Odio las promesas a largo plazo, esas mentiras que están en tu mente que sabes que si algo sale mal, no pasará. Una mentira que deseas mantener hasta el final. Con el tiempo y experiencia te das cuenta que si prometes algo eterno, estás forzando una traición, porque todo lo que está frente a tus narices es efímero, es algo que te produce sensaciones y sentimientos temporales. con las traiciones descubres que nada tiene un por o para siempre, que lo mas hermoso se acaba y lo más disgustante llega a su fin. Que el rocío se seca, que las flores caen, que el otoño llega y se lleva todo aquello que a la primavera le costó construir, Y es allí que te das cuenta, que las promesas son en realidad un mecanismo de defensa, creado por las personas para no sentirse mal con el futuro, para inmortalizar momentos, o para arruinar vidas. Las promesas en realidad, es una mentira disfrazada de felicidad, entregada por los mejores ilusionistas hacia los de alma más pura. Las promesas, nos marcan el réquiem de un fracaso que ya está pautado. Una promesa no es más que un engaño, que te regala pasirmonía en medio de alguna tempestad, pero no hace que pare, simplemente te afirma que al final puede que haya salvación cuando es más que obvio que es caos lo que reinará.










