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Azul Tina - Mexico
Morra no estás para llenar las expectativas de nadie, no aceptes ser un objeto, un premio, buscar la aprobación. Tú ya eres una maravilla irrepetible tal y como te encuentras ahora. Morra no estás para que alguien a tu lado te haga sentir incompleta. No estás para perpetuar la sensación de vacío. Deja de reprobarte de reprocharte de creer que no eres digna la galaxia de los tallos o el firmamento en el tacto. Morra, yo te aconsejo que huyas, que corras, que renuncies que te alejes de quien te nubla te opaca te priva de la claridad y te acostumbra a sentir ese injustificado temor de no poder corresponder o que cada vez que puedas pensar y gritar hundirte en la costumbre de tu quebranto en el bosque de tu fragilidad. Morra ya no estás para llenar expectativas ni para superarte en competencia por el mejor cuerpo lo tuyo de ahora en adelante es entrar en contacto con la vereda frutal que va a tu corazón y prestar la debida atención al susurro y a la flor que resbala en tu boca.
La alegría es un roadtrip, Quetzal Noah
Vampires licking the neck to GOD. (o las terribles desventuras del joven Atreyu después de ser mordido en el cuello) pt 1.
«Los vampiros, colgados de cabeza, agazapados en una esquina del techo, con largas lenguas le chupaban el cuello a Cristo, y no había fuerza en la tierra ni en el cielo que pudiera detenerlos.»
El hielo, picado, bien picado, suave como el terciopelo pero condimentado como bilis, sube instantáneo por las fosas, amargo recorre la garganta al bajar. El tabique nasal poco a poco se consume, a veces sangra, y la sangre trae a los vampiros.
Dominic terminó con la última línea y limpió el espejo. La meth ensucia, se embarra y mancha, lo mejor para limpiarla es lamerla. Lamer la merda. Spazzatura sanguinante. Lamer las tarjetas, los billetes, llenarse la lengua de suciedad, ser cerdo, lobo y murciélago.
La noche ha caído, las tinieblas se apoderan de los espacios vacíos y las constelaciones brillan lejanas en el cielo cubierto de nubes negras, cargadas de tormenta, frío impasible, y la luna enferma, amarillenta y sucia, resplandece sin siquiera iluminar.
Osho recorre las pesadas cortinas de la ventana y una luz lejana proveniente de la calle salpica las superficies, incluyendo el color pálido percudido de la carne muerta en los rostros de los chicos: Con los ojos rojos como conejos enfermos de rabia y las quijadas trabadas por tanto cristal; Lew y Atreyu, se ajustaban la camisa y la gabardina frente a un espejo que sólo reflejaba un cuarto vacío. Un espacio casi inmaculado, limpio de esquina a esquina, sin muebles, sólo una ventana y una puerta, y colgada de ella, una pintura de Mvnch rodeada por cientos de rasguños hechos por dedos aterrados.
Atreyu se puso las gafas oscuras y redondas que ocultaban sus ojeras, moradas, casi negras, como bolsas viejas de basura a punto de romperse, y lanzándole un beso a su inexistente reflejo, salió de la habitación por la ventana, dejándose caer, como una hoja seca aterrizó en el piso empedrado. Tras él cayó Osho, seguido por Dominic y Lew.
Recorrieron la calle como sombras veloces, se derretían y se reconstruían al ritmo de los corazones que no tenían pero que la droga en sus sistemas simulaba. Avanzaban sólo por las sombras, y la luz no los podía tocar, sino que bailaba a su alrededor, como auroras invisibles y los cubría de los ojos mortales. O eso es lo que ellos creían, pero a veces sus mentes desvariaban por tanta mierda inhalada, por tantos días sin dormir, sin comer. A veces la realidad era más falsa que los sucesos de la imaginación. Y así lo preferían.
Se detuvieron frente al letrero neón de Delta Luminoso, un boiler room en forma piramidal, cual polillas hipnotizadas lo observaron por más de un minuto. Respiraban con fuerza, tragaban mucosa amarga y sudaban grandes gotas de químico que sus cuerpos no podían procesar. Entraron al spot uno tras el otro, sin necesidad de formarse, como suspiros entre los cadeneros del lugar, Jaquín y Boaz. Dentro del lugar no había materia que no estuviera en movimiento, todos los cuerpos se movían engrasados en perfecto engranaje, como una maquina sexual que ha provocado cientos de orgasmos, sumergidos en humo y sal, mercurio brotando de sus poros, azufre exhalado cual dragones. Bañados en un color azul, azul profundo, sangre de reyes, azul turquesa, azul soledad y abandono, azul del mar más antiguo, azul como la muerte, azul fosforescente: Violeta. Y en el cielo de vigas de metal flotaba el sol de ese templo, un ojo simétrico con pupila de fuego que puede ver incluso en lo más oscuro del ser, fulminante y hermoso, colgaba entre dos vigas de la bóveda triangular, como un juez justo, purificaba a esas masas bailarinas con su luz azul, les daba una nueva oportunidad.
