La mujer que quiero ser (y por qué aún no vivo en un chalet)
Ayer me crucé en Instagram con una publicación de Charuca que me dejó dándole vueltas a la cabeza.
La publicación era la siguiente:
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No atraes lo que quieres, ni lo que pides,
Ni lo que decretas, ni lo que piensas.
Atraes lo que eres.
Sé la mujer que quieres manifestar.
Vístete como ella.
Vive como ella.
Habla como ella.
Ama como ella.
Juega como ella.
Tú empiezas, y la vida te seguirá poniendo a tu lado
Todo lo que vibra en tu misma frecuencia.
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En teoría suena lógico. Incluso sencillo. De esas ideas que lees y piensas: claro, tiene todo el sentido del mundo.
El problema viene cuando intentas adaptarlo a tu vida actual. Porque una cosa es la teoría y otra muy distinta es descubrir quién quieres ser. Y ahí está la trampa: muchas veces tenemos clarísimo quién no queremos ser, pero no tenemos ni idea de quién sí.
Yo, por ejemplo, sí tengo bastante definida una versión ideal de mí misma: vive en un chalet decorado con mucho gusto, lleva un vestido negro talla 42 que le queda de escándalo, tiene tiempo libre y no necesita ir a trabajar. El inconveniente es que aplicar literalmente el consejo de “vive como ella” podría acabar con un despido inmediato, una insuficiencia circulatoria por empeñarme en meterme en un vestido cuatro tallas más pequeño… y probablemente también con una orden de desalojo si decido instalarme por mi cuenta en la casa de mis sueños.
Así que quizá la clave no sea fingir una vida imposible, sino empezar por algo más realista: descubrir quién quiero ser ahora, en este momento, y acercarme poco a poco a esa persona. Hablar como ella, vestir como ella, tomar decisiones como ella.
Y quién sabe. Igual dentro de cinco años os escribo desde mi chalet pareado, café de especialidad en mano mientras observo mis buganvillas, recordando con ternura aquellos tiempos en los que trabajaba por cuenta ajena. O igual no. Pero al menos habré avanzado un poco en averiguar quién quiero ser cuando deje de improvisar.














