(...) En noches como ésta solía sonreír y él la abrazaba con desenvoltura manteniendo, no obstante, una cierta distancia para evitar el riesgo de la dependencia. La había construido con toda precisión y también él, por tanto, podría destruirla caso de no cumplir con sus obligaciones (por ejemplo decirle con ternura bienvenido al hogar; heme aquí, tuya soy, o anotar las llamadas del teléfono). Una tarde de marzo, discutiendo con ella, le rompió el corazón en mil pedazos. Nunca encontró la pieza de repuesto. y ahora que ya no está, mira el muro vacío, los objetos de mimbre que tanto le gustaran, sus huellas imprecisas sobre el aparador. Siente un olor difuso, melancólico.
Jenaro Talens
















