El humor de Aidan se había deteriorado a lo largo del día, sobre todo por la cantidad de errores que tenía el último reporte entregado a sus superiores. No entendía cómo se le habían escapado detalles tan garrafales que debían haber sido arreglados desde el principio mediante un control de calidad bien elaborado. No estaba seguro de quién era el culpable de que aquello no se realizara como debía, pero sí le molestaba saber que él también fue partícipe de esa línea de equivocaciones. Ahora todo su departamento tenía que pagar las consecuencias, el experimento debía ser reiniciado, todos los resultados obtenidos eran basura. Horas y horas de trabajo desperdiciadas por la pereza de otro. Sus compañeros intentaban convencerlo de que a cualquiera le podía haber ocurrido, pero él continuaba empecinado en echarse la culpa. A la hora de salida, colgó su bata de laboratorio y salió de allí sin despedirse de nadie, no quería saber nada de otros y lo único que deseaba era llegar a su casa para continuar analizando su trabajo. De no ser por la agenda de su celular, habría olvidado por completo que tenía una cita con Belle. Tenía bastante tiempo sin saber nada de ella, sin embargo no estaba seguro de querer que lo viera así. Ella lo conocía bien, habían sido amigos durante un par de años y la rubia sabía leerlo de maravilla. Contempló la posibilidad de cancelar todo con la chica, pero al final optó por cambiar su rostro y su ánimo sólo para ella porque la extrañaba muchísimo como para dejar pasar aquella oportunidad. Condujo hasta el restaurante en el que habían acordado verse y le dedicó la mejor de sus sonrisas al verle y dio grandes zancadas hasta llegar a ella. —¡Belle! No puedo creer que estés aquí, deben haber pasado meses desde la última vez que te vi. —masculló, mientras sus brazos se posicionaban alrededor de su cintura para fundirse en un abrazo. —No tienes idea de lo mucho que te extrañé. —dijo y reclinó su cabeza en el hombro contrario. Había olvidado lo bien que se sentía estar cerca de alguien familiar.