Así que, voy a estudiar para ser maestra jardinera, y les voy a contar por qué, porque es raro y no creo en las casualidades. El colegio a donde iba, como es católico, siempre hace alguna acción solidaria en el último año de curso. A mí me toco ir, con mis compañeras, a un jardín que está a la vuelta del colegio (que no tiene nada que ver con éste), y está manejado exclusivamente por monjas. La cuestión es que mi curso y yo teníamos que llevarle a los nenes un,rico desayuno (porque el jardín les dá lo que puede), y juegos. Pasar toda la mañana con ellos. Organizamos todo y fuimos. Quedamos en que íbamos a disfrazarnos, usar pelucas de colores y ropa colorida. Algo parecido a un payaso. Al final, yo fui la única que se disfrazó, porque el resto del curso no se animaba a hacer el ridículo, o porque se olvidaron. Yo tenía una peluca de color verde flúor adornada con una corona de flores celestes, azules y verdes, una remera negra con una estrella con lentejuelas doradas (que es horrenda, pero graciosa), una pollera larga hasta los pies de color dorado, parecida a la de una princesa, y por último, unos zapatos llenos de brillitos multicolores. Llegamos y los nenes nos miraron tan ilusionados. Estaban todos muy felices para ser las ocho de la mañana, pero así son los niños. Les servimos el desayuno, un té con un pedacito de torta (que *momento de narcisismo* la que hice yo, fue la que más les gustó) y mientras hablábamos con ellos. Yo recorrí todas las mesitas y les sonreí a todos, eran tan lindos. Ellos me sonreían de nuevo y me preguntaban por mi pelo, o mi edad, o por mi pollera y zapatos tan raros. Estuvimos jugando y bailando toda la mañana, y en un momento tuvimos unos problemas tecnológicos, por lo que había que volver al colegio a buscar algo. Obviamente, nadie quería ir (Y EL COLEGIO ESTABA A LA VUELTA. NO ES LEJOS), así que, fui yo. Fui a la calle así vestida y me importó una mierda. Entré al colegio y todos me vieron, y me importó una mierda porque yo estaba feliz. Cuando arreglamos todo, volvimos a jugar. Hice tantas cosas: Bailé, corrí, salté, y en un momento, mientras todos bailábamos, me tiré al piso simulando una caída, y cinco (CINCO C I N C O 5) nenes vinieron corriendo a ayudarme. Casi se me rompe el corazón de alegría con eso. ¿Cómo pueden ser tan hermosos? La mañana terminaba y nos teníamos que ir. La mayoría de mis compañeras estaban en el piso, sentadas y exhaustas, mientas que yo todavía quería seguir jugando. No estaba para nada cansada. Antes de irnos las maestras de los chicos me sonrieron, saludaron y tres de ellas me dijeron: "por favor, decime que te vas a dedicar a esto". Y, casualmente, yo en ese momento, estaba en una crisis porque no sabía qué hacer de mi vida, qué estudiar. ¿Y ellas justo me dicen eso? Después, cuando nos íbamos, nos habíamos olvidado algo. Fui a buscarlo, y justo me encontré con la Madre (la monja que sería como la "Jefa") y mi profesora le contó sobre mi "crisis". La Madre me despidió y me dijo: "DEBE SER UNA SEÑAL DEL SEÑOR." Y sólo le sonreí confundida. Y debe ser alguna señal, ¿no? Esos chicos me llenaron el alma en sólo 4 horas. Me olvidé de lo gorda que soy, de lo mierda que soy, de todos mis problemas. Ellos no me juzgaron, ni nada. Sólo sonreían. Fueron tan lindos conmigo, y no lo merecía. Por último, cuándo llegamos a nuestro salón de nuevo, todo el curso se durmió una siesta (porque teníamos una hora libre antrs de irnos) y yo seguía dando vueltas con la pollera de princesa, porque así me sentía. Estaba tan feliz, y tenía tanta energía. Incluso podría haber vuelto a mi casa vestida de esa forma. ¿Cómo las demás tuvieron vergüenza de vestir así? Si los nenes son un amor, ellos nunca te juzgarían porque son inocentes. Son angelitos. Y bueno, eso básicamente me paso. Así que, a seguir la señal del Señor y a ver que pasa. Ojala salga bien.