturó ambas manos de Skye para tirar de ella en el momento que inclinó su rostro y así impactar un golpe seco que la liberaría por un momento. Skye buscó en seguida un ataque vengador pero se encontró fraccionando el mismísimo aire. El demonio había desaparecido.
Sin permitirse creer que la visita había acabado, la hija de cazadores sacó su revólver de la guantera; quitó el cargador para revisarlo, lo volvió a colocar y retiró el seguro. Un hilillo de sangre rodó por su frente, otorgándole una sensación cálida extenderse por su piel con lentitud. Su mirada se fijó en el exterior oscuro, con extrema avidez. La figura estaba delante del auto, bañada de las luces delanteras. Skye Landon Conover presionó el gatillo, pero éste no cedió; intentó dos veces más y maldijo internamente al oír la carcajada.
—No quiero una herida de bala —la voz sugerente del demonio volvió a oírse—, pero gracias por la insistencia.
Carente de paciencia, la rubia arrojó el arma y volvió a empuñar la navaja antes de bajar del vehículo y dar un portazo. Sus pasos fueron decididos, seguros, remarcando el vaivén de sus caderas. La figura demoníaca no retrocedió, la observó con más interés.
—Nos divertimos un poco… hasta que un moreno me encerró en tu conciencia. En realidad creo que quiso deshacerse de mí —los labios atractivamente abultados de Sira Rath volvieron a curvarse—. Pero estuve ahí todo el tiempo, despierta. Hasta que cruzaste la puerta, entonces Abbaton me absorbió y encerró en el infierno.
Incapaz de dar sentido a las palabras, sintiendo como poco a poco su conciencia iba deslizándose por un vapor confuso que parecía condensarse a medida que intentaba indagar más en su mente, Skye Landon Conover arrugó su entrecejo, manteniendo su cuchilla en alto. La nebulosa comenzaba a convertirse en líquido que inundaba su percepción, aturdiéndola cada vez que ella se esforzaba por recordar. Movió sus dedos para sostener mejor la empuñadura de la navaja, parpadeando con fuerza para despabilarse porque no había recuperado más que destellos de imágenes sin sentido. El recuerdo de unos ojos azules la asaltó repentinamente, pero tampoco poseía más pistas de su procedencia o naturaleza.
En el instante en que la de cabellos rubios logró enfocarse en la figura que tenía delante, algo en la expresión divertida del ser cambió. La ola de preocupación cruzó por su semblante mucho antes de que quisiera disimularlo, y antes de que la joven se preguntara la razón, un destello de luz cegó su mirada fugazmente.
Sira Rath hizo el ademán de moverse, pero sus pies estaban capturados en el sitio, gracias a la energía invisible que el recién llegado imprimía.
—Parece que me he sacado la lotería —una voz masculina se hizo oír—. Iba por una y me llevaré dos… —el dejo de diversión pudo percibirse en su tono.
La mirada de la joven Landon se fijó en el dueño de la interrupción, topándose con un joven de vibrantes ojos celestes y cabello castaño claro que le dedicó una sonrisa simpática. Descendió su vista hacia la mano masculina que se había alzado, y no avecinó como su propia mano se retorcía por una fuerza invisible que la obligó a soltar el arma blanca.
—Maldito… —farfulló el demonio inmovilizado, entredientes.
Memphis Dillon ladeó la cabeza para observarlas con cierta curiosidad.
—Dulces sueños —la voz masculina no fue más que un susurro que acompañó a ambas figuras a la inconciencia.
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Unkwown location.
Cuando la joven Landon Conover volvió a abrir los ojos se encontró con una luz blanquecina que hizo arder sus retinas. Bajó sus párpados, y los alzó, repitiendo la acción un par de veces hasta lograr claridad en su visión. Sintiendo como la desesperación amenazaba con treparse por su cuerpo, pero combatiéndola silenciosamente junto con cualquier emoción que la debilitara, la muchacha divisó la figura demoníaca. Sira Rath, aunque ella desconocía su identidad, estaba atada a una silla; entonces notó que ella también.
Inevitablemente luchó con las cadenas que atrapaban sus muñecas y pies, soltando un ligero quejido.
—No te molestes, cielo —la voz de la morena se alzó—, están encantadas.
Pero Skye no se encontró con su mirada. El demonio mantenía sus párpados cerrados, y su cabeza agachada de manera que su mentón estaba pegado a su pecho. Extrañada, la rubia miró a los lados para encontrarse con el rostro masculino. A diferencia de ellas no se encontraba ni maniatado, ni sentado, sino que posaba su espalda en la pared mientras mantenía sus brazos cruzados. Parecía aprobar que Skye le devolviera la mirada.
—Cielo —repitió Memphis con el rastro de una sonrisa cómplice y negó.
Sin lograr retener la ira que carecer de respuestas le ocasionaba, la aludida frunció sus labios cuando mordió con fuerza. Había percibido el halo sarcástico en el tono del desconocido.
—¿Qué quieres? —inquirió la rubia con brusquedad.
El brujo se pasó su mano derecha por la barba crecida de un par de días al tiempo que se impulsó para apartarse de la pared, acercándose a la joven que seguía observándolo.
