ㅤ ㅤㅤㅤ ㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤi never got a single fuckin' thank you.
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ13032011.
Praha, Česká Republika.
Žižkov, Městská část Praha 3.
50°05′00″N 14°25′00″E.
Nada de lo que había vivido hasta entonces la había preparado para lo que ocurrió aquella noche, cuando por fin fue capaz de abrir los ojos y darse cuenta en lo que su miserable relación se había convertido desde, prácticamente, el inicio. Bien se lo había dicho su madre, debía cuidarse de sujetos como aquel ¡y vaya que ella sabía de lo que hablaba! Después de todo, si algo caracterizaba a Nikola era su afán por establecer relaciones amorosas con sujetos cuyo único amor real era el alcohol y que, al cabo de unos meses, se convertían en basuras que abusaban de ella verbal y físicamente.
Caitlyn siempre se había prometido a sí misma no seguir jamás los mismos pasos de su progenitora. Empero, ahí estaba ahora. Llorando frente al espejo por un muchacho que había conocido en un bar, a quien no le interesaba ella realmente. Los cajones donde su ropa guardaba se encontraban desordenados, algunos medio abiertos y dos tirados en el suelo. Él se había llevado prácticamente todo, tanto el dinero que tenía en su bolso como el que con tanto esfuerzo había conseguido guardar en un frasco de vidrio en caso de emergencias. Los cristales estaban ahora desperdigados por el suelo, donde seguramente había lanzado el recipiente para quebrarlo y así llevarse hasta la última moneda.
—Te dije mil veces que no le permitieras mudarse contigo tan pronto —escuchaba repetir a su madre en su cabeza, y tenía razón.
El amor la había cegado, la había inhabilitado para darse cuenta de la clase de persona que aquel sujeto en realidad era. Los años que le llevaba él de ventaja y su encanto casi mágico habían bastado para olvidarse de la lógica. Maldito vividor, eso es lo que era. Ahora a ella no le quedaba mucho más salvo, quizás, regresar a casa con su madre, tragarse el orgullo y aceptar la reprimenda que la mujer con muchísimo gusto le daría. Pero si había algo que indudablemente la azabache haría, era no permitir nunca más que alguien le viera la cara con tanta facilidad.