Sombrío es el viento que sopla del norte. Le habla de soledad. Amalia siente que el frío se cuela por todas partes dejándola desierta.
El timbre de la puerta suena. Ella se levanta de espacio para ver quien es. Cuando ve por el ojal de la puerta ve a un señorón mayor. “Señorita Amalia, tengo una carta para usted.” Ella, al verlo inofensivo le abre la puerta para no encontrar a nadie. Se esfumó como por arte de magia. Entonces, temblando un poco cerro la puerta.
“Señorita Amalia, aquí está su carta.” El estaba adentro de su casa. Sintió desmayarse, pero como si en un sueño, tomó la carta y la abrió. La carta era en sí una puerta dibujada con un ojal. Cuando miro por el, no vio nada. Pero de repente se encontró en un pasillo. Al final de ese pasillo había una puerta entre abierta.
Caminó hacia ella con delicadeza. Cuando miro por la puerta había una maleta sola en el medio de un cuarto pintado de amarillo claro. Por las ventanas entraba un sol imponente. La maleta era marrón y media antigua pero en buenas condiciones.
Amalia entró allí y sus manos abrieron la maleta. Adentro encontró un sobre. En el había una foto borrosa, pero claramente era ella, pero la ella de otros tiempos. Atrás de la foto había un escrito, “Para Amalia.”