Pero para los chicos, hambrientos y sin alma, esos seres redimidos no eran más que carne y sangre y huesos. Y en algunas ocasiones también eran una probabilidad de follar. Quizá un hombro para llorar, alguien que forje los porros antes de ser devorado. Antes de que los colmillos acaben con todo. El sin sentido existir, dolor en las piernas, coronas de espinas, llagas imposibles de sanar.
Se mezclaron entre los profanos, Osho y Lew subieron a la terraza donde dos chicas de piel morena, a veces morada, se movían lento y sensual de un lado a otro dando pasos largos que hacían lucir sus piernas torneadas.
–¿Qué prefieres? ¿Izquierda o derecha? —Le preguntó Osho a Lew, que no dejaba de masticar un chicle invisible, moviendo la lengua de arriba a abajo, los ojos bien abiertos con el cabello semi-ondulado cayendo sobre sus mejillas.
–Mmmm... no lo sé, shicos. Las dos están guapísimas, pero creo que prefiero a la de la izquierda, es delgada, muy delgada, y me gustan los huesos. Sentir el filo de las clavículas y los bordes de las costillas, como una autentica Les Paul. —Contestó Lew con su voz de gruñido felino.
–Lo suponía. Yo no soy exigente. —Osho sonrió: era bien parecido, casi bonito, con hermosos caireles castaños que resaltaban su perfil griego—. Pero no me enojo si tienen un trasero redondito.
Los humanos eran trozos de bistec tirados en el lodo. No significaban nada, ni para ellos mismos ni para los vampiros ni para sus dioses lejanos.
Un dios o diosa o un ser sin género ni postura de género, ni color ni religión ni políticas antiinmigrantes ni percepción de la maldad o con sentido moral, una bola de energía creadora sin una puta pizca de empatía por ti y tus insignificantes problemas, sentado en su sofá Jester para Moooi de Marcel Wanders, pero con cojines de seda rosa últrafemeninos, comiendo palomitas divinas cubiertas de caramelo glorificado y viendo la treintava temporada de Los Simpsons sin entender una fracción de esa mierda o de por qué debería pagar el incremento en la cuenta de Netflix cuando todo el contenido que vale la pena lo encuentras gratis en pelispedia o cualquier otra página ilegal. Eso o es David Bowie tocando su guitarra a través del espacio, la luz y el tiempo.
Osho se acercó primero, hizo contacto visual, dejó que el olor de sus axilas las interesara, sus labios se movieron y ellas sonrieron a la par. Con un guiño llamó a Lew que se presentó con el incesante meneo de su lengua y se puso a bailar junto a la chica de huesos afilados. Las dos ninfas impelían sus cuerpos como cuerdas tensas de un tambor de guerra. Tomadas de las manos bajaban y subían sobre sus pies y sus muslos se hinchaban y las faldas subían, la tela se apretaba contra la carne y las nalgas firmes, los músculos bien formados, las caderas primigenias, se dibujaban claros, palpables, las vestiduras desaparecían, y el baile las desnudaba, diosas morenas, chocolate con mezcal por sangre.
El perfume caliente de sus pliegues ascendía y embriagaba el aire, Osho acercó la boca al oído de su presa.
–¿Cómo te llamas? —Le preguntó siseando. Ella miró a su amiga, se acomodó la falda y sonriendo discreta pronunció su nombre como una sentencia:
–Paula.
Sus labios apenas se abrieron pero el sonido caló en Osho que intentaba estar cada vez más pegado a ella, sin embargo, su baile, definido pero arrítmico, no se lo permitía. Ni Osho ni Lew podían tocarlas por mucho tiempo, ellas se les escapaban de las manos, como agua de río, como vapor abundante, mojaban pero se iban, a cada beat, se iban, y venían, y se iban, se besaban sin tocarse, con miradas y oscilaciones de vientre, de cadera, las piernas abiertas, las lenguas acariciando los labios. Era difícil estar vivo, verlas y no sufrir un infarto al miocardio. Una erección bien dura. Unas bragas mojadas.
Lew tomó la cintura delgadísima de la chica que bailaba frente a él, casi podía sentir sus interiores encima de la piel, los intestinos diminutos y largos, como serpientes durmiendo en el fondo del mar. Podía sentir los huesitos de su cadera, la espina dorsal puntiaguda, los hombros descarnados y al hacerla girar también pudo sentir la belleza oscura de sus rasgos de princesa encerrada en un calabozo por años. Los ojos sumidos, las ojeras purpuras, la nariz quemada por tanto inhalar, los labios delgados y partidos. Lew creyó sentir algo donde antes latía su corazón, una taquicardia repentina. Tartamudeos.
