"Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos OÍDO, lo que hemos VISTO con nuestros PROPIOS OJOS, lo que hemos CONTEMPLADO, TOCADO con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida. Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado. Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa." - Apóstol Juan en 1ra de Juan 1, versos 1 al 4 NVI.
Este es el testimonio de Juan, un testigo ocular que anduvo con Jesús, el Cristo. Los que hemos trabajado ligado a las Leyes sabemos lo que es un "testigo ocular" - es aquella "persona que ha presenciado un hecho determinado o sabe alguna cosa y declara en un juicio dando testimonio de ello". Estuvo presente en determinado hecho y que puede hablar con propiedad y de primera mano de cosas que vio, escucho, palpo.
A Juan se le adjudican el Evangelio de Juan, las tres cartas de Juan y el Libro de Apocalipsis (o Revelación). Hermano de Santiago, llamados por Jesús como "los hijos del trueno", hijo de Zebedeo y Salome, testigo ocular la crucifixión de Jesús, y es quien recibe y cuida en su casa a Maria, la madre de Jesús luego de su muerte (Juan 19:25 al 27).
No estuvimos en el nacimiento del Niñito Jesús, tampoco transitamos las calles polvorientas de su vecindario mientras el crecía y se convertiría en adulto, y tampoco fuimos testigos oculares de su crucifixión. Pero al leer este testimonio de Juan, el Apóstol, y de otros como el, decidí creer lo que el testifica. Luego vino el convencimiento de esta Palabra a mi vida, y no pude resistirme a continuar compartiéndola. En esto llevamos 40 años.
En estos años el poder del Espíritu Santo se ha manifestado en mi vida y en la de mi familia. He sido testigo de milagros, y experiencias algunas de ellas sobrenaturales. Todo ello me ha dado la convicción de que Jesús es real, y eso es lo que intento continuar compartiendo con los demás hasta los confines de la tierra. No es complicado. No hay que ser un erudito en el tema, solo decidí creerle a El y obedecer. El resto le toca al Espíritu Santo, que según la Escritura, es el que convence de todo pecado y lleva al arrepentimiento. Mi parte? Compartir mi historia.
Pensaba en esto esta mañana luego de que ayer en la iglesia se leyera esta porción de la Escritura, y quise compartirla contigo. Gracias por leerme.
Dios te bendiga, Chela Toro, Misionera en Haití.















