Un corto descanso
Notas del 25 de octubre al 9 de noviembre de 1538
Luego de tan horrible viaje, hemos vuelto a la Isla de los Talentos en busca de atención médica y descanso. Solo algunos en la aldea saben lo que en verdad sucedió en esa isla sombría.
El jefe me nos ha contado sobre las heridas que tenían la niña rubia y su hermano al naufragar en estas tierras; del miedo de la pequeña durante las largas noches de luna llena y su prolongado silencio, que tardó años en romper.
Los aldeanos han insistido en usar su magia para limpiar las impurezas de aquel demonio amante de la sangre. Y aunque estas prácticas van en contra de las buenas costumbre y de Dios nuestro señor, los hombres han aceptado, presas de la superstición o, como yo, por no rechazar los buenos cuidados que nos han brindado.
Al marcharnos rumbo al norte, hemos dejado oro y monedas como una muestra de agradecimiento.
¿No sabes de que va esto? Pues es parte de mi serie de microcuentos Compendio sobre las islas perdidas del Pacífico. Lee la parte uno aquí.
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