–¿Ttt-túu, tú... com... cómo, te llamas?
La chica sonrió mostrando todos sus dientes y Lew notó unos caninos más largos de lo normal. Volvió a sentir su corazón latir, pero no de forma agradable.
–Merr. Me llamo Merr.
Lew no lo pudo evitar, la curiosidad, la duda, le hizo vomitar la pregunta.
–¿Eres vampiro? —Merr se detuvo un momento, con la mirada torva volvió a sonreír y esta vez su belleza, anteriormente oscura pero atractiva, se tornó amenazadora.
–Los vampiros no existen. —Contestó.
Lew permaneció observándola, su coqueteo vano, su cabello rojo, trenzado y adornado con pasadores en forma de vértebras cervicales, sus rodillas con heridas frescas. El corazón de Lew, su intuición, le generaban pánico, una alerta sorda, un hueco en el estomago. Pánico, el pánico que era típico de la meth, estaba trabado, con la quijada trabajando y la lengua seca, era normal sentir miedo espontaneo, creerse perseguido, observado, un simple efecto secundario, nada de qué preocuparse. “Tranquilo, León, hold your shit together and bring the girls back home.” Pronto volvió a perderse en el jaleo de pelvis.
–Esos mierdas siempre se quedan con las mejores. —Se quejó Dominic que veía la escena desde abajo junto a Atreyu— Es porque están carita. Se comen cualquier cerviz con facilidad. La muerte no les quitó lo bonito, pero me la pelan en verbo, y tú también.
–Claro, Dom. —Contestó Atreyu sin prestarle atención.
–Ya sé que claro, no seas condescendiente conmigo o te voy a estacar el pecho. Jajaja, nocierto Atreyito, a ti nunca te haría daño, eres sólo una niña.
Dominic se destacaba entre ellos por ser el más fuerte y el más agresivo. No necesitaba mucho para molestarse y cegar la vida de quien estuviera enfrente, culpable o inocente. Con los chicos nunca había peleado, pero los amenazaba de vez en cuando, y ellos trataban de pasar todo por alto, porque en el fondo le temían. Sentían lástima por sus victimas, pues a Dom le gustaba jugar con ellas, atormentarlas por días hasta que se morían de dolor o miedo. Decía que esa era la mejor sangre de todas, la que estaba impregnada de terror. Masticable como el blunty, nutritiva como el cereal del Tigre Tony y dulce como el honey.
–Iré a la parte trasera, quizá encuentre aguas favorables: Morras chidas. No me sigas, me traes mala suerte. —Dominic dio un brinco y se perdió entre la carne. Atreyu continuó parado frente al OJO FLAMÍGERO, fumando con gruesas bocanadas, se ocultaba bajo el humo que el cigarro generaba, observando lentamente, con cuidado, evitando toda prisa y combatiendo el ansiedad. The hunger growing up. Las presas de Atreyu debían ser especiales, que aseguraran un sabor exótico, un aroma nuevo, un placer desconocido. Un arcano del Tarot que cambiara su destino, una bruja que rompiera el hechizo.
No hubo necesidad de buscar demasiado. El vicio es socorrido: El Gran Arquitecto es un dealer noble.
Sentada en un banco alto de patas transparentes y cojín de terciopelo violeta estaba una chica de piel verdosa como la esmeralda y grandes ojos negros cubiertos por largas pestañas. Su cabello de un rosa intenso estaba trenzado y caía a sus espaldas como un helado que se derrite infinitamente. No usaba brasier ni playera, sólo una chaqueta roja de tweed con pins en forma de hojas, de rayos y nubes en el frente, justo a la altura de los pechos y en la espalda una leyenda: «KINGSLAYER». Unos boxers amarillos sobresalían ligeramente por encima de los jeans negros deslavados que cubrían sus piernas gruesas, cruzadas en espiral, aguardando pacientemente para ser descifradas, abiertas, como el mar rojo, de par en par.
La morrita parecía sudar perfume, menstruar mermelada, orinar vino, cagar perlas y bombones. Su mirada inocentemente obscena, invitaba a la locura, al caos efímero, pero su halo intimidaba tanto que los demás humanos la rodeaban para evitarla, y los más valientes, los fuckboys todas mías, los mirrreyes empapados en colonia, todos ellos se torcían al hablarle, orinaban sus pantalones, se volvían de cascarón, como galletas húmedas, se arrastraban para alejarse de ella. La morrita con sonrisa de asesina. Pocahontas 2017. Hippie al vaporwave.
