MONTY4 (A Coruña)
En 2010 se crea el espacio Monty4 en A Coruña con la intención de crear un foro cultural desde el colectivo de GrupOrzán, también intentando mantener un espíritu de asociación en el ámbito artístico. Monty4 se ha expandido y ahora consta también de un espacio de coworking, el taller y hasta un ambigú. Afirman que los socios son la esencia de su día a día y que gracias a ellos pueden seguir construyendo su proyecto.
Monty4 es un espacio implicado en la cultura del lugar, busca entablar relaciones entre el espacio urbano y el arte. Actualmente ha participado en ferias y festivales, realizado performances, happenings, eventos de action painting y ha acercado el arte a la calle en eventos artístico-festivos. Han conseguido editar dos libros e incluso han desarrollado un programa de oferta cultural para colaborar con otros ayuntamientos.
Hablamos con Valle García, coodirectora de Monty4. Nos recibe en el espacio de coworking que se encuentra sobre la galería (en Orillamar). Entramos por la galería y encontramos cuadros de Correa Corredoira, Alfonso Abelenda, Jaime Tenreiro... pero también vemos que hay hueco para el arte joven de Víctor Rodríguez o Raúl Álvarez. Arriba encontramos cuatro mesas de escritorio rodeadas de paredes en las que cuelga más arte. Este espacio lo usan ahora mismo para desempañar sus trabajos externos al local Valle y Suso (el creador de Monty4 y la parte restante de la dirección); lo comparten con una becaria (Cristina Oliveira) encargada de la coordinación de exposiciones y programación cultural, y con un informático que da uso al espacio de coworking responsabilizándose de la página web, redes sociales, etc.
Nos basta con hacer una pregunta para enterarnos cómo funciona Monty4. Recurrimos al pasado: ¿cómo ha evolucionado Monty4 hasta llegar aquí?
Debemos situarnos en los 80, en el panorama artístico coruñés en el que fluían y se compartían ideas en locales emblemáticos como Casa Enrique u O Patacón. Las colaboraciones, colectivos, asociaciones… surgían en la ciudad. Anteriormente en los 70 surgían colectivos como A Galga, en la siguiente década algunos de éste participarán en Atlántica y posteriormente en Gruporzán. Con este último, guardaba relación Suso Montero (creador de Monty4); el núcleo de aquel colectivo fueron Correa Corredoira, Pepe Galán y Pedro Muiño.
Este ambiente desaparece, surge un cambio y con él la añoranza de un espacio artístico, un punto de encuentro tal vez. La idea de Monty4 podríamos decir que se gesta en 2005. En la calle Montroig nace un espacio de dos plantas que Suso y Valle dedicarán a sus proyectos de arquitectura (ambos son arquitectos) y ese lugar de encuentro ansiado se situará en la planta de abajo, no se planteaba todavía una galería al uso. Tras la crisis, comienzan a dar acogida al arte, se reduce la arquitectura y limpian la planta baja para dar cabida a exposiciones y eventos.
“En 2010 nos damos cuenta de que no vendemos nada, todos venían a las inauguraciones a por vino y canapés, pero la obra se la compraban al artista, algunas veces a un precio mejor. Además, no conseguíamos apoyo de la prensa, teníamos que pagar anuncios”. Éste es el momento que Valle nos define como “el primer punto de inflexión”. “Decido matricularme en el máster de comisariado en Santiago y esto nos ayuda a redireccionar Monty4”. Se crea la asociación Monty4: “empezamos a mover más exposiciones, hacemos talleres, charlas, mesas rectangulares (nunca han sido redondas), graffitis, encuentros en la calle…”. Se inclinan a una relación con el espacio urbano, trabajan la normativa y el urbanismo y saben dónde pueden intervenir. Pintan la fachada de su local, consiguen una colaboración de Alfonso Abeleira, Correa Corredoira y Jaime Tenreiro para pintar un mural en la propia galería...
“No se generaban ganancias, el local no puede funcionar por sí mismo”, por lo que establecen una cuota de socios base de 15 euros mensuales y otra de socios coleccionistas de 35 euros (se crea un fondo), “ahora mismo contamos con 30 socios y quizás 3 coleccionistas”. Comprenden que necesitan apoyo y contratan a una becaria que les ayuda con todo el trabajo de coordinación.
Otro de sus objetivos fue crear redes, querían entrar en los bares y el resto de hostelería de Coruña, relacionarse con la ciudad. Se crea el Monty Ambigú en el bulevar del Papagayo, con el que nos confiesa que rompieron el vínculo: “Ahora mismo ya no hay relación, parte de nuestra colección está allí, la guardamos allí, pero esto es Monty4 y aquello es Monty. No logramos que fluyera bien”.
“Y llegamos a ahora, al segundo punto de inflexión. Nos encontrábamos frente a dos salidas: el cierre o un nuevo enfoque. Las galerías aquí no se sostienen, acaban cerrando a no ser que las enfoques al mercado secundario”. Han optado por la segunda opción, “el espacio de la galería no tiene sentido, así que nos metemos en un nuevo lío”. Su proyecto en camino es el de una tienda, nos afirma que tienen un discurso serio a partir del cual escogerán los productos de diseño que vender. Han conseguido productos de vitra y colaboraciones con artistas como Okuda y sus gafas de sol para la marca Flamingo , también parece que podremos encontrar paraguas diseñados por otros artistas (un punto a favor jugando en casa).
“En el espacio de detrás de la galería situaremos el punto de encuentro, haremos los talleres (pintura para niños, cerámica… talleres limpios). Se podrán tomar café y vino, refrescos no”. Tras un paseo por las últimas décadas, volvemos a la planta baja en la que se encuentra la galería y vemos el proyecto de ese espacio. Se ha pintado y se ha tirado la pared que separaba la galería de este espacio, ahora todo fluye en la totalidad del local. Al otro lado de la pared que ya no existe encontramos un lugar muy prometedor, acogedor aunque esté por construir: paredes de piedra y una lucerna que ilumina completamente la zona en un día soleado.
Valle nos muestra el espacio con mucha ilusión, “nos falta capitalizar, pero al final gana la vida y el cariño que nos ha proporcionado este ambiente en el que nos hemos movido los últimos años”.













