Se miraban las bocas y no sabían qué hacer: unirlas, morderlas o contemplarlas como un atardecer.
Pero así eran ellos, se observaban como si en ellos hubiera un último arcoiris después de la lluvia, en sus ojos se veía la luna cuando un beso los unía. La pasión los envolvía, el placer los arrojaba a uno en brazos del otro y el deseo los volvía uno.
Leregi Renga












