Molicie
He conocido el asco y la tormenta, el vértigo que rompe la certeza, pero esto fue distinto: la tristeza que no hiere... solo te aposenta.
No habló de mí, ni abrió ninguna herida, solo posó sus manos en mis hombros, como quien sabe de silencios hondos y se acomoda al borde de la vida.
Hablo de lo que quita sin devolver, de lo que seda sin adormecer, de lo que hunde sin ahogar, de lo vano que ablanda sin cesar.
De la derrota sin furia ni rencor, de la sombra que apaga sin ardor, que no ruge para derribar, sino calla y sabe esperar.
