Atreyu no la había visto antes en ninguna de sus noches de exploración por la ciudad, debía ser nueva en el lugar o estaba de visita, los turistas iban y venían todos los días. Apagó el cigarro, se ajustó las gafas y dejó que el vaivén de las personas bailando lo llevaran hasta ella. Se paró a su lado, volvió a encender el cigarro, la miró de reojo pero ella permanecía inmóvil, indiferente, quizá ni había notado que alguien estaba ahí, a centímetros de su asiento, a punto de colapsar a sus pies.
“Respira profundo, Atreyu, —se dijo a sí mismo—, tú puedes, eres el maldito salvador de Fantasía, el pinche mesías, tú le picas hielo a las morritas que todos se quieren dar, tú tomas las mejores sangres, los fluidos más selectos, sudor Romanee-Conti, squirt Scharzhofberger Riesling, glóbulos rojos traídos desde Francia y Borgoña. No hay nada que no te puedas comer. Sólo debes querer.”
Atreyu se motivaba con mentiras meticulosamente ensayadas. Nunca había sido bueno para ligar, pero poseía una suerte maldita que siempre lo colocaba en el lugar, la escena, sin esforzarse demasiado conseguía lo que quería. Un sorbito, un sorbito de esa cosa roja, un sorbito de vida.
Levantando la vista hacia el cielo de vigas, comenzó a rezar al único dios en el que creía:
“David Bowie que estás en una odisea espacial, santificados sean tus nombres, vengan a nosotros tus arañas de marte y hágase tu estación, así en el cielo como en el centro del laberinto, danos la cocaína de cada día, perdónanos por no ser héroes así como nosotros perdonamos a los malos dealers que rebajan su materia, no nos dejes caer en la Tierra, ni venderla y líbranos de toda blackstar.”
–¿Le estás rezando a David Bowie? —Le preguntó una voz meliflua, alegre, tibia. La chica de piel esmeralda lo veía curiosa, casi interesada. David Bowie escucha las plegarias de quienes lo aman.
–Sí, Bowie es mi mesías. Mi dios. El ojo que todo lo ve. —Atreyu contestó señalando al GRAN OJO que colgaba sobre ellos, refulgente, azul fuego.
–¿Y tu dios te ha mandado un derrame cerebral?
Le preguntó con sarcasmo mientras su dedo señalaba el hilo de sangre que brotaba de la nariz de Atreyu y bajaba por su barbilla cayendo en su pecho, manchando su camisa blanca con imágenes de rorschach que se movían libremente. Pronto también sus dientes y el contorno de sus labios se habían cubierto con sangre. Atreyu quizo detener la hemorragia apretando las fosas nasales con una mano pero no sirvió de mucho. Ella lo tomó del brazo y lo llevó al baño, lo dejó en la puerta y volvió a su lugar. Atreyu entró, se lavó las manos y la cara pero no pudo hacer nada con las manchas vivas que habitaban su pecho. Se paró frente al espejo y miró en el reflejo la pared que estaba detrás de él. “Pero qué pendejo eres, —se dijo como si hablara con su reflejo, uno que no existía—, mira que sangrar cuando es menos oportuno. Sangrar cada día. Sangrar por todo. Vas por la existencia manchando todo de sangre. Mejor muérete!”. Se sacudió las manos y salió de ahí. Afuera lo esperaba Pocahontas Vaporwave, la morrita de piel verde y ojos de abismo, recargada en su pierna derecha, las trenzas de chicloso rosa se estiraban hasta sus tobillos y oscilaban como cadenas. En una mano sostenía el blunt y en la otra una caguama.
–Hola raro. Te tardaste mucho en salir y creí que te habías desmayado. Nunca había visto sangrar tanto a una niña, ni cuando está en sus días. —Sonrió con dulzura. Atreyu aturdido se recargó contra la pared, ella le extendió la mano con la caguama—. Bebe, bebé, te hará bien. —Volvió a sonreír, pero esta vez menos dulce y más con sorna.
–Merci. —Contestó Atreyu recibiendo la chela.
–Por cierto, me llamo “Qaylla”, y estoy aquí para destruir tu mundo.
El mundo es una percepción falsa.
El mundo es todo lo que te conforma y todo lo que te rodea.
El mundo es todo lo que habita adentro y todo lo que habita afuera.
El mundo eres tú, y sólo tú puedes salvar al mundo.
El mundo es una percepción falsa.
cada ves que soy lindo con una chica y les vale verga ,me ponen a pensar que realmente les gustan los culeros que las tratan mal hdspm
🔴El compa #CHELMITO con #puertoaereo saludos pa las #morritas a todas las #chapinas much #love to #everybody in #riverside toda la raza de #guatemala #itwoulntbelawithoutlalo (at Electralab Project Studio) https://www.instagram.com/p/B7LfgHCH1lp/?igshid=1fnueuc6sqy74