Si el hijo era yo.
Si no corro ¿quién lo hará? ¿Lo harás tú? Permíteme reírme. No existe cápsula de tiempo que te deje gritar a caliente pulmón las frías notas de un nauseabundo, que me llaman así. Y si otro no es el hoy, mas el mañana y el viento se acercan y empujan.
Arrullan mis brazos el mañana y lo elevan como llanto comprimido.
Caigo al suelo.
¡Dónde estás, bastardo! Que la vida, si te ciernes a sus piernas, se va de ti, se quita porque la maleza crece y tú mueres. Dónde más voy a estar, amado bastardo. Que si yo no soy tú, no sé a dónde esto entonces me lleve.
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