—Ahora mismo una fuente de lasañas —su respuesta fue simple y honesta, desprovista de sarcasmo—, y una bola de cristal… pero no creo que sea a lo que te refieras —ladeó la cabeza.
El muchacho se detuvo delante de ella y en seguida flexionó sus piernas para quedar a su altura, fijándose con detenimiento en la fiereza de la mirada que Skye le dedicaba. Casi podía palpar el calor de aquella ira.
—No es tanto como querer y más como… conveniencia —Memphis retomó sus palabras—, hay un precio de captura por devolver a algunos seres que se escapan del infierno. Recolectaré la recompensa tras llevar a tu amiga de vuelta —guiñó un ojo.
—Ella no es mi amiga —soltó en seguida la joven rubia, extrañada—, nunca la había visto. Suéltame —ordenó, enarcando una ceja.
—¿O qué? —una vez más Sira Rath se hizo oír, aunque esa vez soltó una risa.
Con desaprobación, Memphis Dillon giró el rostro, incluso chasqueó la lengua. Sin embargo, no le dedicó la palabra al demonio, sino que volvió a la humana, o mayormente humana.
—Ibas a atacarme —comenzó a decir, ahora con bastante seriedad—, si no te quitaba el cuchillo, lo ibas a lanzar.
—¿Para qué quieres una bola de cristal si ya puedes predecir el futuro? —en el tono de Skye si había rastros de sarcasmo.
Aquello solo hizo que el brujo volviera a sonreír, aunque perduró por un par de segundos. Luego se humedeció los labios y alzó la mirada a las lámparas blancas en el bajo techo. Las lámparas en realidad eran magia pura, la razón por la cual el ser demoníaco no abría sus ojos o acabaría quemándoselos.
—Tienes una esencia curiosa —murmuró al volver sus ojos celestes a los azulados—, percibo rastros de quien afirmas no conocer. Otras esencias también, una que solo percibo allí abajo… No tienes ninguna petición de captura, de hecho no siento que pertenezcas al infierno, pero… —inspiró aire por la nariz y pareció saborear el aire—, hay algo más que no logró descifrar.
El brujo dejó que el silencio perdurara por unos segundos, antes de alzar una de sus manos, y moverla tenuemente para deshacer el agarre de la cadera alrededor de las muñecas y tobillos de Skye. Ella en seguida se puso de pie, retrocediendo unos pasos, tanteando su pantalón en busca de su navaja. Memphis se incorporó también, pero con tranquilidad, observando la postura de defensa y ataque que recorría el cuerpo femenino.
—Sígueme —no esperó a ver si ella aceptaría la invitación, simplemente se giró y se evaporó tras un destello.
—¿En serio…? —susurró Skye, pero cuando sus pasos siguieron el trayecto, un portal invisible la transportó.
La joven soltó una maldición cuando apenas reaccionó y colocó sus manos sobre el piso antes de impactar contra éste.
—No te preocupes, es práctica —la voz despreocupada sonó detrás de ella.
—¿Quién rayos eres?
—Oh, sí. Modales. Nunca aprendí a usarlos. Soy Memphis —le tendió una mano que Skye sólo observó—, y… no soy el único aparentemente.
Ella sonrió fugazmente y se encogió de hombros. No obstante, antes de darle tiempo a reaccionar lanzó un golpe que dio de lleno en el mentón masculino.
—Eso para mí son modales —opinó con acidez la rubia y sacudió su mano para librarse del dolor del golpe—. Skye —se presentó.
Memphis pasó su pulgar por su piel, limpiándose la sangre que el corte liberó. Aunque tan pronto como se concentró, hizo regenerar sus tejidos y no hubo más rastro del daño más que el líquido escarlata en su dedo que pronto rozó para deshacerlo.
—Skye —dijo el brujo, avanzando por la amplia sala—, estarás un tiempo aquí. Tómalo como unas vacaciones.
El ceño de la muchacha se frunció.
—¿De qué hablas? ¿Dónde estamos?
—En uno de los millones de mundos paralelos. No te preocupes, estás segura aquí —le restó importancia mientras observaba por la gran ventana.
Altas montañas se alzaban en el exterior, precedidas por árboles de diferentes tonalidades. Skye, lejos de tragarse aquellas palabras, tensionó su mandíbula y comenzó a buscar visualmente por la habitación en busca de algún arma.
—No me hagas dormirte de nuevo —Memphis giró el rostro para observarla, adivinando su intención—, debes ser más… “zen” —al decir aquella palabra imitó comillas—, tu aura dice a gritos tus intenciones. Eres todo físico y fuerza fruta, puedo sentirlo, pero si manejaras mejor esta herramienta —se tocó una de sus sienes—, podrías engañarme.
La aludida cerró sus manos con fuerza, conteniendo así su enojo y siguió observándolo con incredulidad. Él volvió su mirada a la ventana, sin preocuparse por lo que sucedía detrás de su espalda. Aunque ella lo atacara, lo mancillara a golpes, tenía energía para recuperarse, o detenerla en seco.
—Tan pronto como averigüe qué traes de extraño con Sira te dejaré ir —alzó una palma—, lo prometo —su otra mano se acercó a su boca e imitó una cruz con su dedo índice al acercarlo a la boca.













